Pandora

 

 

Capítulo 1

 

¡Ojos, mirad por última vez! ¡Brazos, dad vuestro último abrazo! ¡Y vosotros, labios, puertas del aliento, sellad con legítimo beso una concesión sin término a la muerte rapaz!

Ok, esto era patético, no pude soportarlo ni un segundo más. Creerán que soy una diva pero este Romeo tenía tanto sentimiento como una roca. Abrí los ojos antes que siquiera pudiera tocarme y empujé al joven lejos. Maurice soltó una palabra en francés muy mala, debía ser la décimo séptima en lo que iba del ensayo. El director saltó fuera de su asiento y comenzó a reclamar mi interrupción, ya era la quinta vez que hacíamos esta escena y nunca antes habíamos logrado terminarla ni lo haríamos mientras tuviera un Romeo así.

—¿Y cómo pretende que reaccione? –exclamé indignada al ponerme de pie—. ¡No hay nada en su voz! Ni pasión, ni dolor, ni siquiera emoción. Es su escena más importante, Romeo está prefiriendo morir a vivir sin su Julieta. Debería ser el momento de la catarsis, provocar todo tipo de emociones en el público, y sin embargo está en medio de escena repitiendo líneas sin emoción. A mí no me provoca nada y Julieta no se suicidaría por un Romeo cuyas últimas palabras sonaron como lectura de diccionario.

Suffisant! –exclamó Maurice o monsieur le directeur como pedía ser llamado siempre—. No hay tiempo para tus momentos de diva, chérie, el reloj está corriendo.

Crucé los brazos sobre mi pecho y lo miré seriamente. En el idioma de Maurice, eso era lo más cerca que podía estar a ser amable y si todavía no me había echado de la obra significaba que estaba en lo cierto. Luego de estar años trabajando con él era sencillo traducir su lenguaje; en otras palabras, estaba de acuerdo conmigo pero de momento no tenía un mejor actor.

Intento no dejarme llevar por los estereotipos, de verdad, sé que las apariencias no lo son todo y a veces son muy engañosas, si vives con Ethan lo sabes mejor que nadie, pero era imposible mirar a Maurice sin creer que era un estereotipo francés viviente. Zapatos negros en punta, pantalones negros ajustados, camiseta a rayas rojas y blancas, boina roja; un rostro fino, serio y anguloso, y un bigote delgado que solo podía imaginar en alguna caricatura francesa. Y su voz o su fuerte acento no eran menos.

Maurice pasó una mano por el rizo derecho de su fino bigote. Antes de conocerlo realmente no creí que la gente hiciera eso. Apretó los labios al mirar al joven en escena y… Oh oh. Bueno, aquí habrá un actor menos y necesitaremos otra audición para cubrir el rol de Romeo. Aquella oscura y asesina mirada en el rostro de Maurice solo podía significar desprecio y una vida arruinada.

—Sin embargo, ella tiene razón, me he emocionado tanto contigo como con una lectura de diccionario —dijo él y, realmente, estaba siendo de lo más amable con el pobre chico. Por otra parte, otro punto a favor para mi perfecta traducción Maurice/Inglés. Monsieur le directeur entrecerró los ojos mientras se fijaba en su pobre víctima—. No vuelvas a poner un pie en este teatro hasta que no seas capaz de ser tan sensible como para llorar al ver una paloma blanca. Hasta entonces no quiero volver a verte près de moi. C’est fini!

Él se dio vuelta y partió junto con su asistente de tercer año. El joven a mi lado saltó fuera del escenario y lo siguió para suplicarle. Maurice podía ser el hombre más cruel sobre la tierra pero participar en su equipo de teatro daba tanto crédito adicional como para pasar el año con honores sin importar cuan bajas fueran tus notas. Claro, cuando te dicen eso, casualmente no mencionan el tipo de loco con el que tratarás o lo difícil que será mantenerte en una obra. O triunfas con Maurice, o te buscas una nueva escuela y en lo posible fuera del país aunque se sospechaba que Maurice era capaz de arruinar tu vida a nivel planetario. Corren rumores según los cuales la última Señora Capuleto no pudo ingresar a ninguna escuela de Oxford por lo que Maurice había dicho de ella.

Por suerte, llevaba años tratando con este tipo, los suficientes como para saber cómo tratarlo y mantener mi lugar. Me quité los arreglos del cabello y los tiré sobre la improvisada tumba antes de abandonar el escenario. Por si todavía no lo adivinaron, en unas semanas estaremos presentando Romeo y Julieta, y en un mes termina la escuela, por lo que si no quiero arruinar mi vida a la joven edad de dieciséis años será mejor que esto salga bien.

Apenas estuve tras bambalinas alguien silbó a mis espaldas y me di vuelta. Steve estaba apoyado con su pose casual contra el panel que controlaba el telón. He aquí uno de los misterios más grandes de la historia, el capitán del equipo de natación y uno de los muchachos más deseados del año había conseguido un papel con Maurice y todavía no lo habían echado. ¿Y quién se atrevería a decir que Steve no era apuesto? Alto, musculoso, perfecto rostro, cabello oscuro y rizado recogido con un lazo. Él estaba totalmente en su personaje.

—Vaya chica de oro, creo que has conseguido que despidan a otro allí afuera —dijo él—. Recuérdame nunca presentarme para el papel de Romeo.

—Es una lástima que hayas tomado el papel de Mercucio, tú serías un excelente Romeo —dije. Bien, quizás eso implicaba un poco el hecho de que se rumoreaba que Steve era el mejor del año besando.

—¿Por qué lo dices? ¿Acaso quieres que te bese? –preguntó él sonriendo y me contuve de pensar si podía leer mi mente.

—Simplemente estoy siendo realista, eres mejor actuando que todos esos que han tenido el papel hasta el momento. ¿Acaso tú quieres que te bese?

—No lo sé, quizás —respondió Steve—. ¿Qué tal el próximo viernes, en el cine a las ocho?

—Lo siento, no puedo. Tengo un evento de caridad.

—Ah, cierto, agenda de chica de oro. ¿Y el sábado a las cuatro?

—Es una cita —contesté.

Le guiñé un ojo y me alejé intentando controlar las hormonas en mi cuerpo. ¡Tenía una cita con Steve Maroon! Pero, como dije, las apariencias son todo. Sexy indiferencia en el exterior, adolescente eufórica en el interior. Había aprendido aquello con los años. Mamá era una famosa agente de celebridades y me llevaba a varios eventos, desde pequeña había tenido que saber aparentar y comportarme, y muchas otras cosas más. Y mi hermano… Bueno, Ethan era Ethan.

No me sorprendió que él me estuviera esperando en el pasillo del vestuario. Ethan siempre me venía a buscar, a donde fuera, y eso era algo que adoraba por la comodidad y odiaba por ser la pequeña hermanita que necesitaba un chaperón. A juzgar por su expresión, él había llegado unos minutos antes para ver el ensayo.

—¿Sabes algo? Tienes razón, ese Romeo es tan sentimental como una piedra —comentó.

—Lo sé, es frustrante trabajar con alguien así —dije—. Romeo va a suicidarse, sus últimas palabras tienen que hacer que prefieras morir a vivir sin él.

—Bueno, yo no sé tanto, no soy el artista de la familia.

—No, eres el cerebrito y eso porque no quieres. Apuesto a que serías un excelente actor, sé que lo eres.

Ethan me sonrió, una sonrisa usual e indescifrable que había conocido desde que tenía memoria. Sus expresiones siempre eran las mismas, iguales de inescrutables, de modo que era imposible saber por qué sonreía y cuál era la causa de su seriedad. Para ser mi hermano era una persona bastante difícil de entender.

Entré en un camerino y lo primero que hice fue quitarme los zapatos de Julieta. Miré sorprendida sobre mi hombro que Ethan me siguiera dentro. Él cerró la puerta y se apoyó contra esta mientras yo revisaba el desordenado lugar en busca de mis cosas. Compartir un vestuario con quince actrices más era un verdadero caos.

—Has entrado, hoy estás de buen humor —dije.

—Ya te he dicho miles de veces. No quedaría muy bien si alguien me viera entrar al vestuario de las chicas y cerrar la puerta —dijo él.

—Todos aquí saben que eres mi hermano y no hay nadie.

—Aun así. Alguien podría ver y provocar algún malentendido.

—Has entrado miles de veces con personas viendo en el pasillo. Nadie se cambia aquí nunca, no hasta los últimos días de ensayo. Y sin embargo, la última vez no había nadie y no entraste —dije y lo miré largamente mientras él se mantenía en silencio—. Eres raro.

—Nunca tanto como tú. Ahora apúrate, tienes menos de una hora para reunirte con Paul. Y empieza a cambiarte.

—Ropa, lo tengo.

Rápidamente tomé mi abrigo y colgué mi mochila sobre mis hombros. Salté sobre un pie mientras me calzaba una bota y Ethan me lanzó la otra para ayudarme. Hoy empezaba el último mes de clases antes de las vacaciones de verano. Envidiaba a mi hermano por haber comenzado un mes antes la universidad pero disfrutaba de tenerlo antes en casa.

Abandonamos el teatro y corrimos unos cuantos metros para tomar el autobús antes que este nos dejara. Una vez arriba, Ethan se ocupó de pasar su tarjeta para pagar nuestro viaje y yo me senté contra la ventana. Afuera una fina lluvia caía mientras nos movíamos por las atareadas calles de Londres. Ethan se dejó caer a mi lado.

Me gustaba pensar que mi hermano no era raro, él no era tan malo como mamá o las personas que vivían alrededor de nuestra pequeña familia creían. Miré su reflejo en el vidrio y sentí lástima por él. Era una buena persona, un buen hermano, y la pequeña mancha de nacimiento detrás de su oreja era infantil y reconfortante para mí. Siempre había estado allí, como él, siempre la veía cuando lo abrazaba.

Ethan no era raro pero tenía una tendencia a ser distante a veces y una doble personalidad. No era bipolar, o al menos eso pensaba yo a pesar de lo que mamá y su psicóloga dijeran. Él tan solo había tenido un momento difícil hacía doce años, ambos, pero para él fue mucho peor.

Aún podía recordar la noche, la fuerte tormenta, el miedo de estar sola en mi habitación. Ethan había entrado y se había acurrucado a mi lado, llorando y temblando. No se suponía que él estuviera en casa de mamá, no se suponía que él estuviera totalmente aterrorizado mientras no dejaba de decir que los hombres de negro vendrían por él. Él tenía siete años en ese momento y yo cuatro, esa fue la última vez que vi a mi hermano tener miedo o no estar seguro de sí mismo y también fue la única vez que vi a alguien tan aterrado.

—Mira —susurró él sacándome del recuerdo.

Señaló fuera por la ventana. El autobús se había detenido en una parada y afuera había hombres caminando por la calle. Pero yo sabía lo que él quería que viera. Uno de los hombres tenía un auricular en su oreja, imposible de notar a menos que le prestaras la suficiente atención.

—Debe ser del MI5. ¿Verdad? –pregunté en un susurro—. Debe haber alguna persona importante o un operativo súper secreto o…

—Eso depende de si es un asunto interno, si no es el MI6 —dijo Ethan.

Asentí sabiendo que estaba en lo correcto y el autobús siguió su ruta. Era como un juego para nosotros, Ethan me había enseñado una vez que estábamos en el mismo lugar que el Primer Ministro. En ese entonces había sido divertido buscar entre la multitud a las personas con auriculares para comunicarse, inventábamos sus historias o intentábamos deducir sus misiones. Seguía siendo divertido y siempre que veíamos uno lo decíamos aunque mi ojo nunca sería tan astuto o rápido como el de él, era como si mi hermano simplemente captara todo.

La carrera de obstáculos que siguió cuando nos bajamos del autobús tampoco era fuera de lo normal. Los vecinos ya no se molestaban en gritarnos o quejarse mientras corríamos calle arriba por el Portobello Road Market. Correr entre los puestos callejeros y evitar a la multitud era entusiasmante, Ethan siempre me jugaba carreras y cuantos más obstáculos tuvieran mejor eran para él. Podía pasar meses sin verlo pero siempre era el mismo chico que había crecido conmigo.

Él ni siquiera se molestó en abrir la pequeña puerta que separaba el jardín delantero de Josh de la calle, simplemente saltó sobre ella y yo hice lo mismo. Estábamos igual, cabeza con cabeza. Bloqueé sus suaves golpes cuando intentó retrasarme y salté sobre su pie para que no me tumbara. Vi la puerta roja de la entrada, corrí con deseo para llegar primera, pero…

Ethan no es mi hermano mayor por nada. De algún modo consiguió llegar y golpear antes que yo. Lo miré molesta y me crucé de brazos pero lo único que obtuve a cambio fue una sonrisa.

—Estuviste practicando Em —dijo él—. Medio año que me voy y encuentro esto.

—Ya te ganaré alguna vez.

Él me sonrió y solo por un segundo me pareció la misma sonrisa que un profesor da a un alumno al ver su mejora. Pero al igual que cualquier gesto de Ethan, en realidad fue una sonrisa indescriptible y que no decía nada. Entré a la pequeña casa de Nothing Hill y corrí escaleras arriba.

Me apresuré a cambiarme dentro de mi habitación. Pateé mis zapatillas de ballet a un lado y tuve que quitar los guantes de box de mi escritorio mientras buscaba en el desorden mis zapatos altos y algo decente que ponerme. La ropa de teatro estaba bien pero mi mamá había dicho que hoy podía acompañarla a una sesión de fotos de una actriz y para eso necesitaba estar tan bien vestida como pudiera. Ella nunca se cansaba de repetir, la apariencia lo es todo en ese mundo.

En el piso de abajo podía escuchar a un somnoliento Josh hablar con Ethan. Josh era… Josh era… Josh no era nadie. Josh era un artista desempleado que pasaba la mayor parte del tiempo en su casa, durmiendo o pintando con un lamentable aspecto. Pero Josh era un amigo de mamá siempre dispuesto a recibirnos y su casa muchas veces parecía ser más nuestro hogar que nuestro departamento en la City.

—¿Dónde están mis Jimmy Choo? –pregunté.

—¡Descifra el código! –gritó Ethan en respuesta.

Apreté los dientes, definitivamente mi hermano estaba de vuelta y de buen humor. Miré a mi alrededor y me contuve de soltar queja alguna. ¿Qué clase de hermanos seríamos si no tuviéramos nuestros propios códigos y métodos de comunicación? Pero a veces, como en este momento, o cuando él los utilizaba para esto, eran molestos. Todos los hermanos tienen alguna señal entre ellos, algo personal, nosotros teníamos esto.

Los libros de James Bond o Sherlock Holmes eran algo que no había faltado en nuestra casa. Papá solía adorar las historias sobre espías, o eso me dijeron. Quizás por eso Ethan y yo desarrollamos nuestros juegos donde pretendíamos ser espías y que fueron útiles en algunas ocasiones como para descubrir quién se comía nuestra comida cuando no veíamos (quizás debimos tener al perro de Josh como principal sospechoso desde el principio) o saber dónde mamá había dejado su móvil (problema constante). Lamentablemente, Ethan no había abandonado sus juegos y su vuelta a casa siempre significaba estar preparada para algo así.

Miré la cortina, el tercer sujetador a la izquierda estaba puesto al revés. Eso solo significaba una cosa. Me dirigí al baño sin dudarlo y encontré mis zapatos. Había más pistas, lo sabía. Posiblemente cuando me bañase el vapor haría aparecer algún mensaje en las paredes dejado con jabón o quizás algún código escondido en mi habitación para abrir un email de él pero en aquel momento no tenía más tiempo que perder porque ya había escuchado el timbre en el piso inferior.

Bajé saltando de dos en dos los escalones, el asistente de mi mamá ya estaba en la puerta esperándome con un auto negro en marcha. Paul era bajito, calvo y posiblemente me tuviera tanto miedo como a mi mamá, era torpe pero un buen sujeto.

—¿Dónde están mis Vogue? –pregunté al no encontrarlos en la mesita en la entrada.

—Thi ni —dijo Ethan.

Me di vuelta, él estaba en uno de los sillones tomando un poco de té con Josh. Me sonrió al levantar mis lentes y lo miré molesta antes de alcanzarlo y arrebatarlos de su mano.

—¿Qué se supone que significa? –pregunté.

—Acá en tailandés —dijo él—. Prego.

—Grazie.

Él me sonrió y a pesar de todo, de que me hiciera perder el tiempo y me molestara, le sonreí. Era bueno tener a mi hermano de vuelta en casa.

 

 

 

Capítulo 2

 

El timbre marcando el final de la última hora del último día de clases del último semestre sonó y todos gritaron. Enseguida hojas volaron por los aires junto con otros útiles. El profesor se agachó detrás de su escritorio y yo no pude evitar reír con Cam mientras recogíamos nuestras cosas y salíamos de clase. Los pasillos eran un caos, los chicos gritaban y corrían mientras se apresuraban a vaciar sus casilleros y nunca más volver, o al menos mientras durasen las vacaciones de verano.

—Iré a Los Ángeles. ¿Puedes creerlo? –preguntó Cam—. ¡En unas horas estaré junto a alguna casa de algún famoso! Y tú tienes otra cita con Steve mañana. Necesitaré detalles. Apenas sean oficiales házmelo saber.

—Email asegurado —dije.

—Es una pena que no puedas venir con nosotros, sabes que mis padres hubieran estado encantados —dijo ella con tristeza y suspiré.

—Lo sé, Los Ángeles parece genial, pero Ethan está en casa. Sabes que no veo a mi hermano desde invierno y la mayor parte del año está fuera. Primero el internado, ahora la universidad. Además me gusta ayudar a mamá en su trabajo y tengo cursos que seguir.

—¿Sabes que las vacaciones son para no hacer nada? –preguntó Cam.

Le sonreí lo mejor que pude. No es que sea un ratón de biblioteca, al contrario, al verme luzco exactamente lo opuesto, pero disfrutaba de mis cursos. No puedo simplemente no hacer nada y mi escuela no tenía exactamente alumnos que se pudieran considerar de clase media, durante las vacaciones todos viajaban y se esparcían fuera de Londres de modo que no quedaban muchas personas con las cuales juntarse.

Con dieciséis años hablaba perfectamente inglés, francés, castellano y alemán; los primeros dos siendo obligatorios en una escuela bilingüe y los otros dos materias opcionales que había preferido a carpintería o lacrosse. Pero, fuera de eso, también había aprendido italiano, portugués, ruso, chino y a pesar de llevar poco tiempo ya dominaba bastante bien el galés e irlandés. Además, había un curso intensivo de japonés durante el verano que parecía bastante tentador. Pero, lamentablemente, los idiomas no habían sido iniciativa propia.

Mamá siempre estaba trabajando y pocas veces escuchaba por lo que si Ethan decía que yo quería aprender ruso ella enseguida me anotaría en algún curso sin escuchar mis protestas al respecto. Así había sido con la mayoría de los idiomas, mamá solo escuchaba la mitad, y una vez que ya había pagado ella no me dejaba abandonar el curso y terminaba por acostumbrarme. El ballet fue idea de ella junto con aprender artes marciales, ya que una chica debe desarrollar una estilizada figura (también incluyó clases de yoga de por vida eso) y saber defensa propia. Aunque más tarde preferí el boxeo sobre las artes marciales, resultaba ser un deporte más divertido.

Ok, quizás el hecho de que mi mamá fuera una ocupada agente de celebridades y tuviera poco tiempo para mí también afectara en eso de tomar cursos fuera de la escuela. Ella debía considerarlos más como una guardería para no tener que ocuparse de mí aunque de grande los había seguido de todos modos porque me habían gustado y por los incentivos de mi hermano.

—Por favor, te lo ruego, dime que tu hermano es tierra libre —dijo Cam apenas estuvimos en la puerta de la escuela.

—Ya sabes la respuesta —dije.

Cam había estado enamorada de Ethan desde que éramos amigas, o eso creía. De hecho, muchas chicas de la escuela lo estaban y no podía culparlas. Mamá lucía como una celebridad al tratar con tales, era hermosa e inalcanzable, y Ethan era considerado extremadamente ardiente por todo mi salón. Era imposible comprenderlas, para mí era mi simple hermano con sus problemas de personalidad no tan simples. Pero no podía culparlas. Él era alto y fuerte y de algún modo lograba que cualquier cosa que se pusiera le hiciera lucir sexy. Su cabello era oscuro, como el de mamá, y sus ojos verdes. Su rostro parecía tallado por el mismo Miguel Ángel (palabras de Cam y medio curso mientras que la otra mitad decía que era pintado por Botticelli).

—Maldigo que estudie en una universidad fuera de la ciudad y solo esté aquí en vacaciones —dijo Cam—. Eso me deja poco tiempo para trabajar con mis encantos.

—Cam, Ethan es… difícil. No es una persona fácil de tratar.

—¿Sigue en sus días malos? –preguntó ella y asentí.

Nos despedimos y crucé la calle para encontrarme con mi hermano. Sus días malos, tal como Cam los llamaba, eran los días en que ya no era tan divertido o hacía sus juegos conmigo, en el que ya no jugábamos carreras u observábamos en busca de alguna persona que fuera más de lo que pareciera. Mamá nunca notaba la diferencia, Paul y Josh tampoco, pero yo sí. Y aunque le había preguntado a su psicóloga al respecto, la señora Maddy, ella me había dicho que era normal para alguien que hubiera pasado por lo mismo que él, que aquella era su forma de protegerse y luchar contra su memoria.

La noche que años atrás Ethan apareció en mi cuarto en casa de mamá cuando no debería estarlo era el problema. Mamá y papá se habían separado a los pocos meses después de mi nacimiento. La versión oficial era que papá había engañado a mamá con una estudiante de psicología, a mamá le encantaba llamar la atención. La verdadera versión, según Ethan, era que papá simplemente no había soportado más a mamá. Eso era más creíble, ella no era una mujer fácil de manejar y demasiado fuerte e independiente, muchos decían que había una parte de ella en mí.

Pero ese no es el punto. Esa noche, Ethan se había quedado en casa de papá con él y el tío John. Se suponía que dormiría allí, se suponía que no aparecería en medio de mi habitación totalmente aterrado y diciendo que los hombres de negro vendrían por él. Pero así había sido, y a la mañana siguiente papá había sido encontrado muerto en su sala. La policía dijo que fue a causa de resistirse a un intento de robo mientras el tío John había salido a comprar la cena. Ethan debió haber visto aquello o haber visto primero el cuerpo de papá, el shock había sido demasiado y había inventado historias sobre papá peleando contra unos hombres malos y John también. Evidentemente, la ficción de un niño de siete años en la que imaginaba a su padre como un héroe parecía una mejor opción a creer que la triste realidad, un aburrido profesor de universidad asesinado por no tener una sola joya en su casa.

Eso había marcado a Ethan, dejándolo con sus cambios de ánimo y sus días malos y con citas al psicólogo aún después de doce años. No lo culpaba, yo tampoco había vuelto a ser la misma desde entonces por más que no recordase mucho y mamá había insistido en que tomara clases de defensa personal.

—¿Cómo estuvo la escuela? –preguntó él.

—Bien —dije y me encogí de hombros—. Seguramente me prohibirán el ingreso a Suiza pero no me importa.

—¿Por qué habrían de prohibirte el ingreso a Suiza?

—Golpeé al hijo del embajador, intentó besarme porque es el último día —respondí simplemente.

—Entonces no más Suiza para ti.

Por un momento esperé que me corrigiera, que me dijera que se necesitaba más que una simple agresión al hijo de un embajador para que te prohibieran la entrada a un país y también deseé que me enumerara las distintas causas. O bien podría buscar en Internet luego. Pero Ethan estaba en sus días malos y aquello significaba nada de datos interesantes o juegos y códigos o palabras en otro idioma.

—¿Cómo estuvo tu día? –pregunté en cambio.

—Bien, supongo —dijo con indiferencia—. Anduve haciendo un par de cosas y tuve cita con Maddy.

—¿Qué dijo ella?

—Que aprovechara mis vacaciones fuera de la universidad para descansar.

—Mamá dijo que podías invitar a algunos de tus compañeros a pasar el verano en Londres con nosotros, sabes que tenemos lugar y ella está siempre fuera por lo que tendrían el departamento para ustedes.

Mamá no había dicho exactamente eso pero no lo notaría, apenas estaba en casa. Cam me había hecho prometerle que lo intentaría, si ella no podía ir tras mi hermano por el código de amigas entonces decía que al menos un amigo igual de ardiente debía de tener y esa idea no era tan mala. Pero Ethan simplemente se encogió de hombros.

—No creo que sea posible y además me gusta pasar el verano solo contigo —dijo.

Plan desechado. A veces realmente me preguntaba si mi hermano tenía amigos o si su difícil personalidad lo mantenía alejado de todos. Solo lo veía dos veces al año, en invierno y en verano. Cuando había ocurrido el accidente con papá la psicóloga había dicho que lo mejor sería alejarlo de su ambiente por lo que el tío John lo había inscrito en una escuela privada barra internado de menores y mamá no se había opuesto mucho, su trabajo estaba en Londres. Desde entonces mi tiempo con Ethan se había reducido a dos temporadas por año y ahora estaba en segundo año de universidad, y lejos de aquí, por lo que el régimen seguía siendo el mismo si no era menor.

—Podrías invitar a Thomas unos días —intenté.

Él no respondió, nada sorprendente. Thomas era su mejor amigo, aunque yo comenzaba a sospechar y temer que fuera imaginario. O quizás como Ethan llamase a su otra personalidad, eso también estaba dentro de las opciones. Pero de un modo u otro era un misterio, como muchas cosas dentro de su cabeza.

Me adelanté para llegar a la entrada del edificio y me puse en posición para enfrentarlo y mostrarle uno de mis nuevos movimientos de box pero apenas lo golpeé suavemente él me ignoró, pasó a mi lado y abrió la puerta de todos modos. Suspiré, días malos. Ni siquiera me palmó diciendo que las traía antes de correr escaleras arriba, directamente llamó el ascensor. Llevaba cerca de tres semanas así, lo que no era muy bueno y cuando había llamado a su psicóloga para decirle y preguntarle al respecto la señora Maddy simplemente me había dicho que no me preocupara, que había una razón perfectamente lógica como haber terminado otro año de universidad o algo sin importancia.

Fuera por lo que fuese, los días malos de Ethan nunca habían durado tanto. No me molesté en hablarle dentro del ascensor, solo podía pensar en llegar al departamento, tomar mis cosas para pasar el tiempo libre en el gimnasio y evitar a Ethan, ir luego a mi clase de ruso y esperar que los malos días acabasen pronto.

El departamento que mamá tenía en la City se encontraba en el piso veinte de un moderno, lujoso y elegante edificio. Ella le dedicaba tanto dinero al departamento como a su apariencia o sus cosas. Para ser una madre soltera tenía ingresos más que excelentes debido a su trabajo.

Dejé mi mochila sobre el sillón de cuero blanco, Stelle seguramente me diría algo por eso. Pero era viernes, lo que significaba que Stelle se había tomado el día libre y no había un ama de llaves dispuesta a regañarme por dejar mi «mugrosa mochila» sobre el impecable sillón blanco.

Ignoré a Ethan, eso se me daba bastante bien cuando él no estaba de humor. De hecho, era lo mejor y lo que prefería, y de algún modo teníamos un pacto silencioso de que aquello estaba bien. Lo dejé atrás en la sala y caminé por el angosto pasillo hasta mi habitación. Me detuve frente a mi puerta cerrada y miré el suelo.

—¿Ethan, has estado en mi habitación? –pregunté.

—No —dijo él y vi su cabeza asomarse al fondo del pasillo—. ¿Por qué preguntas?

Pero yo solo podía ver el cabello en el suelo. Él me había enseñado el truco cuando tenía diez años, poner un cabello en tu puerta cerrada y así saber si alguien había entrado. Ethan no me mentiría y Stelle estaba en su día libre. Dejé mi paranoia de lado, quizás mamá había pasado por casa aunque eso no era probable para nada, debió haber sido Paul enviado a buscar algo.

Entré a mi habitación aunque ya podía sentir los pasos de mi hermano en el pasillo, acercándose por mi repentina vacilación. Tomé mi bolso y colgué mis guantes de box alrededor de mi cuello. Entonces lo noté, la pelota de tenis que normalmente dejaba detrás de la puerta estaba al otro lado por lo que definitivamente alguien había entrado.

—¿Sabes si Paul ha estado en casa? –pregunté.

—No, él ha estado todo el día con mamá. ¿Qué sucede? –preguntó Ethan y me di vuelta para encararlo.

—Alguien entró a mi habitación. Stelle tiene el día libre, mamá está trabajando y jamás estaría aquí a esta hora, me dices que Paul no ha sido. O me has mentido, que lo dudo mucho, o fue alguien más.

—¿Estás segura?

Señalé la pelota al otro lado como para mostrarle mi punto. Si la puerta se hubiera abierto por accidente esta no hubiera llegado tan lejos por lo que alguien tenía que haber entrado intencionalmente. Lo miré seriamente esperando una explicación pero su rostro cambió a último momento, revelando sorpresa y entendimiento.

No tuve tiempo para nada más, en aquel momento un hombre vestido de negro y con máscara apareció detrás de él y le aplicó una llave alrededor del cuello. Grité mientras mi hermano forcejeaba y los dos salían fuera del marco de la puerta y mi campo de visión. Durante un segundo pensé en cerrar la puerta y ponerme a salvo pero no podía dejar a Ethan así, no podía abandonar a mi hermano.

Sin pensarlo me puse mis guantes. Otro hombre apareció en la puerta y se abalanzó sobre mí pero lo evadí y logré encestarle un golpe en el abdomen. Si no hubiera estado aterrorizada hubiera sonreído. ¡Le había dado! Pero mi felicidad no duró mucho, había sido suerte de principiante. Había tomado al hombre por sorpresa. Yo era pequeña y delgada, atlética y fuerte pero una chica de dieciséis años en síntesis y mi oponente me triplicaba en tamaño y fuerza.

Corrí fuera pero él alcanzó mi cabello y grité cuando tiró de este. En el pasillo Ethan estaba peleando con el mismo hombre. Un tercer hombre apareció frente a mí y apenas llegué a golpearlo en el rostro antes de agacharme y escabullirme lejos de él.

—¡Emma, detrás de ti!

Ethan gritó pero ya era tarde. Me di vuelta y el hombre me tomó entre sus brazos pero logré pisar fuertemente su empeine y liberarme. ¡Gracias, mamá, por obligarme a tomar clases de defensa personal! Retrocedí, levanté mis puños y me puse en posición para enfrentarlo. Entonces él sacó un cuchillo y me sentí palidecer. Mis clases de boxeo no incluyen un oponente armado, se supone que mi oponente no tiene que tener un cuchillo dispuesto a usar.

Detrás de mí Ethan logró noquear al otro hombre y se enfrentó a mi oponente. Tomó el brazo que sujetaba el cuchillo y lo torció en un ángulo imposible al mismo tiempo que le daba un rodillazo en el pecho. Lo miré boquiabierta sin saber que mi hermano pudiera pelear así. Él tomó un cuadro de la pared y lo partió sobre la cabeza del hombre antes de empujarlo contra su compañero para tumbarlos a ambos.

Corrió a mi lado y tomó mi mano para alejarnos. Saltamos sobre el hombre inconsciente mientras los otros dos se reincorporaban. Escuché un disparo y grité pero Ethan cubrió mi boca y me miró con seriedad y preocupación. Me agachó cuando un segundo disparo zumbó arriba de nuestras cabezas. Saltamos sobre el sillón de la sala y nos sostuvimos contra el suelo.

Lo miré con pánico y preocupación. Mi corazón latía rápidamente y mi respiración era incontrolable pero él parecía saber perfectamente lo que debía hacer. Se acercó a mí y tomó mi rostro entre sus manos. Miré sus ojos verdes intentando encontrar calma allí pero en vez de eso noté un borde alrededor de su iris que no debería estar allí.

—Emma, escúchame muy bien, mantente abajo —dijo él—. Pase lo que pase tienes que mantenerte oculta. Estarás bien.

No parecía él, su voz no era la de él, su mirada tampoco lo era o quizás estaba sufriendo un ataque de pánico. Asentí intentando controlar mi cuerpo para que no temblara y él me soltó. Saltó sobre el sillón. Escuché un disparo y la bala rompió un preciado jarrón japonés pero Ethan estaba bien.

Escuché golpes, gemidos y sonidos de dolor. En un momento alguien se cayó al suelo y el arma se deslizó hasta terminar frente a mí. La alcancé y la pateé debajo del sillón, así nadie podría alcanzarla. Dentro de mis guantes apreté fuertemente mis puños ante lo que estaba sucediendo. Mi cuerpo dolía por estar tensado, mis sentidos estaban tan agudizados que eran insoportables, y en el fondo podía oír los ruidos de otra pelea hasta que un segundo cuerpo cayó al suelo y todo fue silencio.

Respiré hondo dispuesta a golpear a mi atacante cuando escuché los pasos acercarse pero me tranquilicé al ver los zapatos de Ethan. Levanté la vista, su ropa estaba arrugada y manchada con sangre, su labio estaba hinchado y había un ligero corte en una sien allí donde el cuchillo de su atacante debía haberlo alcanzado. Pero él estaba bien. Él solo había noqueado a tres hombres que debían duplicarlo en peso y fuerza. Aquello no tenía sentido.

Me tomó por el brazo y me levantó. No perdió tiempo en arrastrarme fuera del departamento mientras yo veía sin palabras los dos cuerpos inconscientes en el suelo. O al menos esperaba que estuvieran inconscientes, no quería creer que Ethan hubiera sido capaz de matarlos. Miré sin saber qué creer a la persona que se suponía era mi hermano, el mismo pacífico y calmado Ethan que había conocido toda mi vida. ¿Acaso la psicóloga se había olvidado de mencionarme que había un psicópata dentro?

Él me metió dentro del ascensor y apretó el botón de cerrar las puertas para bajar. Me quité mis guantes y los tiré al suelo. Sostuve mi cabeza entre mis manos mientras intentaba asimilar lo que había sucedido. Vi mi delgado cuerpo temblar en el reflejo del espejo del ascensor y Ethan estuvo frente a mí y volvió a tomar mi rostro entre sus manos antes de mirarme.

—Emma, estás a salvo, no dejaré que nada te pase —dijo él.

Me abrazó y por un momento realmente se sintió como mi hermano, preocupado por mí y dispuesto a ser mi protector, pero había algo que no estaba bien. Ese abrazo no estaba bien. No fue reconfortante ni logró calmarme. Y entonces lo vi, en el reflejo de la pared. La marca de nacimiento, era un suave borrón como si alguien hubiera corrido el maquillaje, esa mancha oscura que siempre había tenido mi hermano. Moví su cabello para comprobar su piel perfecta sin ninguna marca y me alejé tanto como fue posible.

—¿Quién eres? –pregunté.

—Emma, tienes que calmarte —dijo suavemente como si estuviera tratando con un animal herido y salvaje.

—¡Tú no eres mi hermano! ¿Quién eres? –grité.

Miré para todos lados, estaba encerrada en un ascensor con una persona que no era Ethan. Me agaché y recogí mis guantes pero antes de que pudiera ponérmelos él ya había capturado mis muñecas y me había inmovilizado de un simple movimiento. Torció mi brazo detrás de mi espalda y golpeó mi pierna por detrás obligándome a caer de rodillas.

—¡Tú no eres mi hermano!

—Emma, tienes que escucharme, hay personas detrás de nosotros. Tienes que confiar en mí. No te haré daño —dijo él.

—¡Suéltame! ¡No eres mi hermano! Eres un extraño. ¿Qué has hecho con él? ¿Por qué estás aquí?

—Emma, soy de los buenos, tienes que confiar en mí.

Apreté los dientes pero no respondí. Aquello pareció ser suficiente para él ya que me soltó y me ayudó a ponerme en pie. Apenas se abrieron las puertas del ascensor corrí tan rápido como me fue posible pero no llegué muy lejos. Él me atrapó en la acera, me tomó por la cintura y nuevamente me inmovilizó mientras intentaba liberarme.

—No me hagas esto más difícil, no me obligues a dejarte inconsciente.

—Suéltame ahora mismo o gritaré.

—No hagas algo estúpido, Emma.

—¡Auxilio! ¡Ayuda!

Entonces sentí un ligero pinchazo en mi cintura y enseguida mis piernas fueron líquidas. Sentí el mundo desaparecer bajo mis pies y él me sostuvo para que no cayera. Mi visión comenzó a oscurecerse pero pude ver a una anciana acercándose y apenas pude escuchar la falsa excusa que él le dio para justificar mi ataque de pánico y mi «desmayo».

 

 

 

Capítulo 3

 

Parpadeé varias veces mientras aún me sentía somnolienta. Había tenido un sueño muy extraño. Miré el techo blanco creyendo que se trataba del de la sala y entonces me fijé en Ethan, él estaba junto a mí y me sonrió mientras acariciaba mi cabello. Entonces lo noté. Estiré la mano para descubrir que la marca no estaba allí y grité mientras intentaba que mi cuerpo respondiera.

Nuevamente caí dormida. Ahora estaba segura, esto era efecto del somnífero. La próxima vez que fui consciente me aseguré de no abrir los ojos o dejar de pretender estar dormida hasta no recuperar el control sobre mi cuerpo. Intenté mantenerme bajo control, saber qué iba a hacer luego de despertarme y saber dónde estaba.

Mi nombre es Emma Stonem. Mi madre es Brigitte Stonem, importante agente y representante de estrellas. Mi hermano es Ethan Stonem, un estudiante universitario de informática con una secuela que cargar del pasado. Mi padre era Orlando Bright, un aburrido profesor universitario que murió tras resistirse a un asalto por no tener nada de valor. Tengo dieciséis años. Si me ves por la calle es fácil reconocerme. Tengo un largo cabello color miel que heredé de mi padre, un cuerpo estilizado pero atlético por el ballet, yoga y boxeo. Soy pequeña y delgada, pero soy fuerte. Ojos color pardo, piel bronceada por aprovechar los días de sol. Mi ropa siempre es de última moda y mis cosas son caras, mi mamá insiste en la apariencia. Pero paso la mitad de mi vida con el uniforme de la escuela. Hace unas horas mi vida parecía ser igual que siempre.

Pero eso cambió.

Cuando abrí los ojos estaba sola en una pequeña habitación blanca y neutral que no reconocí. No había nada ni nadie allí. Me puse en pie y respiré hondo antes de levantar mis puños y ponerme en posición. En silencio me acerqué hasta la única puerta y esperé unos segundos antes de abrirla.

He aquí el resumen de mi gran escape. Era viernes, por la tarde, debería estar en casa o practicando box en el gimnasio si es que no era la hora de mi clase de ruso. Pero no, estaba en quién sabe dónde luego de haber sido atacada en mi casa por tres hombres enmascarados y haber descubierto que mi hermano no era mi hermano.

Mi gran escape duró… cinco metros. Dos guardias me atraparon, me levantaron por los brazos y me cargaron mientras yo pataleaba de un modo bastante humillante que intento no recordar. Lo que sí recuerdo es haber terminado en medio de un patio circular con pisos extendiéndose sobre mí, separados por barandales de cristal. Todo era pulcro, plateado o de vidrio. La mayoría de las personas llevaban trajes y eran serios y callados. Y sabía que todos estaban dispuestos a detenerme si intentaba escapar otra vez; con algo de suerte rompería mi récord de cinco metros.

—Caballeros, por favor, bajen a la señorita, espero que ya haya aprendido la lección y no intente nada sin sentido.

Miré al hombre de impecable traje delante de mí y asentí, no me quedaba otra opción. Los guardias me soltaron y mis pies nuevamente estuvieron sobre el suelo. Mi primer instinto fue correr pero di un vistazo a mis dos guardias y supe que no llegaría muy lejos. Así que suspiré, rendida, y miré al alto y delgado hombre frente a mí. Su cabello negro estaba peinado hacia atrás, su vello facial perfectamente arreglado, sus labios apretados en una expresión de seriedad pero sus ojos parecían amables.

—¿Dónde estoy? –pregunté.

—Servicio Secreto de Inteligencia Británica —dijo él.

—¿MI6?

Definitivamente esto no era posible, no tenía sentido, pero el hombre asintió seriamente. Lo miré sin palabras. ¿Cómo había terminado allí? Mi respuesta no tardó en llegar. Miré detrás de él al joven que se ocultaba y él se mostró al saber que lo había descubierto. Se rascaba la cabeza con incomodidad, su sonrisa ya no era neutral sino algo torcida y avergonzada, y cualquier expresión digna de mi hermano había abandonado su rostro. Su cabello estaba despeinado y había algo en él, en el halo que lo rodeaba, que había cambiado totalmente y a pesar de ser muy parecido a Ethan supe que era imposible que fuera él.

—El agente Parker la ha traído aquí —dijo el hombre con severidad y el joven hizo una mueca al saber que había cometido un error.

—Él no es mi hermano —dije.

—Lo sé. Yo soy… el doble de Ethan —dijo el joven y extendió una mano—. Thomas Parker.

Cuando tu hermano mayor te dice que él y su mejor amigo son la misma persona uno fácilmente imagina que tienen gustos muy parecidos y se llevan muy bien, no toman la frase tan al pie de la letra. Pero Thomas era muy parecido a mi hermano y nada de esto tenía sentido. Sus ojos eran azules, se había quitado las lentillas que yo había visto, y bajo la intensa luz artificial podía notar mejor el maquillaje o los lunares falsos. Sin embargo, sus expresiones ya no eran las mismas que las de Ethan, ya no estaba pretendiendo ser él, y entonces parecía totalmente diferente. Hasta su voz era diferente, más jovial y dos tonos más aguda.

—Entonces esto explica los malos días de Ethan. Y tú eres su mejor amigo. Cuando me dijo que eran la misma persona no lo tomé tan en serio.

—Temo que siempre fue consciente del cambio, señor —dijo Thomas.

—¿Emma, eres consciente de lo que sucede? –preguntó el hombre tratándome como a una niña.

—Estoy en el MI6. Pasé los últimos años con mi hermano y una persona que pretendía ser él. Tres hombres entraron a mi casa y me atacaron. No, no tengo la menor idea de qué está sucediendo pero he leído lo suficiente y visto demasiadas películas para saber que esto no es normal.

—Tu hermano es un espía.

Aquello definitivamente no lo esperaba. Es decir, sí, varias veces de niña había fantaseado con que Ethan fuera un espía y nuestros juegos fueran más que eso, y no es difícil creerlo si alguien te lo cuenta, pero cuando lo vives es imposible. Puedes sospechar, pero la verdad siempre te sorprenderá y eso es quizás porque una parte de mí pensaba que si él realmente era un espía no jugaría conmigo a serlo. Y en ese momento supe cuan inteligente era mi hermano; al actuar exactamente como cualquier buen espía no actuaría había mantenido su identidad oculta.

Un momento después me encontraba en una amplia oficina con una pared de cristal que daba al pasillo, alfombrada totalmente, con tecnología que superaba por mucho las últimas generaciones. El agente Truman, así se llamaba el hombre, tomó asiento detrás de un escritorio. Thomas me sostuvo la puerta abierta y lo golpeé fuertemente en el rostro apenas pasé a su lado. Él se quejó y se llevó una mano a la mejilla.

—¿Por qué fue eso?

—Por hacerte pasar por mi hermano todo este tiempo y por drogarme —dije molesta.

—¡Estabas llamando la atención!

—Suficiente —dijo el agente Truman—. Emma tiene derecho, Parker, y tú no deberías haberla traído aquí en primer lugar. Ahora ambos tomen asiento.

—Lo siento, señor, era lo más seguro, creí que era lo mejor —dijo Thomas—. Desde que acepté ser su doble, Ethan me hizo prometerle que si algo así llegaba a pasar pusiera a su hermana a salvo cuanto antes, él dijo que se haría responsable de las consecuencias.

—Por el momento el agente Bright no se encuentra en disposición de hacer tal cosa.

Eso no sonó muy bien. En silencio me senté en una de las dos sillas disponibles frente al agente Truman. Thomas se mantuvo de pie, frotando aún donde lo había golpeado e internamente no pude evitar sonreír. El agente Truman levantó la vista y lo miró en silencio.

—Ella es fuerte señor, y sabe boxeo entre otras cosas —dijo Thomas.

—Ya veo.

—Peleó bien contra uno de los atacantes. Sabe bloquear, evadir y devolver golpes.

—Ethan me enseñó —susurré y el agente Truman me miró con interés—. ¿Dónde está mi hermano?

—No lo sabemos —dijo el agente Truman.

—¿Cómo es posible que no lo sepan? ¿No trabaja para ustedes? –exclamé alterada y el hombre tomó una profunda respiración.

—El agente Bright partió en una misión hace diecinueve días. Hemos perdido contacto hace cuatro.

Contuve la respiración, esto no podía significar nada bueno. Un agente desaparecido no sonaba muy bien. Pensé en Ethan, aterrado y temblando, acurrucándose junto a mí la noche que papá había muerto mientras decía que los hombres de negro vendrían por él. No hubo nunca una secuela por un trauma infantil ni un asesinato por resistirse a un robo y no tener nada de valor. Ethan no había mentido, papá y el tío John habían peleado contra los malos. John Bright, Orlando Bright, Ethan Bright. Lentamente todo parecía tener sentido.

Otro hombre irrumpió en la oficina. También portaba un oscuro traje y su expresión era seria y amenazadora, a diferencia del agente Truman no había nada en sus ojos que mostrara amabilidad o comprensión. Él me miró con odio al aparecer frente al escritorio antes de apuntarme con un dedo.

—No debería estar aquí, Truman, y lo sabes. La impertinencia de Parker debe ser corregida y ella debe ser devuelta a su tonta vida de adolescente cuanto antes sin recordar nada —dijo él.

—Emma, este es el agente Scarlet —dijo el agente Truman.

—Cuanto antes tome la pastilla será mejor.

—¿Qué pastilla? Yo no tomaré nada. No me iré de aquí hasta no saber qué sucedió con mi hermano —dije.

—Este asunto no te incumbe —dijo el agente Scarlet mirándome de un modo amenazador.

—Él es mi hermano, claro que me incumbe.

No supe de dónde saqué la audacia para enfrentarme a un agente del MI6 que debía saber al menos quince modos de acabar con mi vida, pero le sostuve la mirada y no cedí.

—Es una Bright, definitivamente —dijo el agente Truman—. Te propongo un trato. Tendrás todas las respuestas que quieras, Emma, y esté autorizado a darte pero si al final del día no me resultas útil entonces supongo que sabrás lo que sigue. Creo que has escuchado suficientes historias de espías para saberlo.

Sentí un nudo en mi garganta y tragué sin poder evitarlo. Realmente esperaba que aquellas cosas de lavado de cerebro e inducción de olvido no fueran reales pero una parte de mí sabía que así era. Así que, como pude, me deshice de temores y vacilaciones y me aferré a una firmeza y determinación que solo usaba con Maurice.

—¿Quién es mi hermano realmente? –pregunté.

—Ethan Bright es el mejor agente joven con el que contamos.

—¿Qué es lo que sucedió con él?

—Partió a París en una misión, perdimos contacto.

—¿Qué sucedió realmente con mi padre? ¿Era un espía también? ¿El tío John lo es?

—No estoy autorizado a dar información al respecto —dijo el agente Truman y le sostuve la mirada seriamente.

—Entonces eso es un sí.

—No, es un no está autorizado a responder —dijo el agente Scarlet de un modo feroz.

—Ahora es mi turno de hacer preguntas si no te importa —dijo el agente Truman y asentí—. ¿Cómo supiste que Thomas era un impostor?

—La marca de nacimiento. Ethan tiene una mancha debajo de su oreja derecha, él no la tenía. Y había algo más, lo sentía, siempre lo sentí. Él no es mi hermano.

—Pero es una perfecta imitación. ¿Cuántos idiomas dominas? –preguntó y los enumeré todos—. ¿Combate?

—Boxeo principalmente. Ethan y yo peleamos bastante a menudo, como juego. Yo realmente creía que eran juegos. Como cuando él dejaba mensajes ocultos para decirme dónde había escondido mis cosas o códigos que descifrar para saber qué cenaríamos esta noche.

—Señor, el agente Bright la estuvo entrenando. Ella sabe pelear y defenderse, maneja diez lenguas bastante bien, puede identificar agentes ocultos y es atenta y astuta —dijo Thomas.

—Ya veo.

—Es una chica de dieciséis años, este no es lugar para ella. Ya sabes lo que sucedió la última vez —dijo el agente Scarlet.

—Emma, es posible que tu hermano esté en peligro. Él estaba en una misión muy importante. Su último mensaje fue que había obtenido algo que muchas organizaciones malignas por no decir terroristas pagarían millones por obtener y nos pondría en peligro a todos. Él desapareció —dijo el agente Truman—. Tú lo conoces mejor que nadie, dices que escondía mensajes para ti y dejaba códigos.

—Eran juegos.

—Necesitamos encontrar a tu hermano. Si no lo hacemos la seguridad del país está completamente en riesgo. Esas personas en tu casa son sujetos malos y estaban buscando lo que Ethan tomó y no logró llegar a entregarnos. Necesitamos encontrar eso antes que ellos.

—Quiero a mi hermano de regreso.

—Eso también. Pero necesitamos encontrar lo que él tomó primero. No tenemos ningún rastro de él, pero eso no quiere decir que no haya dejado pistas sobre dónde dejó lo que buscamos.

—Detente. No lo menciones. Es inaceptable. No puedes estar hablando en serio —dijo el agente Scarlet.

—Ella conoce al agente Bright mejor de lo que nosotros podemos llegar a hacerlo, él la estuvo entrenando. No hay nadie capaz de descifrar la mente de Ethan Bright a excepción de ella. Además, necesitamos una cubierta.

—¡No! –dijo Thomas—. Ethan no estaría de acuerdo, no podemos poner a su hermana en peligro. Ella tiene solo dieciséis años.

—Ella es una chica, y una Bright y sabes que esas dos cosas nunca van bien juntas —dijo el agente Scarlet.

—Ella puede hacerlo.

—Ella no se pondrá en peligro, su hermano jamás lo permitiría.

Miré a los tres hombres discutiendo sobre mí como si simplemente no estuviera. Era odiosamente molesto no saber de qué hablaban. El agente Scarlet parecía simplemente haber decidido odiarme por ser una chica de dieciséis años mientras que Thomas argumentaba con la opinión de mi hermano y el agente Truman insistía en algo que desconocía.

—Ella está aquí —dije y me crucé de brazos—. Y ella quiere que dejen de hablar como si no estuviera. ¿Qué sucede?

—¿Qué tan bien manejas el francés? –preguntó el agente Truman.

No es necesario describir lo que el hombre tenía en mente o cómo los otros dos se opusieron por completo. Pero una vez que el agente Truman había tenido la idea fue imposible disuadirlo. No respondí, mi mente parecía estar en cortocircuito por lo que apenas fui capaz de analizar lo que él quería hacer. Escuchaba la discusión en el fondo pero nada más y en algún momento abandonamos la cómoda oficina para terminar en un patio lleno de personas con batas blancas.

—¡Basta! –exclamé finalmente y los tres hombres se callaron—. Estoy aquí. ¿Ok? Y yo decidiré qué hacer.

—Esto no está bien —dijo el agente Scarlet señalándome con odio—. Es una Bright, una chica, no confío en ella. Nadie debería hacerlo.

—Ethan Bright es uno de nuestros mejores agentes y el más destacado entre los jóvenes, no veo por qué su hermana que ha sido entrenada y preparada para esto de algún modo por él no podría serlo también —dijo el agente Truman.

—No pueden poner a Emma en peligro —dijo Thomas.

—No será peligro. Tan solo necesitamos que vaya a París y encuentre lo que su hermano dejó —dijo el agente Truman y me miró—. Suponiendo que conoces los trucos de tu hermano tan bien como aseguras supongo que no será un problema para ti. ¿Verdad, Emma?

—¿Y qué hay de mi casa? ¿Qué hay de mi vida? Tengo eventos a los cuales prometí asistir con mamá, cursos que hacer, entrenamientos. Estaba planeando comenzar a estudiar japonés. ¡Y en un mes presento una obra de teatro y soy la actriz principal! No puedo simplemente desaparecer. Lo notarán. ¡Ahora mismo debería estar en mi clase de ruso, de seguro que la profesora ya advirtió al asistente de mi madre sobre mi ausencia!

—Me ocupé de llamar a tu profesora de ruso y advertirle que no irías. Por lo tanto ella no llamará a Paul para mencionar tu ausencia y tu madre no sabrá al respecto —dijo Thomas.

Lo miré desconcertada pero nadie parecía haberme escuchado. ¡Yo tenía una vida en Londres! Y está bien que mamá no tuviera mucho tiempo de caridad madre-hija, pero ella tarde o temprano notaría mi ausencia, o en su defecto Paul o Stelle o mis profesores. ¡Y Maurice! Él me mataría si faltaba a uno solo de sus ensayos y tendría que hacer como Betty Monroe que dicen que tuvo que mudarse a Alaska para poder entrar a una escuela y continuar con su vida luego de la furia de Maurice tras vomitar en escena por los nervios en medio de una presentación.

Pero nadie pareció notar aquello. El agente Truman silbó y una chica de rasgos similares a los míos se acercó hasta estar junto a él. Ella era unos centímetros más baja que yo, su cabello era oscuro y corto y sus ojos azules. Teníamos la misma contextura física pero nada más y de seguro tenía más años.

—Emma, quiero presentarte a la agente Shepard. La teníamos preparada en caso de una emergencia similar —dijo el agente Truman—. Ella será tu doble. ¿Estás dispuesta a hacer un bien por tu país y ayudar a tu hermano?

—No se parece en nada a mí.

Aquellas fueron las únicas palabras que fui capaz de decir mientras, sin haber aceptado ni desearlo, terminaba involucrada en un trabajo del MI6. Tan solo un secreto, nunca desconfíes de las habilidades del Servicio Secreto de Inteligencia Británica respecto a crear un doble o no y de seguro que fue en un tiempo récord.

Dos horas después, estar de pie frente a la agente Shepard era como estar de pie frente a un espejo. Su cabello había sido teñido del mismo color que el mío y le habían agregado extensiones para igualar el largo. Sus ojos tenían lentillas para imitar el mismo color pardo de los míos. Su rostro estaba maquillado para hacerla parecer igual a mí, como una simple chica de dieciséis años. De algún modo una modista había logrado igualar mi uniforme escolar (¡no era justo que a ella le quedara mucho mejor por ser a medida!). Pero, fuera de eso, éramos iguales.

—Por favor dime que esto es una broma —dije.

—Tranquila, ella cubrirá todas tus obligaciones por ti —dijo Thomas al apoyar una mano sobre mi hombro—. Será como yo, nadie notará el cambio. Le daré tu archivo para que lo estudie durante la noche, mañana será una perfecta Emma Stonem.

—¿Mi archivo? –pregunté indignada.

—Es nuestra obligación tener un archivo de cada miembro de la familia de un agente, solo por si acaso —dijo él y se encogió de hombros con indiferencia—. Ya sabes, como si sucede esta situación. Todavía puedes negarte si quieres.

—No creo que ella esté muy contenta si lo hago.

—Es una agente, está entrenada para esperar cualquier cosa, incluyendo un cambio de planes a último momento. Además, no será muy difícil volverla a como era antes.

—No. Mi hermano está allí en alguna parte y si el agente Truman dice que soy la única que puede ayudarlo entonces lo haré. Él dijo que no correría peligro. Que solo sería ir a París y buscar lo que Ethan encontró. ¿Verdad?

La mirada de Thomas me dijo que no debía tomarme muy en serio aquella promesa de sin peligro. Suspiré. Perfecto, me había metido en un asunto del MI6. Pero Ethan estaba desaparecido y posiblemente en peligro. Ethan, que si no me hubiera enseñado sus trucos no hubiera sabido que alguien había entrado a mi habitación, que si no le hubiera dicho a mamá de inscribirme en boxeo contra cualquier voluntad mía (no escuchó mis protestas, eso era lo común) posiblemente esos hombres en el departamento me hubieran dañado, que si no me hubiera enseñado a pelear y hacer una carrera de obstáculos posiblemente no hubiera llegado muy lejos con esos hombres.

—Tengo que hacerlo. Tengo que ayudarlo.

—No te dejaremos sola en esto, Emma, habrá otro agente también. No te pasará nada malo, su misión será ayudarte a encontrar lo que tu hermano tomó pero también mantenerte a salvo. Estarás bien. Se están ocupando de eso.

—¿Quieres a mi hermano? ¿Son tan amigos como él me dijo o también era parte de una farsa eso? ¿Alguna vez hubo realmente una secuela de un trauma?

—La vida de un espía es peligrosa. Es importante mantener tu identidad en secreto, tu cubierta. Ethan vio y supo demasiado. Pero fuera de eso es un Bright, lo lleva en la sangre. No se dejó engañar ni manipular, no permitió que le hicieran olvidar y dicen que fue difícil atraparlo. Así que se le ofreció la otra opción, supongo que la sabes.

—Le dijeron que fuera espía. Nunca hubo un internado para seguir la recomendación de una psicóloga de mandarlo lejos. ¿Verdad? El tío John, él también es uno de ustedes.

—No puedo responder eso.

—Dijiste que Ethan lo lleva en la sangre. El tío John también es un espía, al igual que lo era papá… Él murió. Lo asesinaron.

—Conozco a tu hermano, él está bien. Soy su doble. Cada vez que él salía en alguna misión yo debía reemplazarlo para que nadie sospechara. Sí, es mi amigo, mi mejor amigo. Y sí, me preocupo mucho por él, los últimos cuatro días han sido terribles y encontrar a esos hombres tan solo lo empeoró todo.

—Él hablaba mucho de ti. Lo traeré de vuelta, lo prometo.

Tuve que controlar mi voz para que no temblara, no deseaba creer que mi hermano no estaba bien. Nada de aquello tenía sentido. Ni la chica delante de mí trabajando con un especialista tratando de imitar el tono de mi voz ni el joven a mi lado que era exactamente igual a Ethan ni los dos agentes que se habían retirado discutiendo sobre el asunto, Scarlet oponiéndose mientras Truman estaba dispuesto a poner todo en regla.

—Thomas, no creas que te perdoné por todo esto de los dobles y el engaño, pero gracias por pretender ser mi hermano cuando no estaba. Estabas allí para abrazarme, consolarme o levantarme el ánimo sin importar cuan triste o enojada estuviera —dije.

—No es nada. Es mi trabajo. Pero eres la hermana de Ethan, por supuesto que estaría allí para ti si él no podía.

—¿Por qué me trajiste aquí?

—Cuando acepté ser el doble de tu hermano él me pidió que ante cualquier situación de peligro te pusiera a salvo sin importar las consecuencias, él se haría cargo luego. Esos hombres en el departamento, no sabía si había más o si nos seguirían, este era el lugar más seguro. Es lo que Ethan hubiera querido que hiciera.

—¿Qué sucede si no puedo hacerlo?

—Lo lograrás. Estarás bien.

Lo miré esperando que tuviera razón. Sentía que si no lograba hacer las cosas bien nunca volvería a ver a mi hermano, además del asunto de seguridad nacional que el agente Truman había mencionado. Solo entonces me atreví a preguntar lo que no había hecho antes, confiaba en que Thomas me respondería, a diferencia de los demás.

—¿Qué es lo que tomó mi hermano?

—Un cd con nombres que no puede terminar en las manos equivocadas o mucha gente pagará por eso.

—¿Y si no puedo recuperarlo? –pregunté con desesperación.

—Eres una Bright, lo llevas en la sangre. Lo harás bien.

Él no dijo aquello como un modo de aliento, lo dijo como si no tuviera otra opción y prefiriera no creer lo que sucedería si yo fallaba. Me estremecí ante las palabras de Thomas, si yo fallaba muchas personas pagarían por mi error.

 

 

 

Capítulo 4

 

A las siete en punto de la mañana me encontré en Saint Pancras dispuesta a tomar el tren de las ocho y media con destino a París. Decir que no había dormido en toda la noche era poco y despedirse de la agente Shepard fue aterrador. Había pasado la noche en las instalaciones del MI6 y por suerte un equipo de restauración se había ocupado de mi casa antes que mamá o Paul llegaran. Los tres hombres habían huido sin dejar rastro pero el departamento había sido restaurado y limpiado totalmente para no dejar ninguna pista de lo que había sucedido.

Lamentablemente, yo no era tan flexible como el departamento en cuanto a la situación. Mi hermano era un espía. Mi hermano había partido en una misión y la comunicación se había cortado hacía cinco días. Mi hermano había desaparecido y posiblemente estaba en peligro. Había pasado la mitad del tiempo con él, con un doble llamado Thomas en realidad, y ahora una doble había tomado mi lugar para engañar a mi familia y cumplir las obligaciones en mi vida.

¿Han oído hablar de veranos excitantes? Para ser el primer día esto ya era demasiado. Una vez en la estación intenté deshacerme del sueño y el estrés con un café pero, déjame decirte, fue en vano. La falta de sueño nunca fue de lo mejor para mí y la situación no ayudaba. Tuve que mostrar mi boleto y pasar por todo un control de seguridad para llegar a la sala de espera del Eurostar. Tenía al menos una hora por delante antes de abordar.

Era simple pensar que el MI6 me había dado algo o al menos un poco de información pero no, me habían soltado sola y desamparada en medio de la estación donde se suponía que debía encontrarme con un agente en el tren. Miré el boleto, vagón siete, asiento doce. Ya había viajado en tren muchas veces y estado en París pero esto era totalmente diferente. ¡No sabía nada del agente que se suponía que me ayudaría y cuidaría de mí!

Internamente intentaba distraerme pensando todo lo que le diría a Ethan apenas lo volviera a ver por ponerme en esta situación. Una y otra vez me repetí que nada malo me pasaría, que solo estaría en París unos días para averiguar qué le había sucedido exactamente a mi hermano y encontrar lo que él había tenido en su poder y supuestamente ocultado. Por cierto, no tenía la menor idea de dónde podría haber dejado mi hermano un cd y mucha gente dependía del éxito de esto.

Ok, aquel camino de pensamientos no iba nada bien. Pensar en Ethan o en la situación no me calmaba para nada por lo que en vez de eso me distraje observando la gran estación de Saint Pancras. El tren salía desde el primer piso por lo que al momento de abordar debería subir por las escaleras mecánicas. Había cientos de asientos dispuestos y una tienda para compras de último momento al fondo.

Miré mi pequeña valija rosa, nada comparada con las enormes valijas que cargaban las demás personas. Unos jóvenes universitarios pasaron frente a mí y me silbaron pero los ignoré. Había heredado la belleza de mamá, al igual que Ethan, y ya estaba acostumbrada a que la gente lo notara y me dijera cosas al respecto. Además, era sencillo llamar la atención estando vestida con ropa de diseñador de último modelo y dedicándole la debida atención a mi apariencia.

Fui a la tienda por unas galletas y volví, mi estómago gruñía de hambre. No había podido desayunar antes de abandonar los cuarteles del MI6; en ese momento los nervios habían hecho una tarea imposible tomar siquiera un poco de té. Busqué en el bolsillo de mi abrigo y saqué el libreto de Romeo y Julieta para leerlo. Necesitaba aprenderlo perfectamente por completo y realmente esperaba que Maurice no echara a mi doble durante mi ausencia, no deseaba tener que conseguir un cambio de identidad aunque ahora seguramente podría hacerlo.

Delante de mí, varios metros alejado y cerca de la otra fila de asientos, un joven me miraba. Sonreí apenas mientras pretendía leer y no prestarle atención. Era guapo, alto y delgado aunque no era difícil imaginar un cuerpo musculoso debajo de su ropa. O quizás la edad y las hormonas hacían lo que quisieran con mi imaginación. De un modo u otro no podía negarlo, incluso Steve perdía su encanto en comparación con él.

Steve, la única cosa que parecía normal en mi vida este verano. Nos habíamos visto un par de veces y besado, Cam esperaba impaciente que oficialmente fuéramos novios, y ahora aquí estaba yo partiendo hacia París en un trabajo para el MI6 cuando debería estar más preocupada por haber quedado con él dentro de unas horas.

Me sentí miserable y me retorcí ante mi mala suerte. Intenté pensar en otra cosa pero la próxima vez que me fijé el lindo desconocido había desaparecido. No debería sorprenderme, después de todo estaba en una estación de trenes, la gente aparecía y desaparecía de un segundo al otro para tomar un viaje.

Así que pasé la siguiente hora de espera intentando memorizar todo el libreto e imaginando cómo debería actuar o decir cada cosa. Hubiera sido mucho más sencillo ponerme de pie y practicar pero ya tenía suficiente por el momento como para además hacer un monólogo en medio de Saint Pancras y que todos me tacharan de loca. Y volví a ver al desconocido, lo admito, pasé algo de tiempo buscándolo entre la multitud hasta que lo volví a ver.

Estaba sentado del otro lado con un bolso negro de mano a sus pies. Me sonrió cuando su mirada se cruzó con la mía y le devolví la sonrisa antes de desviar la vista y volver a concentrarme en mi libreto. Ok, era más que guapo o lindo, era ardiente, más que cualquier otro que hubiera visto antes. A pesar de la distancia su mirada fue como si estuviera exactamente en frente de mí. Su cabello caoba estaba revuelto de un modo sexy. ¿Cómo lograban los hombres eso? Su rostro… Bueno, ahora entendía mejor las expresiones de mis compañeras respecto a mi hermano, o Thomas, o Thomas y mi hermano. Era complicado.

Pero al igual que todo lo bueno en mi vida últimamente, él tomó su bolso y partió y definitivamente lo perdí de vista. Y yo tuve que quedarme esperando hasta que el reloj marcó la hora de embarque y me apresuré a las escaleras antes que todos los pasajeros lo hicieran y fuera imposible subir. Una vez en el piso de arriba arrastré mi valija todo lo largo del andén hasta llegar al vagón número siete. Subí, dejé mi valija en la sección del equipaje y me ocupé de buscar mi asiento.

Me dejé caer en el lugar número doce, justo junto a la ventana. Había una pequeña mesa delante de mí y otro asiento vacío. Una y otra vez me pregunté cómo había terminado metida en algo así, huyendo de mi casa a escondidas, dejándole a mamá un doble para que no supiera de mi ausencia. Si no recibía algún crédito por esto o algo a cambio (además de recuperar a mi hermano) el MI6 tendría que escucharme furiosa.

Me recosté hacia atrás disfrutando de la comodidad. Los pasajeros seguían entrando, dejando su equipaje y acomodándose en sus lugares. Hubiera sido sencillo dormir entonces pero debía quedarme despierta para esperar al agente. Por más que faltaban quince minutos para partir el vagón ya se estaba llenando. ¿Qué me había dicho el agente Truman que debía decirle al otro agente? Él me había dejado elegir la frase de identificación, como a un niño que se le daba un dulce cuando iba al médico por una inyección. Lo cual, en serio, no se comparaba nada a la situación.

Seguramente el agente Truman había pensado que encontraría algo de excitante y entusiasmante en elegir la frase para identificarme con el otro agente que me ayudaría. Error. ¿Cómo se suponía que debía estar? ¿Entusiasmada por estar en una misión para el MI6? ¡Estaba aterrada! Y la simple idea de que habían asesinado a papá por ser un espía (aunque nadie me había confirmado tal cosa) y que Ethan podría estar en cualquier estado (¡por favor, con vida!) era aún peor.

Cuando las puertas se cerraron y una mujer avisó por el comunicador en inglés y luego francés que partiríamos en cualquier momento tuve que luchar contra el pánico. Miré a mi alrededor. El vagón estaba lleno, a excepción del único asiento frente a mí y que debería estar ocupado. Era oficial, algo le había sucedido al otro agente lo cual era muy posible considerando lo que debía ser su vida o el agente Truman me había mentido y mandado sola en un tren a París lo cual increíblemente no me sorprendía. ¿Qué se suponía que hiciera entonces?

Una adolescente de dieciséis años sola en París: Ningún problema.

Una adolescente de dieciséis años en una misión del MI6 sin ninguna experiencia o entrenamiento y sabiendo que su error sería bastante caro: ¡muchos problemas!

Intenté tranquilizarme, no podía ser tan malo. (Podía serlo, y peor, pero era mejor no pensar en eso). Mis manos estaban inquietas sobre el libreto por lo que tuve que controlarme para no romperlo, lo necesitaba si aún seguía con vida y Maurice no me había echado de la obra para cuando volviera. Pero, fuera de eso, el libreto era lo único que tenía de mi vida normal y no pensaba soltarlo.

Sentí el tren cobrar vida y ya estaba pensando en lo que le diría al Servicio Secreto de Inteligencia Británica por hacerme esto o lamentando no haber traído mis guantes de box cuando escuché una palabra que solo pude identificar como una muy mala palabra en sueco. ¿Quién lo diría? Escuchar a Ethan maldecir en sueco cuando se le cayó la sartén en el pie esa vez en la cocina sí había servido para algo. Levanté la vista y me encontré con el mismo chico que había estado en la estación y había desaparecido antes. Él estaba en medio del pasillo mirándome.

—Tienes que estar bromeando. ¿Una Bright?

—¿Tú?

¿Qué tenía esta gente conmigo? Me olvidé completamente de que debería haber citado Hamlet y haber esperado una respuesta en confirmación. Él resopló y se dejó caer en el asiento frente a mí. Dejó su boleto sobre la mesa de modo que pudiera verlo e hice lo mismo. Había estado totalmente convencida de que encontraría a un hombre como el agente Truman o el agente Scarlet, o tal vez a una mujer. No había imaginado que me dejarían sola con alguien que debía de tener la misma edad que Ethan o similar.

—Mataré a alguien por esto, tendré suerte si al final no termino muerto —dijo él.

—Gracias. ¿Y se supone que tú vas a ayudarme? –dije molesta.

—No, tú vas a ayudarme. —El tren se puso en marcha—. Y estamos atrapados aquí por lo menos dos horas por lo que espero que puedas soportarlo. Deben estar realmente desesperados para haberte mandado a ti.

—¿Y qué es lo que tengo yo de malo?

—Eres una Bright, y las mujeres de esa familia y los asuntos internacionales nunca se llevaron bien.

Él lo dijo sencillamente, como si fuera la noción más simple y lógica del mundo. Apreté los dientes y lo miré molesta pero algo me dijo que tendría una respuesta si lo contradecía y su calmada indiferencia tan solo me enfurecía más. Además, no era la primera vez que escuchaba algo así aunque nunca de ese modo. Las mujeres en mi familia… Ok, tendíamos a ser bastante independientes y fuertes. Como mamá, nadie en su sano juicio se atrevería a enojarla, o la abuela Stonem, si respetabas en algo tu vida nunca debías mentirle a esa mujer, o la tía Vivien, una mujer dulce pero tan astuta como un zorro hasta que un trágico accidente acabó con su vida hacía años.

¿Déjà vu? La tía Vivien había sido la hermana de papá y el tío John y por alguna razón su trágico accidente ya no sonaba tan… accidental. Y luego estaba su hija, mi prima Alice (si sabes lo que te conviene nunca la llames por su nombre), que había huido de su casa hacía unos meses luego que su hermano se comprometiera con una verdadera perra. Pero Alice había ahorrado toda su vida diciendo que huiría de su casa, por lo que no me había sorprendido tanto la noticia.

—No puedes juzgarme sin conocerme, y mi nombre es Emma Stonem —dije.

—Klaus, y créeme que tengo razón.

—Entonces tenemos unas largas horas por delante.

Los próximos minutos pasaron en silencio mientras pretendíamos ignorarnos. Al momento de hacer una escala en Ashford la situación no había cambiado para nada. No levanté la vista del libreto que estaba sobre mi regazo. Leer los diálogos no era tan sencillo para aprender cómo estar en escena actuando.

Por el rabillo del ojo podía ver el reflejo de Klaus en la ventana. Se mantenía en silencio e indiferente, sin mirar nada en especial. Debía tener algún entrenamiento de espía para eso o algo similar porque yo difícilmente podía quedarme sin hacer nada mucho rato. Ya mantenerme sentada y leyendo el libreto me resultaba demasiado. No podía dejar mis manos quietas, o mis pies, necesitaba hacer algo.

—¿Sufres de hiperactividad por casualidad? –preguntó él finalmente.

—Algo así.

—¿No puedes simplemente quedarte quieta?

—Si no te gusta, puedes cambiarte de asiento.

—Preferiría haberme negado de haber sabido que tendría que tratar contigo.

—Y yo preferiría haber pedido a alguien más amable. Me dijeron que podía confiar en ellos.

—Gran error. Regla número uno en esta vida, nunca confíes en nadie. Ni siquiera en ti mismo. No sabes lo que eres capaz de hacer hasta que el momento llega.

—¿Qué momento?

—El momento —dijo él de un modo fastidioso para mí.

—Hubiera pedido a Thomas de saber que tendría que tratar con alguien como tú.

—¿Parker? Por alguna razón él es el doble y yo estoy aquí.

—¿Conoces a mi hermano?

—Debo haberlo visto una vez o dos, le hice un favor en Madrid, creo.

—Genial, Madrid, y yo en casa limitándome a excursiones escolares e intercambios. ¡Negué mil veces vacacionar en otros países para pasar tiempo con él! Y mientras tanto el señor estaba recorriendo el mundo.

—Sí, definitivamente una Bright.

—¡Y deja de llamarme así! Mi nombre es Emma Stonem, mi madre es Brigitte Stonem, una importante agente y representante de celebridades, y te puedo asegurar que lo que menos hacemos es causar problemas internacionales. No sé qué es lo que tienen contra mí.

—Somos precavidos, y realistas. Eres peligrosa. Eres una chica.

—Y tú eres un chico que no me debe llevar muchos años que digamos.

—Yo estoy en el negocio familiar desde que nací. ¿Y tú? ¿Cuánto tiempo? ¿Doce horas? Al menos espero que sepas hablar francés.

—Perfectamente —dije y me crucé de brazos—. Para tu información domino diez lenguas.

—Diecisiete a la perfección —dijo él en cambio—. Y yo debería estar en Dubai en vez de estar haciendo de chaperón de una chica de quince años.

—Dieciséis. Y no es mi culpa si en vez de estar en Dubai estás aquí. Y yo debería estar en casa, mi mayor incógnita debería ser si tomar el curso de japonés avanzado durante el verano o no, y en vez de estar yendo a París debería estar pensando en qué ponerme para mi cita con Steve Maroon. Mi mayor preocupación debería ser la presentación que tengo en un mes, no el paradero desconocido de mi hermano.

—Una actriz, genial. Definitivamente terminaré muerto al final de esto.

Mordí mi lengua para no responderle. Se suponía que este sujeto se ocuparía de mi protección, golpearlo tan fuerte como pudiera en el rostro seguramente no sería una buena idea. No me importaba qué tan bueno estuviera, no dejaría que nadie me tratase así.

—Voy por algo de beber. No te muevas de aquí.

Le dediqué una mirada de odio antes de ignorarlo y retomar mi libreto. Estaba casi segura que por algo de beber se refería a dejar el vagón para poder quejarse libremente de mí. ¿Y qué clase de persona era? ¿Se suponía que era un espía y debía confiar en él? Deseaba hacerle mil preguntas pero dudaba que pudiera en un lugar público y también estaba segura que el hecho de que fuera una simple civil me impediría obtener las respuestas que quería.

Me puse en pie apenas Klaus estuvo de vuelta en el vagón, no me dejaría subestimar ni tratar de ese modo. Él me bloqueó el paso cuando nos encontramos en el corredor, tenía una mirada de advertencia y algo me decía que fácilmente podría inmovilizarme al igual que Thomas. Pero no lo haría en medio de un tren lleno de público, al menos eso esperaba. Miré la botella de agua en su mano y tomé una rápida decisión.

—¿A dónde vas? –preguntó.

—Tengo hambre. Voy por algo de comer —dije y le sostuve la mirada unos segundos—. ¿Qué? ¿No puedo hacerlo?

Me miró con desconfianza pero terminó por hacerse a un lado. El tren se tambaleó en aquel momento y caí sobre él. Me sujetó por los brazos para que no me diera contra el suelo y me soltó cuando volví a estar de pie. Regresó a su asiento y yo me alejé con indiferencia, fingiendo que nada había sucedido en realidad.

Sonreí al salir del vagón y mirar su cartera. Este es un secreto de chicas. Mi prima Alice, mi problemática prima Alice que fue sorprendente que no hubiera terminado en una correccional de menores antes de huir de casa, la oveja negra de la familia Alice, es conocida por no ser una chica que respeta del todo las leyes. Ella me enseñó a robar, o a colarme en algún lugar sin pagar, o a falsificar la firma de mamá de un modo bastante creíble. Alice era una chica mala aunque no trabajaba para el Servicio Secreto, o eso esperaba porque de lo contrario comenzaría a sospechar de cada miembro de la familia y eso incluía a muchas personas.

Comprar una pequeña lata de Pringles en el vagón de servicios pareció una excelente idea, necesitaba ingerir algo salado. Tomé la cartera de Klaus y la revisé un poco antes de preguntarme si su identificación no era falsa y si su nombre tampoco lo era. Había más que libras y euros y por primera vez noté la verdadera utilidad del libro –primeramente-aburrido-y-luego-no-tanto— de billetes y monedas del mundo que Ethan me había regalado para una navidad. De hecho, cada vez notaba más lo que él había hecho con mi vida.

Desde que supe leer me había incentivado a leer todo el periódico. Desde que tuve permiso para ver televisión me había motivado a estar atenta a las noticias. Él había hecho que mamá me inscribiera en cursos de idiomas o actividades físicas y mamá lo había hecho porque mamá solo escucha la mitad de las cosas, es decir las propuestas de Ethan interesantes para que mamá no perdiera el tiempo conmigo y no mis protestas, aunque a fin de cuentas siempre me terminaban gustando. No era una persona que podía estar sin hacer nada. El hecho de que mamá me inscribiera en una escuela privada elitista donde mi compañero de banco era el hijo del embajador de Suiza era otra cosa, pero eso también le había brindado mucho a mi vida. La escuela y el trabajo de mamá me habían enseñado a comportarme y mantener una apariencia correcta. Y Ethan con sus juegos, sus respuestas en otros idiomas, sus regalos, sus modos indirectos de aumentar mi curiosidad para que decidiera investigar y aprender cosas por mi cuenta, él me había entrenado para saber qué hacer en una situación así.

No era una simple civil, podía hacerlo, podía encontrar a mi hermano y también encontrar lo que el MI6 quería. Era una actriz excelente, era fuerte, dominaba varias lenguas y entendía otras gracias a Ethan, los años de ballet y yoga me había dado una elasticidad y flexibilidad increíbles, sabía un poco de pelea y mi mente tenía diversa información sobre historia, geografía, actualidad, todo.

Pagué por las Pringles y no me sorprendió encontrar a Klaus, si ese era su verdadero nombre, a la salida del vagón comedor. Lo miré con indiferencia, su expresión era neutral e indescifrable. ¿Todos los espías estaban entrenados para ser así? Tomé su cartera y se la mostré.

—¿Buscas esto? –pregunté y él la arrebató de mis manos—. No soy una simple chica, no me subestimes, y será mejor que tengas cuidado con cómo me tratas.

—Si vuelves a tocar mis cosas haré que te arrepientas el resto de tu vida.

—Que, si esto sale mal, no será mucho, así que no me importa.

Él ignoró mi comentario, me tomó por el brazo y me acompañó/escoltó/arrastró hasta el vagón siete y mi asiento. Podría haberme desecho de su agarre, lo deseé más que nada pero ya bastante en contra tenía a la persona que se suponía debía confiarle mi vida como para empeorar la situación. Tenía que ser realista, a pesar de lo que dijera el MI6 yo sabía que corría peligro, si habían capturado a mi hermano por ese disco que había tomado seguramente esos tipos vendrían por mí también si lo encontraba. Y lamentablemente, el joven que estaba bastante molesto y con todo derecho (no debía de ser muy bien visto que un agente entrenado fuera robado por una chica), era el único compañero y seguro que tenía.

—Ok, lo lamento, no debí tomarla —dije.

—No me sorprende que lo hicieras, pero no esperaba que lo hicieras. Después de todo eres una Bright, estaba seguro de que tus manos eran iguales que tu lengua —dijo él.

—Intento llevarme bien contigo pero si me sigues tratando así no llegaremos muy lejos.

Le sostuve la mirada con dureza, no pensaba ceder. Unos pequeños consejos al momento de colisionar contra alguien, consejos de parte de Alice: nunca pierdas de vista sus manos, si vas a robar no utilices el pulgar, escoge el mejor momento para que parezca accidental, estate segura dónde está lo que quieres. Había cumplido con cada uno de ellos aunque el último siempre era cuestión de suerte, él podría haber guardado su cartera en el bolsillo de su chaqueta luego de comprar pero también en su pantalón y ahí no metería mano a pesar de que Alice aseguraba saber cómo hacerlo.

—Podemos intentarlo de nuevo —dijo él finalmente y extendió una mano—. Klaus.

—Emma —dije estrechándosela.

—¿Entonces eres actriz?

—Me gusta actuar y da un gran crédito adicional en la escuela. Creo que el teatro es divertido, te deja explorar diferentes facetas de ti mismo.

—Odio el teatro, no son más que un grupo de tontos en escena repitiendo diálogos que memorizaron.

—Esos son malos actores.

—De todos modos es aburrido.

—Es profundo, no hay nada como el teatro. Lo popular para divertir, la tragedia para emocionar, la comedia para hacer pensar. No hay nada tan maravilloso como las viejas obras.

—Locos de su época que se morían de hambre.

—Esta conversación no llegará muy lejos —dije y suspiré—. ¿Qué es lo que te gusta a ti? ¿Qué haces? ¿Cómo es tu vida? –Él no respondió—. Supongo que no hay respuesta, es confidencial o algo así.

—No eres muy parecida a tu hermano —dijo en cambio—. De hecho, no se parecen para nada.

—Él se parece más a mamá pero sacó la actitud de papá, dicen que yo soy al revés, me parezco a papá pero con la actitud de mamá.

Puse un mechón de cabello detrás de mi oreja y bajé la vista. Era cierto, no era mentira. O al menos eso creía, los recuerdos de papá eran muy vagos y no había fotografías de él en casa. De todos modos, ese nunca había sido un buen recuerdo y las preguntas sobre mi familia y lo que realmente había sucedido ese día tan solo parecían aumentar con las horas.

—Ya veo —dijo él.

—¿Es mi hermano el único? –pregunté.

—No puedo responder eso, deberías saberlo.

—Sé que me estoy poniendo en peligro, soy consciente del riesgo que corro y también sé que quizás no vuelva a ver a mi hermano nunca más. Estoy confiando en ti. Posiblemente esté confiando mi vida en ti. ¿Entonces por qué no puedes responderme? Es mi familia de quien estamos hablando.

—No estás exactamente en la lista de personas seguras o en las que se pueda confiar. Hay específicas órdenes de no responderte ninguna pregunta o darte información. Eres una persona de riesgo.

—¿Qué?

—Lo siento.

Lo miré sin saber qué pensar y luego me dejé caer contra la ventana. ¿Por qué me sentía como si yo fuese la villana? Aquello no tenía ningún sentido. Yo era la chica buena, yo quería recuperar a Ethan y ayudar. ¿Entonces por qué me trataban como si no lo fuera? El agente Scarlet no se había molestado en ocultar su desprecio y oposición ante lo que estaba sucediendo pero no había creído que todos pensaran lo mismo.

El resto del viaje resultó ser largo y silencioso. Al momento de bajar en Gard du Nord mi autoestima y mis esperanzas estaban por el suelo. Pero quizás aquella era la mejor parte de ser actriz y tener como director a Maurice, él sabía forjar bien un carácter fuerte si quería seguir en su equipo. Así que al momento de bajar del tren me convencí de que nada de esto era tan malo y las cosas podían estar mil veces peor, intenté verle el lado positivo. Estaba en París, sin ningún control parental o de mayores, y sola con un espía ardiente. No estaba tan mal. ¿Verdad? Y cuanto antes terminara con esto antes podría volver a mi vida y tomar el curso avanzado de japonés.

Tomé mi valija y bajé del tren. Esperé hasta que Klaus apareció cargando su bolso negro en su espalda y lo seguí por la estación hasta salir. Agradecí llevar puesto un vestido, el aire era cálido y para ser media mañana el sol cegaba con sus rayos. Guardé el libreto y busqué dentro de mi bolso hasta sacar y ponerme mis lentes Vogue. Había un hombre de pie junto a un largo auto negro estacionado en la calle. Klaus se acercó al hombre de traje sin vacilar y este nos observó.

—He escuchado que en Londres llovían perros y gatos.

—Entonces temo por mi amiga Kat, no me gustaría que cayera del cielo aunque se tiene un buen golpe merecido al igual que Doug —dijo Klaus.

El hombre asintió en silencio, una frase clave y de identificación, eso debía ser. Entonces él se fijó en mí, tenía la misma mirada de desconfianza y desprecio que el agente Scarlet.

—Y esta debe ser la Bright.

¡Hola, yo era la hermana de un espía! Se suponía que era la chica buena, que se podía confiar en mí. ¿Y qué tenían todos con que fuera una Bright? Por empezar, mi nombre era Emma Stonem, no Bright. Y además, Ethan también era uno y nadie parecía darle importancia a eso. ¿Por qué creían que las mujeres Bright y los asuntos internacionales no debían relacionarse?

—Nos traerá problemas, seguro —dijo el hombre.

Él se dio vuelta. Klaus me tomó por el brazo y me calló con una mirada antes de que pudiera protestar. Quise refunfuñar pero también me tuve que contener al respecto. Me limité a entrar al auto junto con él. El hombre rápidamente puso el vehículo en marcha y Klaus tomó una carpeta del suelo.

—Hace veinte días Ethan Bright fue enviado en una misión a París para conseguir un dispositivo de almacenamiento con información confidencial e importante. Hace cinco días, en su último mensaje, dijo haber obtenido tal cosa. Lamentablemente, ese fue su último mensaje y se perdió el contacto. Desapareció, sin dejar ningún rastro. No sabemos nada de él o del dispositivo —dijo Klaus—. Nuestra misión es encontrar el dispositivo.

—¿Y qué hay de mi hermano? –pregunté.

—Estoy hablando de seguridad internacional, no creo que lo entiendas. Tu hermano hizo un juramento de servir a su país a costa de su vida. Esto es más importante. Ya hay un grupo buscándolo pero nuestra misión es encontrar el dispositivo que él dejó oculto en algún lado antes que lo atraparan. Y si tú estás aquí es porque dices conocer sus trucos. Ethan Bright es un espía altamente capacitado pero en estos días nadie ha podido saber dónde escondió el dispositivo.

—¿Y cuál es tu papel?

—Yo trabajo para el Servicio Secreto de Inteligencia Británica y soy un espía altamente entrenado y capacitado. Además, no eres una persona de fiar, no te dejaré sola ni un segundo.

—¿Y se supone que debo confiarte mi seguridad? Creo que estaría mejor por mi cuenta —dije.

—Ya tendrás tiempo para tus quejas, Bright.

—¡Mi nombre es Emma! –exclamé.

—Esto no es un juego, no es ninguno de tus libros o historias. Esto es la vida real. Hay mucho en juego, más de lo que imaginas. Lo más importante que tienes es tu cubierta. Hazte pasar por una chica normal de dieciséis años.

—¡Soy una chica normal de dieciséis años!

—Esa es la idea.

Resoplé, esto era ridículo. Klaus abrió la carpeta y extendió entre nosotros un mapa de París con tres puntos marcados en rojo, rutas en verde y más marcas en negro. Él señaló una marca roja cerca del Champ de Mars con un número cinco escrito al lado y me miró.

—Empezaremos aquí. Este es el último lugar en el que Ethan estuvo y fueron tan solo dos días –dijo Klaus—. Él cambió muchas veces de lugar, ya lo estaban siguiendo.

—Dices que el último comunicado fue hace cinco días. ¿Tienes más? –pregunté.

—Esa es información confidencial y que no está a tu alcance.

—¿Entonces cómo pretendes que ayude? ¿Qué información está a mi alcance? No sé ni siquiera qué hago aquí si después de todo me dan información a medias.

—Ethan Bright es un gran espía y como todo gran espía su mente es un secreto indescifrable. Sí, sabemos que es tan cuidadoso como para haber ocultado el dispositivo si sabía que no estaba a salvo y no, no sabemos dónde lo escondió. Eres su hermana, tienes que ser capaz de descifrar su cabeza y descubrir dónde lo escondió. Eres nuestra única opción, si no nos ayudas podría ser demasiado tarde.

—No soy una espía —dije.

—No necesitamos una espía, necesitamos a alguien que entienda a Ethan y esa eres tú. Si no puedes hacerlo dilo ahora y te vuelves a Londres, ni siquiera te acordarás de esto.

Lo miré seriamente, al parecer la mayoría de nuestras discusiones siempre concluían en sostenernos la mirada sin ceder. Hubiera sido demasiado sencillo volver a Londres y que esto no resultase más que un sueño lejano aunque la idea de borrado de memoria era aterradora. Volver a mi vida sería lo mejor. Podría estar en casa, acompañando a mamá a sus eventos, saliendo con Steve Maroon, asistiendo a mis cursos o aprendiendo japonés, ensayando con Maurice.

Pero Ethan no estaría allí, y por más que me hicieran olvidar una parte de mí siempre notaría la diferencia entre él y Thomas. No podía abandonar a mi hermano y además esos hombres ya habían entrado a mi casa una vez. ¿Cómo podía estar segura de que no lo volverían a hacer?

Miré el mapa delante de mí, no me quedaba otra opción. Había personas involucradas en esto, mi hermano corría peligro por más que todos se limitaran a hablar de su situación como desaparición.

—De todos modos ya estoy en París —dije y miré por la ventana.

 

 

 

Capítulo 5

 

Situación hasta el momento del primer día oficial de verano: estaba en París, con un espía británico ardiente, en una misión para el MI6, buscando lo que mi hermano desaparecido ocultó y podría poner en riesgo la seguridad nacional e internacional. ¿Quién dijo que este verano podría ser aburrido? Lamentablemente, esto debía ser algo que no podría escribir en el clásico reporte sobre las vacaciones a la vuelta de clases.

Al momento de bajar del auto tan solo podía pensar en que Cam me mataría por nunca poder contarle sobre esto. Mamá… Bueno, ella no notaría mi ausencia ni aunque no tuviera un doble.

—Recuerda, la cubierta es lo más importante que tenemos, no hagas ni digas nada fuera de lugar. Déjame todo a mí —dijo Klaus.

Asentí en silencio. El hombre del auto me dedicó una última mirada de absoluto desprecio y desconfianza antes de que siguiera a Klaus dentro de la pequeña hostelería. La recepción estaba dulcemente decorada con alfombras y delicados muebles de madera y la mujer detrás del mostrador nos dedicó una amable sonrisa. Sabía que de aquí en adelante solo escucharía y hablaría francés.

—¿Buenos días, en qué puedo ayudarles? –preguntó ella.

—Mi nombre es Klaus Nicolson, y esta es mi novia, Emma Stonem. Tenemos una reservación —dijo él.

—Por supuesto, tan solo necesitaré un documento.

Klaus dejó un pasaporte sobre el mostrador y la mujer lo comprobó antes de devolverlo y sonreírnos. ¿Qué? ¿Novia? ¿Cuándo había acordado eso en nuestro trato? Apenas ella dejó el mostrador y estuvimos fuera de su vista tomé a Klaus por el brazo y lo miré queriendo una explicación cuanto antes, pero él simplemente se encogió de hombros.

—¿Estás loco? Pudiste al menos advertirme —dije entre dientes en inglés.

—Quizás olvidé mencionarlo y si no quieres que algo malo te pase entonces harás lo que digo —dijo él en un susurro.

—¿Pasa algo? –preguntó la mujer.

Ella se dio vuelta para vernos y le dediqué la mejor sonrisa falsa que pude antes de agarrarme al brazo de Klaus y encogerme contra él como si realmente fuera mi novio. Internamente deseaba matarlo pero esto era lo bueno de ser una actriz, podía odiar a mi co-protagonista pero mi personaje no lo hacía y yo ahora mismo era mi personaje. Una chica normal de dieciséis años, en París, con su novio. ¡Y esta mujer pretendía darnos un cuarto! ¿Qué mentira le habrían dicho al momento de hacer la reservación?

—No, por supuesto que no —dije, mi francés era fluido y tenía un perfecto acento.

—Estamos bien —dijo Klaus y me rodeó con un brazo—. ¿Verdad, cariño?

Asentí aunque le dediqué una mirada asesina apenas la mujer dejó de mirarnos. Seguimos en silencio a la mujer hasta una habitación en el segundo piso. Todo era pequeño y sencillo, desde la recepción hasta el pasillo y el mismo cuarto. Había una cama grande, y un baño, pero nada más.

Apenas la mujer nos dejó solos para que nos acomodásemos, y le entregó las llaves a Klaus antes de partir, me liberé de su agarre y lo empujé lejos. Él me ignoró y se alejó. Dejó caer su bolso sobre la cama y enseguida me acerqué para quitarlo.

—No pienso dormir contigo —dije.

—Yo tampoco —dijo él y tiró una almohada al suelo—. Tienes todo el piso para ti, decide dónde te gusta más.

—Soy una chica. Si fueras un caballero me dejarías la cama a mí —protesté y él se acercó hasta estar frente a frente.

—Las mujeres llevan años reclamando igualdad. Respeto tus reclamos, te trato como trataría a un hombre en esta ocasión —dijo y se alejó—. El piso es todo tuyo. Tienes más que yo, deberías estar agradecida.

—¿Me vas a dejar dormir en el suelo mientras tú duermes en la cama? –pregunté indignada.

—Reclámale a tu hermano cuando aparezca por haber pedido esta habitación y no otra —dijo Klaus.

Tomé un profundo respiro para calmarme y me lamenté por no haber traído mis guantes de box. Ya había estado en peleas antes, sin contar la última pelea con los intrusos en mi casa, y realmente pensé lo bien que se sentiría golpearlo en el rostro. Pero no era posible. En vez de eso, me senté en el suelo junto a mi valija y me crucé de brazos mientras observaba al espía-nada-caballeroso correr las cortinas y abrir la ventana.

Era increíble como las ciudades siempre estaban iguales, totalmente ajenas a los problemas y situaciones de cada uno. París seguía tan brillante y alegre como recordaba. Las calles guardaban su encanto, el clima era cálido, todo parecía perfecto y feliz.

Klaus abrió uno de los cierres de su bolso y sacó una bolsa de plástico conteniendo pequeños botones negros, o al menos eso parecían. Se paró sobre la ventana y se aseguró de pegar uno sobre el marco de esa de modo que era imperceptible. Hizo lo mismo en la puerta y debió repetir la acción en el baño cuando se dirigió a allí.

—¿Qué se supone que haces? –pregunté.

—Microcámaras, no estaremos siempre aquí.

—Entonces ya no podré envenenarte mientras duermes o revisar tus cosas —dije fingiendo decepción.

—No te lo recomiendo, si aprecias tu vida ni lo intentarías.

—He tratado con Ethan toda mi vida, algo me dice que tú no serías muy diferente.

—Tu hermano y yo no somos parecidos. No fuimos al mismo instituto ni recibimos el mismo entrenamiento.

—¿Hay un instituto? Eso explica muchas cosas. Déjame adivinar, mi hermano no se graduó de una escuela normal y acaba de terminar su segundo año en la universidad de tecnología.

—Brillante Bright —dijo él y lo miré molesta—. Ahora haz algo útil y fíjate si tu hermano dejó algo aquí.

—Desapareció hace cinco días, existe el servicio de habitación —dije.

—Nos encargamos de todo eso ya, este es el último lugar del que se tuvo constancia que estuvo y nos ocupamos de que nadie tocara nada.

—¿Y crees que los tipos malos no sabrían que este sería el primer lugar al que vendríamos a buscarlo? –pregunté y él sonrió.

—Por eso yo soy Klaus Nicolson y tú eres mi adorable novia Emma Stonem —dijo él.

—Apuesto a que hasta el nombre que me diste es falso.

Como tendía a hacer con la mayoría de las veces, Klaus (si es que en realidad se llamaba así), me ignoró. Resoplé y me puse en pie para examinar el lugar. ¿Qué se suponía que debía encontrar? Todo parecía exactamente igual para mí, no había nada fuera de lugar. Si al menos supiera mejor la situación sabría dónde fijarme pero disponía de tanto acceso a información como de comodidad al momento de dormir.

—¿Algún escondite? ¿Piso hueco? ¿Puerta trampa? ¿Algo? No tengo idea —dije.

—Estaba seguro de que esto era una pérdida de tiempo y tú un peso muerto. ¿Crees que no hemos revisado ya el lugar en busca de algo así? ¡Para nosotros esto no es un juego de chicos como para ti! –dijo Klaus.

—¡Pues discúlpame si no soy tan útil como desearías! Debo recordarte que yo no quise esto en ningún momento pero acepté porque quiero a mi hermano de vuelta. Pero de seguro Ethan es tan cuidadoso que no dejó nada acá —dije molesta y Klaus me miró con atención—. Conozco a mi hermano, he jugado cientos de veces a la búsqueda del tesoro con él y también me ha enseñado a esconder cosas. Él siempre dijo que nunca dejara nada en el lugar más obvio, bajo ninguna circunstancia, y este es el lugar más obvio. ¡Aquí no hay nada!

—No estamos en una situación para descartar nuestra primera pista enseguida y tú no has hecho nada. Simplemente te has parado en medio del lugar sin siquiera mirarlo —dijo Klaus.

—Te lo digo, aquí no hay nada. Podemos quedarnos si quieres pero no encontraremos nada —dije e intenté salir pero él me detuvo.

—¿A dónde crees que vas?

—No creas que me quedaré aquí encerrada contigo sin hacer nada. Estoy en París y sin control de ningún tipo.

—No irás a ningún lado.

—Tranquilo, no saldré por allí a divulgar información ultrasecreta ni a planear un ataque terrorista. De hecho, no tengo información que divulgar y si tengo que atacarte preferiría hacerlo por mi cuenta. Ahora, déjame salir.

—No saldrás, no me importa si tengo que dejarte inconsciente para eso.

—Entonces me quejaré al respecto, no puedes atacar a una indefensa civil sin motivo alguno.

—No tienes nada de indefensa —dijo Klaus.

—Qué pena que sea mi palabra contra la tuya. ¿Qué dirás? ¿Que me atacaste porque quería salir del hotel? Me dejarás salir si pretendes que te ayude con esto.

Crucé los brazos sobre mi pecho y le sostuve la mirada. A pesar de que era muy alto, y ni siquiera mis zapatos con siete centímetros más de autoestima me ayudaban a igualarlo en altura, él me seguía sacando media cabeza por lo que tenía que levantar la vista. Podía ser delicada pero aquello nunca me había resultado una debilidad al momento de imponerme y no cedería tan fácilmente.

Una hora después me encontraba tranquilamente sentada sobre un foulard en el Champ de Mars. Klaus podía ser un espía altamente entrenado pero se equivocaba si creía que podía controlarme. El parque resultaba ser un lugar ideal para relajarse y estar echada bajo el sol. Mi compañero, por otra parte, parecía encontrarle más interés a mantenerse de pie observando con desconfianza a un mimo que actuaba por unas pocas monedas.

Suspiré y me eché hacia atrás para observar las nubes. Además, era mejor si lograba aprovechar el sol y broncearme al menos un poco. Se sentía extraño, todo parecía tener un nuevo punto de vista. Toda mi vida parecía ser en torno a una farsa. Ya no podía estar segura de nada. El guapo e indiferente chico no muy lejos de mí era un espía que jamás me quitaría el ojo de encima, mi hermano era un espía y a diferencia de sus habituales juegos ahora el riesgo era mayor a no encontrar mis zapatos a tiempo.

¿Ethan, dónde estás? ¿Qué has hecho?

Me pregunté una y otra vez sobre él sin obtener respuesta alguna. La falta de información y la incertidumbre no me ayudaban en nada. Sonreí al ver la Tour Eiffel. La primera vez que habíamos estado en París cuando yo tenía siete años había arrastrado a Ethan, y a Paul, y los había obligado a hacer la extensa y eterna cola para subir hasta la cima. La ciudad me había parecido diminuta a mis pies y Ethan me había enseñado todos los lugares importantes que se podían ver desde allí.

Pero ahora estaba sola y era posible que Ethan estuviera en peligro y me necesitase. Cerré los ojos sin desear imaginar eso aunque una parte de mí sabía que era lo cierto. Intentaba confiar en las palabras de Klaus, en que había un equipo de rescate buscándolo. ¿Pero cómo confiar en alguien que ni siquiera me decía qué estábamos haciendo exactamente? Sí, estábamos en París buscando algo pero no sabía mucho más. Y él no quería escucharme, no me tomaba en serio cuando le decía que no había nada en aquella habitación de hotel. Conocía a Ethan, sabía que él jamás dejaría algo en el lugar más obvio y el último lugar del que se tenía consciencia que había estado era exactamente el lugar más obvio para comenzar. ¡Estúpido MI6!

Me sentía inútil y subestimada y eso era odioso. Intenté pensar en positivo. Quizás, cuanto más cerca estuviese de encontrar el disco oculto, más cerca estaría de encontrar a Ethan. Era posible. ¿No? Quizás no lo hubieran atrapado, quizás se hubiera ocultado con el disco y estuviera esperando a que lo encontraran, quizás estaba bien, sano y salvo… ¿A quién quería engañar? Nada de aquello era cierto.

Cuando Klaus se dejó caer a mi lado tan solo pude pensar en girarme y mirarlo. Sus ojos eran de un suave color celeste, era una mirada tranquila y serena ahora que estaba calmado o actuaba como tal. Su piel parecía suave bajo los cálidos rayos del sol aunque podía notar allí donde pronto tendría que afeitarse. Por un segundo me pregunté cómo se sentirían sus rosados labios contra los míos pero rápidamente deseché aquel pensamiento. Él se acercó y me rodeó con un brazo.

—¿Qué haces? –pregunté.

—Se supone que eres mi novia, creí ya haberte dicho que la cubierta lo era todo.

—¿Qué? ¿Hay alguien observando?

—No que haya visto pero no me arriesgaré. Ahora olvídate de eso y apégate al papel —dijo él—. ¿Has estado alguna vez en París?

—Cuatro veces antes de esta. Mamá y el término vacaciones no se llevan muy bien, para ella el trabajo siempre es mucho más importante. Ethan me había dicho que quizás este verano podríamos salir los dos solos, visitar otras ciudades. Él me había prometido que me llevaría a conocer Edimburgo, supongo que eso tendrá que esperar. ¿Y tú? ¿Ya has estado en París? –pregunté y él no respondió—. Sabes, es difícil confiar en alguien que no confía en mí ni responde alguna de mis preguntas por más superficiales que sean.

Suspiré y en cambio volví a fijarme en las nubes en el cielo, aquello parecía mucho más sencillo que el joven a mi lado. Durante unos segundos todo fue silencio y tristeza a causa de los recuerdos y la situación. Me hubiera gustado conocer Edimburgo, viajar sola con Ethan aunque fuera por un fin de semana. Él me lo había prometido. Pero aquello ya no debía tener importancia alguna.

—Edimburgo es una bella ciudad, de noche es aún más hermosa —dijo Klaus luego de un rato—. Parece sacada de algún cuento de época. Dicen que es la ciudad de los fantasmas. Old Town es increíble. Y ahora en estas semanas es el festival.

—Lo sé, en cierto modo esa era la idea —dije.

—Pero no hay nada como el mardi gras en Nueva Orleans —dijo él—. Aunque mi favorito sigue siendo el Grand Prix de Mónaco, este año fue simplemente magnífico.

—¿Estuviste en el Grand Prix de Mónaco? –pregunté sorprendida y él asintió antes de llevarse un dedo a los labios y sonreírme en señal de secreto—. ¿Y cómo es la ciudad?

—No debe ser más grande que Central Park pero he oído una o dos veces que lo más bello viene en envase pequeño —dijo él.

Enseguida se sumergió en una detallada descripción sobre la ciudad y luego sobre el evento, sin admitir expresamente que había asistido. No me importaba si estaba actuando o no, era más fácil pretender que nada estaba mal con un Klaus amable. Pero, fuera de eso, él realmente me distraía mientras hablaba y hasta me resultaba interesante y entretenido. Debía ser una persona llena de historias que jamás podría contar pero demasiado interesantes y excitantes.

Eso ayudó bastante a sobrellevar el primer día aunque nuestra tregua y paz no duró mucho. Al momento de volver al hotel, y luego de pretender ser una feliz pareja frente a la recepcionista, nuevamente estuvimos peleados y distanciados en el cuarto por lo que todo lo anterior debía haber sido su actuación. Si él quería actuar entonces le seguiría el juego, no había pasado años luchando contra Maurice por conservar los papeles importantes sin perfeccionar mi carrera en el transcurso.

La situación empeoró cuando llegó la hora de dormir. Realmente Klaus se adueñó de la cama sin dejarme más opción que dormir en el suelo, me negaba rotundamente a dormir a su lado y seguramente él no me dejaría. El suelo era duro e incómodo, podía escuchar perfectamente a las personas en el piso de abajo que al parecer no tenían planeado dormir aquella noche y, como si eso fuera poco, el súper espía altamente entrenado roncaba. ¡Sí, él estaba roncando! ¿No se suponía que debía ser extremadamente silencioso o algo así? Y mejor ni hablar de mis intentos por hacerme escuchar y convencerlo de que no encontraríamos nada en aquel hotel.

Así que pasé la mayor parte de la noche sin encontrar una posición decente para dormir. Mi cuerpo me castigó con dolor al día siguiente y yo castigué a Klaus con una actitud glacial y silencio por haberme hecho tal cosa pero a él no le importó en lo más mínimo. Salimos pero solamente para almorzar algo en un café y darle tiempo al servicio de habitación. Nuestra excursión no fue más allá de eso, él no me dejó salir el resto de la tarde. Simplemente se limitó a estar sobre la cama con su diminuto pero extremadamente avanzado y rápido ordenador portátil mientras yo lo miraba con odio desde el suelo.

—¿Qué se supone que haces? –pregunté.

—¡Habla! Pensé que habías perdido la capacidad de comunicación —dijo él obteniendo una dura mirada de mi parte—. Reviso las grabaciones, nada interesante.

—¿Puedo usar el ordenador?

—No.

—¿Puedo chequear mis mails?

—No.

—¿Puedo fijarme el reporte del clima siquiera?

—No —dijo él—. Ya te lo he dicho, mantente alejada de mis cosas. Además tienes un doble, ahora es ella quien se ocupa de chequear tus mails y hacer lo que se supone que estarías haciendo. Deberías estar agradecida. Es como tomarte unas vacaciones de tu ordinaria vida.

—Es que yo amo mi ordinaria vida —dije—. ¿Y qué hay de ti? ¿También tienes un doble que hace todo en tu lugar?

—No necesito a nadie, prefiero trabajar solo —dijo Klaus.

Lo miré durante unos segundos preguntándome qué tan en serio habría dicho aquello o qué tan solitaria debía ser su vida. Él había hablado de estar en el negocio familiar. ¿Sería toda su familia espía? Pensé en Ethan, el poco tiempo que pasábamos juntos pero intentábamos aprovechar más que nada. Yo también estaba sola, salvo que nunca antes le había dado importancia. La mayor parte del año era solo yo. El trabajo siempre sería más importante para mamá, Paul era su asistente, Josh era amable al recibirme en su casa pero no era más que un artista frustrado que dormía todo el día. Y sin embargo supe que no importaba cómo fuera mi vida, siempre habría alguien peor. Él podía conocer gran parte del mundo y haber estado en los mejores lugares en los momentos de mayor esplendor pero quizás jamás había tenido una relación como la de Cam y yo, o incluso la de Thomas y Ethan. Quizás Klaus realmente estaba solo y eso era algo que nada podría compensar.

El tercer día no fue muy diferente y realmente no quería imaginar qué debía pensar la recepcionista de una pareja de adolescentes encerrados todo el tiempo en el mismo cuarto. Lamentablemente para las creencias de la mujer nuestra mayor cercanía era cuando pasábamos por recepción y fingíamos ser una pareja, luego creo que todo se resumía a odio mutuo y un intento por ignorarnos el uno al otro.

Exploré el cuarto, intenté encontrar una prueba de que Ethan no dejaría nada allí por ser el lugar más obvio. Pero el problema de buscar una prueba que no había nada allí era eso, realmente no había nada que notar o encontrar. No había rastro de que alguien hubiera ocupado la habitación antes que nosotros. ¿Y si un equipo especializado en búsqueda del MI6 no lo había encontrado cómo pretendían que yo, una simple chica de dieciséis, lo hiciera? Y a pesar de mis intentos Klaus seguía sin creerme y tampoco se molestaba en ocultar mucho su desagrado respecto a la situación. Al parecer tener que andar pegado a una chica común no era mucho de su agrado.

¿Y qué era lo que él tanto hacía en su ordenador? Nada tenía sentido últimamente y el hecho de que ni siquiera pudiera salir del cuarto sola estaba comenzando a enloquecerme. ¿Cuándo había empezado a ser considerada una potencial amenaza para la seguridad internacional? Resoplé antes de tirar el libreto lejos, memorizar los diálogos sin practicar o ensayar era lo mismo que no hacer nada. ¡Y no iba a practicar frente al señor espía sentado en la cama con su ordenador! Además, considerando su afición por el teatro, seguramente me mandaría a callar apenas dijera una palabra.

Sostuve mi cabeza entre mis manos, estas no estaban resultando ser unas vacaciones muy interesantes en París. Mi vida posiblemente se iría al diablo luego de esto, parecía que ya nada volvería a ser normal y por cada día que pasaba no había ningún rastro de Ethan. Levanté la vista sin saber mucho qué hacer y temiendo que iría a enloquecer y entonces me congelé al verlo.

Había un hombre observándome en la ventana del edificio al otro lado de la calle. Su tez era bronceada, tenía el color de alguien del mediterráneo. Su cabello era negro como la tinta. Llevaba puestos unos lentes oscuros y me hizo una seña con una mano enguantada.

—Klaus —susurré sin dejar de verlo.

—Ahora no —dijo él.

—¡Klaus! –dije y miré al espía—. Hay un hombre en la ventana de en frente viéndonos.

Él reaccionó más rápido de lo que hubiera creído posible. Dejó el ordenador y se acercó a la ventana pero cuando me volví a fijar el hombre ya no estaba allí. Klaus se dio vuelta y me miró, parecía sereno como siempre pero podía notar la alarma en sus ojos. Él no se había acercado lo suficiente a la ventana como para ser visto pero sí para poder fijarse.

—Había alguien allí —dije.

—¿Estás segura? –preguntó él y asentí.

Se agachó a mi lado y se acercó lo suficiente para que nadie que no fuera yo pudiera oírlo. La próxima vez que habló su voz fue apenas más que un susurro.

—La primera vez puede ser una falsa alarma. La segunda ya es una coincidencia y eso no es bueno. La tercera debes abandonar el lugar. ¿Entiendes?

—Sí.

—No estamos haciendo nada y no hay modo de que alguien tenga prueba de lo contrario. Aférrate a tu cubierta y no la sueltes ni aunque te hayan descubierto —dijo él suavemente—. ¿Ya habías visto a este hombre?

—Nunca en mi vida.

—¿Cómo era?

—No lo sé, fue muy rápido.

—Tienes que pensar. Esto es la mejor arma que puedes tener —dijo él y tocó apenas mi cabeza—. Olvidar un rostro podría costarte la vida. Intenta recordar, no hay nada como la memoria. Busca lo inusual, eso es lo más importante, los pequeños detalles inusuales pueden delatar totalmente a alguien.

—Ok. Era alto, cabello negro, bronceado —dije y cerré los ojos intentando revivir el momento—. Me estaba mirando, a mí. Y creo que me saludó.

—Intenta recordar algo más, tiene que haberlo. Busca algo fuera de lugar —dijo Klaus.

—Tenía puesto un guante. ¿Qué clase de persona usa guantes con este clima? ¡Es verano!

Él se alejó. Su silencio me dijo que posiblemente había dado en el blanco. Lo miré con precaución pero como siempre su expresión era inescrutable. Tenía razón y afuera la temperatura era demasiado alta como para que algún loco anduviera por la calle usando guantes.

Pero si estaba en lo correcto o no nunca lo supe, ya que Klaus pretendió como si nada hubiera ocurrido. No sabía si no me había tomado en serio por no ser nadie importante, si desconfiaba de mí o si simplemente creía que no debía decirme nada. Estuve mirando por la ventana esperando ver nuevamente al hombre pero no apareció otra vez. Aun cuando cayó la noche continué apoyada por la ventana, mirando con ensoñación la bella capital francesa iluminada. Era una vista hermosa, me hubiera gustado salir y disfrutar de las calles parisinas o los restaurantes de noche.

Al momento de dormir mi incertidumbre se había contagiado con un poco de temor. Cerré los ojos e intenté olvidar lo sucedido. Klaus había dicho que una vez podía ser una falsa alarma y que no era del todo malo. Además, de estar en peligro no continuaríamos en ese hotel y él me lo habría dicho, o al menos aquello quería creer. Se suponía que Klaus estaba para mantenerme a salvo. ¿No?

No volví a ver al hombre por más que estuve atenta los siguientes días pero al quinto las cosas empeoraron. Klaus se instaló con su ordenador para revisar qué habían grabado las cámaras durante nuestra ausencia y supe enseguida que algo no estaba bien. Me acerqué lo suficiente para ver sobre su hombro las grabaciones, la mujer de limpieza se había tomado más libertades de las que debería al revisar cajones y placard. Ella rápida y meticulosamente había dado vuelta la habitación y revisado cada posible escondite sin dejar rastro alguno de su visita.

Una vez podía ser falsa alarma, dos veces ya era una coincidencia y eso no era nada bueno. Intenté pensar del mejor modo posible que no incluyera nada con espías o problemas internacionales. Quizás la mujer simplemente era una ladrona, robando joyas de los huéspedes o algo así. Tal vez ella solo buscaba un poco de dinero que tomar. Nada grave, nada que pudiera estar relacionado con el hecho de que mi compañero de cuarto fuera un espía o mi hermano o estuviéramos buscando algo que supuestamente podría poner en riesgo la seguridad internacional.

Vamos. ¿A quién quería engañar? ¿Cuántas eran las posibilidades de que la mujer fuera una simple metiche o ladrona considerando la situación? Miré a Klaus esperando alguna explicación pero él no dijo nada. Se pasó el resto del día revisando cada lugar que la mujer había tocado sin encontrar nada. Esa noche ni siquiera salimos a cenar o pedimos algo.

Mi estómago gruñó en protesta y me dificultó encontrar el sueño. El suelo estaba más duro e incómodo si aquello era posible, mi mente se negaba a descansar presa del miedo y no importaba cuánto lo intentara no podía cerrar los ojos por mucho tiempo. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué había pretendido al venir a París?

Estaba en algún momento de mi constante lucha contra mis pensamientos por dejarme dormir cuando escuché un ruido. Enseguida me di vuelta y vi las sombras detrás de la puerta. El grito quedó atrapado en mi garganta, el miedo me dejó sin capacidades físicas o quizás fueron mis instintos que me dijeron que lo peor que podía hacer era gritar. Los escuchaba murmurar, escuchaba los ruidos en la cerradura mientras intentaban forzarla y cuando alguien me tomó por detrás y cubrió mi boca tan solo pude pensar en huir.

Mordí fuertemente la mano de mi agresor y lo sentí tensarse detrás de mí ante el dolor pero luego me relajé cuando me di cuenta de que era Klaus. Mi error, lo siento. Él se llevó un dedo a los labios y luego me soltó. ¿Cómo era posible que hubiera aparecido a mi lado de un modo tan rápido y silencioso? Quizás, después de todo, sí fuese un espía altamente entrenado.

Él tomó mi mano y nos levantamos. Los ruidos en la puerta eran muy bajos, de haber estado dormida seguramente no los habría escuchado. Ok, esta ya era la tercera vez, y era aún más aterradora que las anteriores. Mañana saldría de este lugar con o sin Klaus, no me importaba si ponía la seguridad mundial en peligro por eso.

Lo miré sin palabras cuando él se subió sobre la cama y esta hizo ruido. ¿Qué? ¿Y se suponía que este sujeto tenía años de entrenamiento ultrasecreto? Retiro lo dicho anteriormente. ¡Él no tenía nada de espía altamente entrenado! Pero su indiscreción no acabó allí sino que también tiró de mí para que cayera sobre el colchón y este nuevamente hizo ruido. Lo miré furiosa pero él no parecía ser consciente de lo que estaba haciendo. Se puso en pie, más ruido. Y tiró de mí hasta que me levanté, más ruido.

Me cubrió la boca antes de que pudiera protestar. ¿Cómo podía ser tan idiota? Y él no vaciló en moverse, causando así más ruido de resortes viejos, y acorralarme contra la pared. Lo miré con odio. ¿Por qué simplemente no dejaba de moverse y causar ruido? ¿Quería que nos descubrieran y matasen o qué? Pero en vez de eso él señaló la puerta y me fijé. Los ruidos en la cerradura habían cesado, los hombres al otro lado se habían detenido. ¿Estarían pensando cómo matarnos al saber que estábamos aquí? Me quité la mano de Klaus de encima.

—Gime —susurró él.

—¿Qué? No —susurré.

Le sostuve duramente la mirada, nada de esto tenía sentido. ¡Y él definitivamente había perdido la cabeza! Tampoco dejaba de moverse para hacer ruido.

—¿Qué haces? –susurré.

—Somos dos adolescentes, sin ningún adulto, en una habitación de hotel en París en medio de la noche. ¿Qué se supone que estaríamos haciendo? –dijo él tan bajo como fue posible—. Ahora, Bright, muéstrame si eres buena actriz.

—Mi nombre es Emma —dije.

—No me importa —dijo él—. Hazlo o te obligaré a hacerlo, tú elige.

Secreto de actriz: no importaba la situación o lo que tuvieras que actuar, no importaba quién fueras en realidad o qué te atrevieras a hacer, al momento de actuar era esencial olvidarlo todo y ser el personaje. Yo no era Emma Stonem, chica común en medio de un asunto del MI6 y no estaba aquí con un espía. Yo era Emma, una chica normal y estaba aquí con mi novio. Por lo que no vacilé al momento de soltar un gemido.

Si alguna vez has estado en el equipo de teatro de Maurice, entonces él te ha hecho actuar las escenas más excéntricas y las situaciones más humillantes. Una vez invitó a todo un año de la universidad de Oxford a un ensayo. Otra vez nos hizo ensayar en ropa interior. Y era mejor no hablar de su selección de escenas para encontrar a sus mejores actores. Si querías estar en alguna obra de Maurice no debías tener escrúpulo de ningún tipo ni temer a la humillación.

Así que simplemente gemí, recordando que Maurice ya me había hecho actuar una escena así con un micrófono escondida tras bambalinas y un co-actor. De hecho, él me había hecho repetirlo una y otra vez hasta que lo consideró perfecto aunque, te lo advierto, por perfecto él quiso decir que provocó el efecto que debía y sus palabras para explicarlo no fueron para nada censuradas o lícitas.

La reacción de los hombres que estaban intentando entrar se notó al instante por lo que simplemente gemí otra vez y continué con la puesta en escena. Hasta dije el nombre de Klaus una o dos veces y al cabo de unos minutos los hombres abandonaron lo que estaban haciendo y huyeron. Increíble, jamás hubiera creído que algo así podría funcionar de este modo. Casi tenía ganas de besar a Maurice por haberme hecho ser capaz de actuar cualquier cosa sin importar lo que implicase.

—Bien, Bright. No sé qué clase de actriz serás pero eso estuvo perfecto —dijo Klaus.

—Funcionó —dije sorprendida y él finalmente me soltó y se alejó.

—Principiantes. Aprendí este truco en Bruselas. Es increíble lo útil que puede llegar a ser.

Él se bajó de un salto y se acercó hasta la puerta. Se agachó para mirar por debajo de ella y se reincorporó. Abrió apenas lo suficiente para fijarse si había alguien y luego salió a chequear el pasillo. Me bajé de la cama y estuve feliz de sentir el suelo bajo mis pies nuevamente. Klaus volvió segundos después y lo primero que hizo fue tomar su bolso de donde estaba y tirarlo sobre la cama.

—Esperaremos a que sea de día, y nos iremos —dijo—. Aquí ya no hay nada.

—Finalmente —dije—. ¿Pero en serio teníamos que esperar a que esto pasara para que me escucharas?

—Esto va más allá de lo que comprendes. No eran los mismos tipos que las otras veces. Temo que hay más bandos en este juego de los que creía.

—¿Qué? ¿Hay más tipos malos detrás de nosotros además de los que tienen a mi hermano? Podrías haberme advertido si siempre lo supiste.

—Eres una persona de riesgo.

—Pues la persona de riesgo acaba de hacer que nos dejen en paz. ¿Por qué estás tan dispuesto a ocultarme todo?

—Porque sé que no eres una persona en la que se pueda confiar, cuanto menos sepas mejor. Ya bastante tonto y arriesgado es haberte involucrado en esto.

—Ah, cierto que crees que terminarás muerto por estar conmigo. ¿Es porque soy solo una chica?

—No. Es porque eres una chica y una Bright —murmuró él mientras armaba su bolso—. Y esa nunca es una buena combinación.

—¿Y qué tiene que ver eso? Mi nombre es Emma Stonem y que tú y todos estén determinados a creer que soy un peligro sin siquiera decirme por qué no es mi problema. No soy una Bright. Nunca lo fui. Ahora deja esa tontería de lado —dije molesta.

—Me robaste en el tren, no eres de fiar —dijo simplemente.

—Para demostrarte que no debías subestimarme, odio que me traten de menos cuando fueron ustedes los que me pidieron ayuda a mí. Yo no me ofrecí.

—No puedes hablar ni decir nada al respecto, no sabes nada.

—No, tienes razón, no sé nada y eso porque todos parecen determinados a darme la menor información posible.

—¿Puedes dejar de ser una niña malcriada y caprichosa por una vez y callarte?

Esa, definitivamente, fue la gota que rebalsó el vaso. Yo no era ni caprichosa ni malcriada, tenía un punto y no pensaba dejar de defenderlo. Me acerqué hasta él y lo tomé por su camisa. No me importaba quién fuera ni quién se creía que era, para mí no era más que un adolescente idiota como muchos otros que conocía.

—Si tú no piensas ayudarme entonces obtendré las respuestas por mi cuenta. Es mi hermano a quien estamos siguiendo y si quieres mi ayuda te recomiendo que empieces a tratarme mejor. He aquí una advertencia. No tendré la menor idea de lo que signifique ser una Bright ni cuál problema tenga el MI6 con las mujeres de esa familia, pero yo soy una Stonem y aquello significa nunca ceder y nunca darnos por vencidas cuando queremos algo y yo quiero a mi hermano de regreso.

Lo solté y no le di oportunidad de responderme. Me di vuelta y me ocupé de mi propia valija. Tal vez sí hubiera heredado parte del carácter de mamá pero sabía lo determinada que ella podía ser en su trabajo y yo era igual. Klaus se equivocaba si creía que podía tratarme así y subestimarme, haría lo que fuera necesario para recuperar a Ethan aun si aquello implicaba meterme de cabeza en este asunto de espías.

Dejaría de ser una chica normal y no hacer nada y empezaría a poner en práctica lo que había aprendido en mi vida fuera la actuación de Maurice, los actos de chica mala de Alice o los trucos de espía de Ethan. Cualquier cosa estaría bien. Sería yo también una espía si era necesario.

 

 

 

Capítulo 6

 

Apenas salió el sol puse en marcha mi plan. No tenía un entrenamiento de vida entera de espía ni tecnología avanzada de alta generación pero tenía mi ingenio, un Ipod y una vida entera de travesuras con Alice, la oveja negra de la familia, los juegos/trucos de mi hermano, las exigentes técnicas de actuación de Maurice y la determinación de una Stonem. Así que no, no era una Bright o lo que aquello significase, pero era una Stonem y jamás cedería tan fácilmente.

Sabía que Klaus ya se había ocupado de cubrir todo durante la noche. Un auto vendría a recogernos a las siete y media y cambiaríamos de hotel. Él también luego se ocuparía de hacer el check-out en recepción. Mi valija ya estaba armada, pequeña y con nada más que lo necesario como mamá me había enseñado, y mi bolso de mano colgaba de mi hombro.

Saqué mi Ipod, me puse los auriculares y pretendí ignorar a Klaus mientras escuchaba música y releía por milésima vez mi libreto. Lo observé por el rabillo del ojo quitar las cámaras de la puerta y la ventana y, por último, la del baño. Su bolso estaba sobre la cama junto con el mapa que me había mostrado el primer día.

Esperé a que él fuera al baño para hacer lo que los hombres debían hacer allí por las mañanas. Aun si sabía que había quitado las cámaras tuve cuidado al quedarme sola en el cuarto. Tomé el Ipod y pretendí cambiar de canción cuando en realidad activaba la cámara. Al momento de guardar el Ipod en el bolso me aseguré de tomar una perfecta fotografía del mapa y capturarlo en una imagen.

En ningún momento dejé mi actuación. Si Klaus sospechó algo cuando volvió, no lo mencionó ni lo dio a entender. Éramos dos actores que habían aprendido con una exigencia más allá de la normal, fuera de parte de Maurice o el Servicio Secreto de Inteligencia, pero yo tenía ventaja. Sabía que él estaba actuando u ocultando cosas pero por más que él desconfiara no tenía modo de saber si yo estaba actuando u ocultándole cosas. Él no tenía motivos para pensar que yo había hecho algo más que estar leyendo mi libreto y escuchando música durante su ausencia.

Me puse mis lentes Vogue y abandonamos la habitación definitivamente. Mientras me sumergía nuevamente en mi papel de feliz pareja agradecí internamente haber logrado salvar mi Ipod. El MI6 había sido muy estricto con mis cosas argumentando que debía dejarle todo a mi doble pero por suerte ellos no sabían que siempre llevaba un segundo Ipod escondido en mi bolso de mano. Sí, mamá varias veces se había olvidado de que ya me había comprado uno y al parecer no entendía que mientras pudiese escuchar música a mí no me importaba que fuera de última generación o no. Así que cuando el MI6 me hizo vaciar mi bolso para entregar la mayor parte de mis pertenencias, y sobre todo aquellas que pudiesen usarse para tener comunicación, había sido lo suficientemente egoísta como para no desear entregar mi segundo Ipod y quedarme sin música.

Quizás a aquello se debió la mirada de desconfianza que me echó Klaus mientras bajábamos en el ascensor pero lo ignoré pretendiendo estar más interesada en mi música, lo cual no era difícil. Esperé en recepción hasta que hizo el check-out y luego nos encontramos con un hombre en la acera. Me miró con recelo y desprecio por lo que enseguida lo clasifiqué como otro agente. El viaje en auto fue mayormente en silencio. Miré las hermosas y soleadas calles parisinas mientras me preparaba mentalmente para lo que me esperaba. Esto podía salir bien, o podía salir extremadamente mal y Klaus tendría excusa para su desconfianza. Estar apoyada totalmente contra la puerta pretendiendo que tu atención está perdida en el exterior tiene una gran ventaja, es imposible que el vidrio refleje lo que tu mano está haciendo dentro de tu bolso de mano ubicado entre tu cuerpo y la puerta.

—No deberías tener un reproductor de música aquí —dijo Klaus y lo miré molesta.

—Lo siento, no sabía que escuchar Taylor Swift era algo de alto riesgo —dije y me quité un auricular—. ¿Quieres también?

Él no dijo nada más y me ignoró. Punto para Cam, ella tenía razón al decir que los hombres no querían saber nada más al respecto apenas mencionabas a Taylor Swift. Lo cierto era que en aquel momento la música estaba muy lejos de ser el centro de mi atención, la había detenido hacía tiempo y con movimientos lentos e imperceptibles pero seguros había salido de esa aplicación y había encendido la grabadora.

Con un movimiento maestro enrosqué el cable del auricular alrededor de un dedo y metí la mano en el bolsillo de mi abrigo. Desde el exterior nadie jamás hubiera sospechado, parecía un adolescente más como cualquier otro con su reproductor de música en un bolsillo y la mano allí para controlar el volumen mientras escuchaba música.

Pasar de un pequeño y humilde hotel cerca del Champ de Mars a un hotel cinco estrellas en los Champs Élysées fue una completa sorpresa aunque ya estaba acostumbrada a moverme en hotelería de aquella altura. Sí, sé que parece que Klaus tenía razón al tratarme de niña malcriada y caprichosa pero lo cierto era que a pesar de haber nacido en una familia de clase alta y que mamá solo se conformase con lo mejor, yo estaba muy lejos de ser tal como él pensaba. Pero aquel no era motivo para hacerle saber la verdad. Después de todo, él mismo había dicho que la cubierta era lo más importante y si él creía que trataba con una niña malcriada y caprichosa entonces seguiría creyéndolo para no saber de lo que en verdad era capaz.

Bajé del auto, esperé a que el hombre abriera el baúl para recuperar mi valija y me alejé con la mayor actitud posible. Era una actuación y mi personaje no se molestaría en no pretender que sus zapatos de tacón valían tanto como sus lentes oscuros de marca. Aprovecharía lo que los demás pensasen de mí por más equivocados que estuvieran.

Me detuve en recepción y los esperé. Sin sacar la mano que sostenía el extremo del cable de mi bolsillo los miré una última vez antes de pretender indiferencia y molestia y mirar para otro lado. Busqué mi punto de apoyo. Había un jarrón de plata en recepción que reflejaba bastante bien lo que estaba ocurriendo afuera y lo sabía. Klaus y el otro agente estaban hablando, aprovechando que no estuviera allí. Ellos en ningún segundo me quitaron los ojos de encima. Vaya, esto de cero confianza iba en serio.

Cuando Klaus reacomodó el bolso sobre su espalda y supe que estaba dispuesto a dar por terminada la charla entré en escena. Toqué inconscientemente mi hombro como si esperara encontrar algo y pretendí sorpresa y desesperación al no encontrar mi bolso. Miré mi valija y mi alrededor actuando con perfecta alteración y temor. Afuera Klaus negó incrédulo con la cabeza y se dio vuelta para recoger mi bolso del auto. Lo miré molesta y él levantó mi bolso. Mi personaje jamás aceptaría que había sido un error suyo haberlo olvidado, mi personaje estaría molesta con Klaus por tenerlo.

Él entró en el hotel y le arrebaté mi bolso. Lo colgué con orgullo de mi hombro. Las cosas habían salido bien, no parecía sospechar de la consentida chica con la que creía estar tratando. Klaus me tomó por el brazo, poniendo bastante en riesgo mi truco de seguir escuchando música pero me deshice con suavidad de su agarre y le sonreí como la feliz pareja que se suponía que éramos.

—Tengo que ir al baño —dije.

—¿Ahora?

Pareció molesto y receloso. Ok, seguía desconfiando y sospechando de mí. Al parecer no estaba dispuesto a dejarme sola los segundos que necesitaba, por lo que recurrí a lo que cualquier mujer en mi lugar hubiera hecho para librarse de un hombre. Internamente agradecí a Alice, desde que ella había podido utilizar esta excusa jamás había vacilado y siempre había sido efectiva.

—Tengo la regla.

Ahí acabó el asunto, él no quiso saber nada más al respecto. Me dejó ir sin oponer ninguna negación. Hombres, creían ser los más fuertes y dominantes y la simple mención de la regla los hacía retroceder. Así que totalmente libre me dirigí al baño, sin ningún ojo encima ni nada. Debería haber usado esta excusa antes para deshacerme de él.

Una vez en el baño dejé mi bolso de mano sobre la mesada. Dejé de preocuparme por pretender que mis auriculares estaban enchufados en alguna parte. Busqué dentro del bolso durante varios segundos hasta encontrarlo. Sonreí. Un pequeño lugar en el forro estaba descocido, un escondite perfecto para cualquier cosa que cupiera. Los escondites secretos siempre habían sido trucos de Ethan pero aquel en mi bolso había sido mi idea.

Saqué el Ipod y sonreí al ver que seguía vivo y grabando. Detuve enseguida la grabadora, enchufé mis auriculares y busqué el archivo de audio. Tomé una profunda inhalación, sabía que no podía abusar mucho de mi tiempo. Puse a reproducir la grabación y me concentré para prestarle atención a cada simple palabra.

—Así que esa es la Bright. No parece más que una chica consentida.

—Y créeme que no es nada fácil tratar con ella —dijo Klaus.

—Es ridículo que esté aquí, de seguro nos meterá en problemas. Es una vergüenza que sea la hermana de Ethan Bright. Él es un agente altamente calificado y entrenado y ella es una chica tonta. Si volvemos a tener problemas por permitir algo así rodarán cabezas.

—Sí y temo que serán nuestras. Esos malditos no me dijeron que tendría que lidiar con una Bright al momento de hacerme tomar un vuelo desde Saint Petersburg.

—Cualquier persona con un sano estado mental lo hubiera negado de saber que tendría que tratar con ella. No luego de lo que sucedió la última vez. Todo el mundo sabe que involucrar a una Bright en una misión es el fracaso asegurado.

—Supongo que tendré suerte si no me disparan.

Detuve la grabación en aquel momento. Volví a la aplicación de música, puse un tema aleatorio y recuperé mi bolso. Me mojé rápidamente las manos, solo por si acaso. Aunque tratando con un espía, sería necesario tomar todas las precauciones posibles. Cuando salí del baño me sumergí nuevamente en mi actuación como si no hubiera hecho nada. Como si no hubiera grabado a escondidas una conversación entre dos agentes. Como si no fuera totalmente consciente de que desconfiaban de mí y creían que era una vergüenza para mi hermano. Como si no fuera consciente de que el presente trato era consecuencia de un acto pasado.

Me reuní con Klaus en recepción. Ni siquiera me molesté en preguntar si había hecho el check-in con otros nombres o cualquier otra cosa. Por el modo en que tomó mi brazo supe que nuestra actuación continuaba por lo que le sonreí antes de besarlo en la mejilla pretendiendo estar tan enamorada como fuera posible. Aquello debió sorprenderlo aunque solo mostró una perfecta y falsa sonrisa en respuesta.

Lo odiaba. Internamente lo odiaba a él y al otro agente. Quería tener mis guantes de box y golpearlos tan fuerte como fuera posible, serían dos excelentes sacos para practicar. Pero el arte de la actuación recaía en no mostrar tus verdaderos sentimientos, en separar tu yo interior del personaje. Y lamentablemente, yo estaba jugando con tres personajes. El que debía ser frente a todos, el que debía ser frente a Klaus y los demás agentes y mi verdadera persona. Era como una caja dentro de otra caja dentro de otra caja.

El personaje que debía pretender ser la pareja de Klaus pero en realidad no se llevaba bien con él no debería haber grabado y oído esa conversación por lo que no debería desear matarlo tanto en este momento. Así que el sorpresivo beso había estado bien. Mi personaje no odiaba a Klaus más de lo esperado. Mi personaje, de haber oído la conversación, no hubiera hecho eso. Y Klaus, pobre y tonto espía que me subestimaba, perdió cualquier sospecha que hubiera tenido.

Una vez en el lujoso cuarto dejé de fingir ser su feliz pareja. Me apresuré a encontrar la cama y apropiarme de ella antes de que fuera demasiado tarde. Ya había aprendido del error anterior. Lamentablemente, a pesar de que deseaba con maldad que él durmiera en el suelo y sufriera lo mismo que yo aunque de seguro este suelo no era tan malo, el cuarto no era solamente una cama y un baño sino que era dos ambientes. Y había un sillón que parecía cómodo en la sala de estar. No era justo.

—Calma, Bright, ni siquiera es el mediodía —dijo él.

—Mi nombre es Emma —dije.

—Relájate y disfruta del lugar.

—¿Por qué este hotel? –pregunté.

—Necesitamos despistar y destruir totalmente nuestras anteriores identidades. El cambio de categoría es considerable. De un barato hotel dos estrellas al más caro en París. Necesitaremos mantener una buena actuación los próximos días para asegurarnos de que nadie ande tras una joven pareja que solo está de visita en la ciudad del amor.

Lo miré molesta pero internamente sabía que me estaba mintiendo. Ya había estado en este hotel con Ethan una vez. Sabía que algo me estaba ocultando. Y también sabía que por más que no lo dijera si los tipos malos habían podido encontrarnos antes y estaban tras nosotros no se darían tan fácil por vencidos y nos volverían a encontrar. Él nos había traído aquí por alguna razón, estaba corriendo un riesgo si nos encontraban. Sería demasiado extraño que una pareja pasase de un pequeño hotel a esto.

Klaus rápidamente abrió su bolso y sacó los elementos que necesitaba para instalar la misma vigilancia que en el lugar anterior. Lo observé durante unos segundos en silencio mientras él me ignoraba totalmente. Miré la puerta y sopesé la idea de salir o no pero apenas avancé unos pasos él levantó la cabeza y me miró.

—¿A dónde vas?

—No creas que estaré aquí encerrada todo el día. Ya estoy harta de eso.

—No puedes salir sin mí —dijo él.

—Saldré con o sin ti. No entiendo por qué insistes tanto en tenerme vigilada. ¡No haré nada! ¿Qué es lo tan dañino que puedo hacer estando sola en París?

—Si te pierdes no te iré a buscar.

—No soy una niña, no me perderé —dije—. Y no necesito que andes cuidando de mí como mi chaperón.

—No saldrás de aquí.

—Perfecto, entonces me ayudarás a practicar —dije y tomé mi libreto como soporte—. El teatro no es solo memorizar los diálogos, tengo que ensayar mi performance también.

—Olvídate de esa obra, para eso está tu doble —dijo Klaus.

—Tengo la esperanza de volver antes de la obra y actuaré si es que mi doble no consiguió que me echen. Ahora, me vendría bien que alguien me ayude —dije y abrí el libreto en una parte al azar—. El reloj daba las nueve cuando envié al ama, que prometió volver en media hora. Acaso no le puede encontrar. No será eso; ¡Ah, es una inválida!

—Ya para, no me gusta el teatro —dijo Klaus y lo callé.

—Todavía no es tu turno. Tú eres el ama y tienes que esperar a que yo termine mi gran monólogo —dije y continué—. Los heraldos del amor deberían ser los pensamientos, que se deslizan diez veces más de prisa que los rayos del sol cuando…

—¡Calla! Es insoportable. Odio las tragedias —dijo él—. Siempre todos mueren.

—Por eso se le llama tragedia —dije y abrí la boca para continuar.

—¡Vete! ¡Sal si eso quieres! Pero tan solo… basta. ¿Ok? No vuelvas a leer una sola palabra, es tortuoso. Practica afuera. Pero si no vuelves no creas que no saldré a buscarte.

—Será solo un rato, un paseo. Necesito estar alejada de ti. —Guardé el libreto dentro de mi bolso—. Volveré más tarde, lamentablemente no me puedo salir de esto.

Salí enfurecida por haber sido echada aunque internamente estaba conteniendo mi sonrisa. Lo había logrado. ¡Libertad! Un momento, lo había logrado. Klaus me había dejado salir. Klaus. Libertad. Salir. No, esto no tenía sentido. Tenía que haber algo oculto, no podía ser posible que empezar a practicar teatro simplemente me hubiera liberado. Algún truco oculto debía haber, esto no podía haber sido tan fácil.

Me metí en el ascensor, completamente sola. Sí, sabía que esto sonaba bien y parecía haberme salido con la mía pero la cosa no podía ser simplemente tan sencilla. Tomé el Ipod y salí de la función de música para buscar la grabación. Nuevamente la reproduje desde donde la había dejado y le presté atención.

—La última vez que involucramos a una chica Bright en un asunto de estos el tiro nos salió por la culata —dijo Klaus—. Debemos tener mucho cuidado.

—¿Crees que sea tan astuta como la otra?

—No lo sé, pero es peligrosa. Puede parecer inofensiva pero así como la vez es mejor actriz de lo que se cree y ya me robó una vez.

—No debes quitarle un ojo de encima. Podría estar encubierta.

—Tranquilo, le he puesto un rastreador mientras dormía. No irá a ningún lado sin que yo lo sepa. A mí no se me escapará ni aunque mi vida dependa de ello.

—Teniendo que lidiar con una Bright eso es muy posible. Qué desperdicio. Una familia que ha tenido a los mejores espías del mundo en cuanto a hombres y las mujeres que siempre provocan algún problema grave. Todavía estamos pagando por la última vez, nunca volveremos a tener una oportunidad como esa. Tengo que irme.

—Asegúrate de conseguirme lo que pedí.

—De seguro no habrá ningún inconveniente, cuanto más la tengamos controlada, mejor. No volveremos a cometer un error ahora que sabemos qué esperarnos.

—Si se trae algo entre manos, lo sabré.

—Espero que esta vez sea a tiempo, ya hemos perdido mucho por la última Bright, no podemos volver a cometer el mismo error.

—No lo permitiré.

—¿Y ahora qué le pasa?

—Creo que perdió su bolso —dijo Klaus y suspiró—. No puedo creer que sea tan tonta. Está aquí, se lo olvidó.

—Te lo digo, esta chica nos costará la vida.

La grabación terminó allí. Luego no había nada más interesante que mi encuentro con Klaus y mi recuperación del bolso. Quise gritar pero me contuve. ¡Maldito espía! ¡Me había puesto un rastreador en alguna parte! ¡Por eso me había dejado salir! Eso lo explicaba todo, seguro debía estar en la habitación vigilando cada uno de mis movimientos. ¿Y cómo podía estar segura de que el rastreador era lo único? Quizás hasta tenía puesto un micrófono en alguna parte, o una microcámara. Me vengaría por esto, encontraría un modo.

Así que, solo por si las dudas, busqué algún lugar con poca gente y comencé a practicar. Solo por si tenía un micrófono. Solo por si el maldito de Klaus también me había puesto una cámara en algún lugar o algo así. ¡Un rastreador! ¡Idiota! Definitivamente se había metido con la persona equivocaba. ¿Y dónde me había puesto el rastreador? ¿Mis zapatos? ¿Mi bolso? ¿Mi ropa? ¿El lazo rojo con el que tenía atado el cabello? ¿O había sido tan psicópata para anestesiarme y ponerme el rastreador en alguna parte del cuerpo? No, podía estar un poco paranoica por todo esto de tratar con un espía pero aquello ya era exagerar. Al menos todavía no había encontrado ninguna marca en mi cuerpo que demostrase lo contrario.

En vez de prestarle atención a eso dejé ir mis problemas y practiqué. Sabía la mayoría de los diálogos, podía recitarlos fácilmente de memoria, pero era mi performance lo que más me importaba en este momento. Dejé mis cosas sobre un banco cercano y empecé a repetir mis líneas. Poco me importaba cómo me mirase la gente al pasar. Mi voz era firme cuando debía serlo, dolida cuando estaba sufriendo, vacilante cuando debía pretender inseguridad.

¡Si estás escuchando, Klaus, aquí tienes la prueba de mi práctica!

Simplemente practiqué, sin importarme nada, improvisando a partir de lo poco que tenía. Increíblemente, las personas se quedaban mirando. El primero en acercarse hasta mí fue un niño, y luego su madre. Y con el tiempo más gente. Ya tenía formado un pequeño público mientras continuaba practicando mis diálogos. No duró mucho, no considerando que era yo sola diciendo algunos monólogos de Julieta. Pero cuando terminé mi primer monólogo recibí aplausos y no pude evitar sonreír al inclinarme y recibirlos como era debido.

Actué cuatro monólogos más antes de tomar un descanso, siempre recibiendo aplausos de mi pequeña audiencia al final. Luego decidí que ya era suficiente. Si esto no era aferrarme a mi cubierta entonces no sabía qué lo era. Busqué uno de los puestos de turismo que nunca faltaban en la gran avenida y tomé un mapa de la ciudad. Ya iba siendo la hora del almuerzo por lo que busqué un lugar donde comer y me instalé en una de las mesas de afuera. Luego de pedir la comida a un amable camarero y sonreírle abrí el mapa sobre la mesa y tomé mi Ipod.

Con un bolígrafo intenté reproducir lo mejor que pude el mapa de Klaus sobre uno dado por la agencia de turismo del gobierno. Había tres puntos en rojo, marcas en negro y rutas en verde. Lamentablemente, yo solo contaba con un color por lo que me las tuve que arreglar con eso. Copié la fotografía del mapa lo mejor que pude. Había números al lado de las marcas rojas y lo que parecían ser fechas en las marcas negras. También había notas pero aquello era más difícil de distinguir y copiar y además ya me habían traído la comida.

Guardé el Ipod y almorcé mientras observaba el mapa delante de mí e intentaba descifrarlo. No fue difícil sospechar que las marcas más grandes, los puntos rojos en el mapa original, eran lugares donde Ethan se había quedado. Uno de los lugares era el hotel en el que antes habíamos estado y, casualmente, otro era el hotel en el que ahora estábamos. Entonces sí, Klaus nos había llevado a ese hotel solo para estar en el mismo lugar que Ethan poniéndonos en riesgo a ambos de ser predecibles y sospechosos. Mentiroso.

Los números en las marcas fueron más difíciles de descifrar. Intenté no darme por vencida mientras terminaba mi ensalada, pero al cabo de unos minutos preferí pasar a intentar comprender el resto del plano. El punto era que intentar comprender a Ethan sin mucha información, sin información en absoluto de hecho, era algo imposible. Mi hermano ya era bastante difícil de entender y descifrar sin necesidad de estar ocultando algo. Esto parecía ser un largo y duro trabajo por delante.

Al momento de volver al hotel no había avanzado mucho pero no me quedaba otra opción. ¿Qué me decía que Klaus no saldría a espiarme si me tardaba mucho? Él continuaba en la sala, tal como lo había dejado, solo que estaba recostado en el sillón con su ordenador portátil sobre sus largas piernas. Seguro, debía haberme estado vigilando a cada paso para saber mi ubicación. Pero simplemente fingí indiferencia al verlo.

—Ya que no volvías me decidí a almorzar por mi cuenta, el hotel tiene un gran servicio de habitación —dijo él.

—Lo sé. Y lo supuse considerando la hora. Yo también almorcé ya —dije.

—¿Cómo estuvo la práctica?

—Bien, hasta reuní una pequeña audiencia que me felicitó al final.

¿Me estaba preguntando para pretender interés o para confirmar lo que ya debía saber por sus pequeños aparatos de control encima de mí? De seguro no estaba preguntando porque en realidad le importase.

—¿Tienes alguna noticia de mi hermano?

—No. –Y si la tenía no me lo diría—. Estaba pensando que más tarde podíamos salir a cenar, juntos. Ya sabes, cubierta que mantener.

—Claro, novio.

Logré ocultar lo mejor posible el hecho de ser consciente de lo que en realidad él, y seguramente todo el MI6 por cómo parecía ir el asunto, pensaba de mí. Pude sobrevivir el resto del día mi falsa pero actual vida. A la noche me eché primera en la cama antes de que él pudiera adueñarse como la última vez, mi cuerpo realmente necesitaba algo mejor que el suelo. Oculté mi Ipod dentro de la funda de mi almohada, tendría que pasar sobre mí para tomarlo y por alguna razón no dudaba en que intentaría encontrarlo y revisaría libremente mi bolso. Por suerte, allí no había nada y me había asegurado de ocultar el mapa dentro del agujero del forro de modo que nadie pudiera encontrarlo al menos que supiera dónde buscar.

Mi suerte no duró mucho. Estaba dispuesta a dormirme cuando Klaus apareció sin previo aviso y se dejó caer a mi lado. Lo miré indignada. Esta era mi cama. Era mi turno de dormir bien. Él no tenía ningún derecho a hacerme esto y no pensaba compartir lecho con él.

—¿Qué es lo que haces? –pregunté molesta.

—No pienso dormir en el sillón.

—Y yo no pienso dormir contigo.

—Entonces puedes usar el sillón —dijo él.

—¡Vete! He tenido que soportar dormir noches en el suelo por tu culpa, merezco esto más que tú. Ahora sal de mi cama.

—Si tú no quieres compartir no es mi problema.

Él simplemente se dio vuelta y me dio la espalda. Lo pateé para echarlo pero no reaccionó. Me olvidé de la amabilidad o que mi vida quizás dependía de él. Lo pateé con tanta fuerza como fui capaz. Aunque había preferido el box sobre cualquier otra cosa recordaba perfectamente mis cursos de artes marciales o defensa personal hacía unos años. Él se quejó, lo que me dijo que había pateado bien y con fuerza y le había dolido. Para mi mala suerte, pelear contra un agente secreto pocas veces resultaba bien.

Si mi intento de enfrentamiento con Thomas o los dos guardias en la central del MI6 habían sido humillantes y patéticos, este fue peor. Mucho peor. En menos de dos segundos Klaus estuvo sobre mí y me inmovilizó. Sostuvo con una sola mano mis muñecas en alto. Su cuerpo era más grande y pesado que el mío y maldije ser tan delicada y delgada y no poder moverme. Lo físico puede no ser todo pero en este momento lo era, realmente. Me sonrió con diversión antes de llevarse un dedo a los labios.

—Tranquila, no puedo matarte sin una excusa —dijo él—. Ahora, estoy siendo un caballero y perdonando el primer golpe, pero si vuelves a patearme lo devolveré.

—Idiota —dije.

—Ustedes demandaron la igualdad de sexos, yo tan solo la respeto. Tengo tanto derecho a golpearte como tú a mí. Y no eres específicamente una inocente e inofensiva chica por lo que no tienes nada que reclamar.

Lo empujé fuera de mí y él volvió a acomodarse, listo para dormir, como si nada hubiera sucedido. Apreté los dientes preguntándome cómo este chico podía ser más que una persona odiosa. Me puse en pie y creí verlo sonreír al pensar que había ganado la batalla y yo había cedido y entregado totalmente la cama pero no era así. Yo no dormiría en el sillón y definitivamente no dormiría en el mismo lugar que él.

Me dirigí al baño, llené el vaso con agua y no me importó si la consecuencia de mi futuro acto sería ser lanzada por la ventana y sufrir una caída de varios pisos de altura. Volví al cuarto, me paré junto a la cama y sin vacilar ni un segundo di vuelta el vaso sobre él. Gritó y se levantó de un salto cuando el agua helada cayó sobre su cabello y rostro. Bien, había sorprendido y agitado a un espía. Me miró sin palabras pero simplemente me mantuve firme y señalé la puerta.

—Vete. Ahora —dije.

Él no dijo nada. Se puso en pie como si todavía no terminara de creer lo que había hecho y partió. Cerré la puerta detrás de él y le eché el cerrojo. Lección aprendida, nunca más dejaría la puerta sin cerrojo aunque de seguro que sabía cómo abrirla. Pero no se atrevería a volver, no luego de ver lo que era capaz de hacer con tal de echarlo. Me eché sobre la cama y a pesar de que una de las almohadas y el lado en el que KIaus había estado estaban mojados no me importó. Cerré mis ojos, me acomodé y por la primera noche disfruté de un sueño digno.

Decidí, al despertarme a la mañana siguiente, que era tiempo de imponer mis propias reglas. Si había logrado ganarle a Klaus la noche anterior también podía hacerlo otra vez, o dos, o varias. Sí, lo odiaba. No, tenerlo de enemigo no parecía una opción de lo mejor. Así que recuperé mi Ipod de la funda de mi almohada y lo metí en mi bolso. Me cambié, me maquillé, me calcé mis zapatos agradeciendo más que cualquier cosa como cada mañana esos centímetros más de altura. Comprobé mi brillo labial una última vez en el espejo (adoraba el tono color cereza sobre mis labios) antes de salir y reunirme con Klaus en la sala.

Así como yo había crecido atenta a mi apariencia por exigencias de mamá, y realmente daba resultados, él era alguien digno de quedarse mirando. Nota: la próxima vez (ojalá no hubiera) necesitaría especificar que mi compañero no fuera tan ardiente como el actual. Y por el momento no se había mostrado engreído ni consciente de su apariencia, lo cual era bueno. Había aprendido, con los años, que si uno se veía hermoso entonces los demás también lo verían y sería más sencillo sobrellevar los asuntos de autoestima. Pero considerarse a uno lindo no significaba ir por allí presumiendo ni nada por el estilo, aquello era una horrible actitud.

—¿Estaba el sillón tan malo? –pregunté.

—La cama podría haber estado mejor. Al menos acá no me atacó una chica de dieciséis años.

—El piso podría haber estado peor, créeme. Ya he dormido sobre el piso, varias noches. Oh, espera un momento, lo sabes perfectamente porque fuiste tú quien me obligó.

—No hubiera tenido ningún problema en compartir, fue tu decisión —dijo Klaus simplemente.

—Te daré un consejo, no sé ustedes pero nosotros, los normales e inactivos civiles, preferimos no dormir al lado de un extraño.

Bajamos a desayunar al comedor del hotel. Un par de falsas sonrisas, algún que otro toque de manos, palabras amables pero nada más. No haría ninguna gran demostración de afecto con él a menos que fuera absolutamente necesario. Lo intenté, pero como siempre sacarle información era imposible y él tenía un gran don para dar vuelta a la conversación hacia mí. Lo máximo que conseguí fue saber que «Buenos Aires era lindo». Pero eran sus preguntas sobre el hotel lo que llamaban mi atención. Era demasiada coincidencia que hubiéramos terminado en este hotel cinco estrellas en el que Ethan había estado en su misión y en el que también había estado yo en unas vacaciones familiares hacía unos años. Y algo me decía que Klaus no ignoraba este hecho, pero él no estaba dispuesto a soltar pieza.

Nuevamente en la habitación él se instaló con sus cosas y yo pretendí escuchar música mientras en realidad ampliaba y analizaba la fotografía del mapa. Estaba segura de que los números y barras anotados junto a las marcas en negro eran fechas pero los números junto a las marcas en rojo me desconcertaban. Intenté recordar algo relacionado, utilizar mi memoria y mi mente como Klaus me había dicho aquella vez con el hombre en la ventana. ¿Qué relación podían tener estos números? Pero los números podían significar muchas cosas, desde mensajes en clave hasta alguna localización. Intenté pensar, y entonces todo fue sencillo y se hizo la luz.

Es sencillo descartar lo obvio, muchas veces nuestra mente toma algo por contado sin que nos demos cuenta. ¿Cómo era posible que no lo hubiera visto antes? El número junto al punto en rojo que correspondía al hotel anterior era el mismo número de la habitación que habíamos tomado. Lo recordaba por haber padecido cada minuto estar encerrada en ese cuarto y por ver el número de la habitación de en frente cada vez que habíamos salido. Había visto ese número en la puerta cada día y no lo había notado.

Miré el número en este hotel y una ligera sensación de reconocimiento me invadió. Ya sabía lo que tenía que hacer. Tomé mi bolso, mi libreto en mano y me dirigí a la puerta. ¿Cuántas eran mis probabilidades de estar cometiendo el peor error en la historia por lo que tenía en mente? Esta vez Klaus ni siquiera se molestó en levantar la vista de su ordenador.

—¿A dónde vas? –preguntó.

—Práctica —dije levantando el libreto—. Y luego, quizás almuerzo.

—Hay una librería a dos manzanas de aquí. ¿La ubicas?

—Sí.

—Te veo allí en media hora para almorzar —dijo él. No supe qué fue peor, la sorpresa o la inconveniencia. ¿Sabía lo que estaba haciendo?

—Ok.

Salí sin pensarlo. Maldición. Maldición. Maldición. Era extremadamente inconveniente que a él se le ocurriera esto ahora pero algo me decía que no era casualidad. Ni coincidencia, y tal como decía Klaus, las coincidencias no eran buena señal. Antes de salir me fijé en el número de habitación: 43. Y recordé el número marcado en este punto: 27. Me metí en el ascensor y toqué el botón para bajar al segundo piso donde debía encontrarse esa habitación. Tuve segundos para pensarlo. El rastreador debía estar en mi bolso o en mis zapatos, eran lo único que mantenía, mi ropa siempre cambiaba y realmente no quería considerar que el rastreador estuviera en mi cuerpo.

Dejé el bolso en el piso y me quité los zapatos. ¿Cuántas probabilidades tenía de que esto saliera terriblemente mal? Preferí no pensar, siempre que necesitabas la suerte de tu parte por alguna razón no estaba. Salí del ascensor en el segundo piso esperando no estar equivocada respecto al lugar del rastreador. Caminé por el pasillo hasta encontrar la habitación 27. Ahora estaba segura, ya había estado en este pasillo antes y si no me equivocaba aquella era la misma habitación en la que Ethan, mamá, Paul y yo nos habíamos quedado la última vez.

Me detuve y llamé a la puerta sabiendo que el tiempo no era algo que me sobrase. Una excusa rápida ya se había preparado en mi mente mientras una parte de mí esperaba en vano que la habitación estuviese desocupada. ¿Pero cómo sería más sencillo investigarla? ¿Con o sin ocupante? Necesitaría la llave, todavía no sabía burlar ninguna cerradura de un hotel cinco estrellas. Alice hubiera sido de gran ayuda en este momento.

Un hombre alto y de rostro estirado abrió la puerta. Una rápida mirada me confirmó lo que creía, era la misma habitación que la de nuestro viaje. Había tenido suerte al encontrar al hombre, o quizás no. Sabía lo grande que era la habitación por lo que debía haber una familia ocupándola. Genial, más personas, más difícil.

—¿Sí? –preguntó en español y agradecí dominar tantas lenguas.

—Disculpe, pero creí reconocerle del desayuno esta mañana, la recepcionista dijo que podría encontrarlo aquí. Perdí mi móvil en el comedor y es muy importante que lo encuentre. ¿Lo ha visto por casualidad al salir del comedor esta mañana? –pregunté.

Tal vez debí haber preparado mejor la situación. Lo reconozco, no fue mi mejor actuación, pero pareció funcionar ya que el hombre me creyó y hasta su rostro mostró un poco de preocupación e interés.

—Lo siento, no lo he visto —dijo él—. Te avisaré si lo hago.

—¿Qué sucede cariño? –preguntó una mujer que apareció junto a él y sonrió al verme—. Hola, jovencita. ¿Qué se te ofrece?

—Ella perdió su móvil esta mañana en el comedor y quería saber si lo habíamos visto —dijo el hombre y una expresión de comprensión total dominó el rostro de la mujer.

—Pobrecita. ¿Ya has preguntado en recepción? –dijo ella y asentí—. Cuánto lo siento, te avisaremos si lo encontramos.

—Muchas gracias, son muy amables —dije y sonreí de un modo inocente—. ¿Están en París de vacaciones familiares?

—Sí, es nuestra primera vez. Los niños están muy entusiasmados —dijo la mujer.

—¿Ya han visitado el Louvre?

—Me temo que no.

—Es imprescindible que lo hagan, ese lugar es maravilloso. No se puede visitar París sin visitar el museo del Louvre. Les encantará. Pero necesitarán al menos un día entero. Tiene unas obras magníficas y el lugar es increíble.

—Cariño, ella tiene razón —dijo la mujer mirando al hombre—. Necesitamos visitar ese lugar.

—O Versailles —agregué rápidamente—. Yo ya he estado dos veces y no me canso de visitarlo. El salón de los espejos es un sueño.

—De hecho vamos a Versailles mañana —dijo el hombre y me sonrió—. Gracias por la recomendación.

—Deberían salir cuanto antes, así evitarán el tráfico o podrán coger el primer tren, dependiendo de cómo vayan. Y además la fila para entrar será más corta —sonreí—. Y no dejen de mirar en busca de los pasajes secretos durante la visita, el castillo es más que encanto y decoración.

Me despedí sabiendo que el tiempo era esencial y volví a llamar el ascensor. Esto era mejor de lo que esperaba, la suerte estaba de mi lado. Un viaje a Versailles tomaba al menos medio día. Si ellos seguían mi recomendación y partían a primera hora eso me dejaría con medio día para poder revisar la habitación. Ahora tan solo necesitaba encontrar el modo de entrar, aquello era el otro problema.

Las puertas del ascensor se abrieron y me encontré frente a una vieja señora que sostenía mis zapatos y mi bolso sin saber qué creer. Bueno, era imposible que toda la suerte estuviera de mi lado y la situación podría haber sido peor. Entré, le dediqué una sonrisa de disculpas a la señora y recuperé tanto mi bolso como mis zapatos. ¿Qué tan extraño resultaba esto? Esperé que el hecho de pasar tanto tiempo en el ascensor, si no me había equivocado respecto a la posible localización del rastreador, no levantara sospechas. Bien podría haber ayudado a alguien con su equipaje o algo así.

 

 

 

Capítulo 7

 

Una vez en la calle comencé a recitar unas pocas líneas de mi libreto, solo por si acaso, por si mi paranoia respecto a tener también un micrófono encima no estaba errada. Sabía que tarde o temprano enloquecería por esto, seguramente no podría volver a mi vida normal sin sentir que alguien me estaba espiando. ¿Cuánto tiempo más tendría que estar jugando con el MI6?

Ellos habían mencionado que antes había habido un problema con una Bright, uno muy grande al parecer, y ese era el origen de su total desprecio y desconfianza hacia mí. ¿Pero quién había sido exactamente? Mi familia tenía muchas mujeres aunque podía reducir el número a la mitad, ya que debía ser del lado de papá, de los Bright. Había demasiadas opciones. Y también sabía que Ethan no era el único espía en la familia, por más que nadie me lo confirmara sabía que el tío John debía ser uno. Ahora su supuesto trabajo de representante de una multinacional parecía demasiado sospechoso. Y papá, él debía haber sido uno.

Necesitaba respuestas, pero nadie planeaba dármelas. Necesitaba a Ethan, sabía que él no me mentiría, quería creer que no lo haría ni me ocultaría información. Pero eso no era lo que me importaba ahora. ¿Qué había sucedido antes? ¿Quién les había causado ese gran error del que hablaban? Sabía cómo debían sentirse, sabía lo que era cometer un gran error, ser perdonado y saber que si volvía a permitir que ocurriera sería aún peor. ¿Qué era lo tan grave que había sucedido?

Repetir mis líneas era relajante, calmaba mi mente como un mantra de serenidad. Pero luego de unos momentos ni eso me ayudó a pensar claramente, por lo que dejé de hacerlo con temor a equivocarme y decir mis pensamientos en vez de mis réplicas. Nuevamente me encontraba en el mismo callejón sin salida, con tan poca información era imposible avanzar. Sabía lo que tenía que hacer, o creía hacerlo. Irrumpir en una habitación de hotel que no era la mía. ¿Eso no era ilegal?

Lo cierto era que ya lo había hecho otras veces, pero ser cómplice no era lo mismo que ser la autora. El tío Fran, el esposo de la difunta tía Vivien, era dueño de una cadena de hoteles. Recordaba haber paseado con Alice por los pasillos y haber irrumpido en varias habitaciones, yo insegura y ella siendo una chica mala como siempre. Esto no era lo mismo. No era una niña y no entraría a una habitación desocupada, o quizás no, con la hija del dueño del hotel. Esto ya no era un juego o simple curiosidad.

Una mujer me rozó y se alejó sin darle importancia. Tanteé mis bolsillos enseguida pero sabía que no debía guardar nada allí. Me relajé, esto de tratar con espías me estaba afectando más de lo que temía. No todo tenía un truco oculto y en una calle tan concurrida como la avenida principal de París en los Champs Elysées esas cosas pasaban.

Estuve en la librería exactamente a la hora que Klaus me indicó. Lo esperé durante unos minutos y luego comencé a inquietarme. Quizás era una trampa, o quizás le había sucedido algo a él, o quizás era un idiota. No, no podía ser una trampa porque ellos no podían hacerme nada sin ningún motivo o eso esperaba. Que le hubiera sucedido algo a él… Bueno, eso era posible, pero no más posible que el simple hecho de que fuera un idiota.

Mientras lo esperaba, una parte de mí deseando que hubiera recibido alguna buena paliza, empecé a cuestionarme sobre la situación, replantearme lo que sabía hasta el momento. Tenía un mapa, con marcas de lugares donde Ethan se había quedado, marcas de encuentros y rutas. Y tenía un rastreador encima por lo que no sería bueno recorrer el mapa, él se daría cuenta. Así que eso me dejaba con nada.

Metí las manos en los bolsillos de mi fina chaqueta y me congelé cuando mis dedos atraparon algo. Lo sabía, podía sentir perfectamente el papel de una diminuta tarjeta que antes no había estado allí. Pensé en la mujer que había pasado peligrosamente cerca. Tragué el nudo en mi garganta y saqué la tarjeta imaginando todo tipo de amenazas o chantajes o cualquier cosa. Pero en vez de eso lo que encontré me dejó sin aliento.

Era una cara tarjeta blanca y con los detalles en dorados representando un hotel y el nombre «Audace» abajo. Conocía ese lugar como la casa del tío Fran, su hotel cuatro estrellas era magnífico y hubiera obtenido su quinta estrella de no ser por el modo en que Alice trató al crítico. Pero eso no era lo que importaba sino que lo escrito en tinta negra con una caligrafía que jamás sería decente, las manchas de tinta no escaseaban. Ella jamás tendría una buena letra.

Shhh…

Guardé rápidamente la tarjeta en el bolsillo. Debí saberlo. Chica mala. Ella nunca cambiaría. Intenté pensar cómo podría ella estar relacionada con el MI6 o esta situación pero me fue imposible. Alice había tomado sus ahorros, empacado y huido de su casa luego que su hermano se comprometiera con la mujer más odiosa del mundo. Ella y yo habíamos sido muy unidas a pesar de la distancia entre Boston y Londres, ambas sabíamos lo que era perder un padre a temprana edad. Aún recordaba la última vez que la había visto, en la fiesta de compromiso de su hermano. Luego simplemente había vuelto a Londres y mamá me había avisado que ella se había fugado, nada sorprendente considerando cómo era Alice.

Era su letra, estaba segura. Y era la tarjeta del hotel del tío Fran, allí donde nos habíamos visto por última vez. ¿Qué otra persona podría hacer algo similar? Ella sabía robar en la calle. ¿Cómo no sabría hacer lo contrario también? ¿Pero qué hacía en París? ¿Y qué significaba este mensaje? Ahora estaba segura de poder afirmar que ella era la Bright por la que estaba pagando yo. Alice siempre había estado asociada con problemas. ¿Pero qué había hecho para terminar en problemas con el MI6? Ella no podía ser una espía también, definitivamente no lo era.

Ella no tenía ningún entrenamiento especial, como Ethan, y había ido a una escuela bilingüe como yo. Pero incluso yo estaba mejor preparada que Alice. Ella solo hablaba inglés e italiano, por la escuela. Sus actividades extracurriculares se resumían a un campamento de circo. Ella no era específicamente cuidadosa, o serena, no se parecía en nada a mí y muchos menos a Ethan. Jamás podría ser una espía. Y una vez que tenía algo en mente era imposible disuadirla, sin importar las consecuencias. De hecho, de todas las mujeres que había en la familia del lado de papá, ella era la menos capaz de ser una espía. Pero el asunto de causar problemas no era sorprendente y quizás Alice se había extendido con su rebeldía y había causado problemas con el MI6.

Me sobresalté cuando alguien tocó mi hombro, sacándome de mis cavilaciones. Miré a Klaus castigándome por mi descuido pero él no podía estar sospechando, no podía haber visto la tarjeta o saber de mis pensamientos. O tal vez sí. Intenté calmarme, no importaba la respuesta. Él jamás podría creer eso mientras yo demostrara lo contrario. Aunque él también sabía que era buena actriz.

—Llegas tarde —dije.

—Llegué antes que tú, solo estaba adentro —dijo él y me tiró un libro que apenas llegué a atrapar—. Una ofrenda de paz por lo de anoche.

—Un libro —dije mirándolo.

—Pensé que debías estar harta de tener solo tu libreto para leer.

—Es mi deber leer ese libreto y además, es un clásico. Es imposible cansarse de leer un clásico.

—Tómalo o déjalo.

—Me das un libro. Como ofrenda de paz. Una novela sobre espías —dijo y él se encogió de hombros con indiferencia aunque pude notar la pequeña sonrisa ante la ironía.

—Dijiste que te gustaban esas historias.

—No es cierto.

—Ok, dijiste que conocías bastantes historias de esas y yo deduje el resto. ¿Pero me equivoco? –preguntó y me sostuvo calmadamente la mirada—. No.

Perfecto, esto no era nada bueno. A pesar de que desease creer lo contrario, él realmente prestaba atención a cada palabra que decía y además podía deducirme perfectamente. No quería ser un libro abierto. Y definitivamente no era bueno que él me prestara ese tipo de atención.

—¿Entonces estamos en paz? –preguntó ofreciendo su mano y lo miré seriamente antes de aceptarla.

—Sabes que sigo molesta por mis preguntas sin respuesta —dije—. Y si empiezas con todo ese asunto de que no soy de confianza y soy una persona de riesgo te romperé el libro en la cabeza.

—Ese no es el protocolo correcto de una ofrenda de paz.

—No sé nada de protocolos de este tipo. Buena etiqueta, sí. Ofrendas de paz, no.

—¿Nunca has hecho las paces en tu vida?

—Por supuesto que sí, cientos de veces. ¿Crees que eres el primero con el que me peleo?

—No, definitivamente no si tienes con todos esta actitud —dijo Klaus y me contuve de responder.

Intenté no enfurecerme. Necesitaba pensar con claridad y calma. Y entonces no sentí furia o molestia u odio, sentí lástima. Él no conocía más que la vida de espía y su cubierta, no sabía lo que realmente era tener una vida normal. Había dicho que era el negocio familiar para él, no podía imaginar lo que debía ser llevar ese tipo de vida desde los primeros años. En vez de estar de vacaciones estaba en París en una misión. Y estaba solo, él lo había dicho también.

—Ok, acepto tu ofrenda de paz —dije—. Pero a cambio tú tendrás que hacer las paces conmigo a mi modo.

Por un momento creí que vacilaría, indeciso e inseguro, pero si así fue no lo mostró. Simplemente cedió y me siguió. No sabía mucho sobre hacer las paces con espías ni nada de eso pero sí sabía cómo se hacían en mi mundo. Nos detuvimos en un pequeño lugar de venta a la calle y el joven a cargo rápidamente tomó mi pedido y se ocupó de prepararlo. Aspiré con felicidad el dulce aroma que me traía recuerdos. Klaus, a mi lado, miraba vacilante la masa cocinándose sobre la piedra caliente y cuando habló tuve que esperar unos segundos para comprender lo que había dicho. Lo miré sin creerlo, él simplemente no podía haber preguntado qué era eso.

—¿Nunca has probado una crêpe au Nutella? Tienes que estar bromeando —dije, pero su mirada me expresó que no era así—. No has estado en París hasta que no hayas comido una crêpe au Nutella.

Definitivamente no era posible. Pero luego recordé que él no era un chico normal y posiblemente no había tenido una vida normal. Pagué las dos crêpes y le entregué la suya a Klaus. Él la miró como si se tratase de la cosa más extraña y rompió un pequeño pedazo del borde para probar la masa antes de hacer una mueca.

—Tienes que morderla entera —dije—. No has vivido hasta que no la has probado.

—Créeme que ya he vivido bastante —dijo él y no lo dudé.

—Si quieres hacer las paces conmigo, muérdela. Todavía no conozco a nadie que no le haya gustado. ¿A qué clase de animal no le gustaría una crêpe au Nutella?

Él dudó unos segundos más pero finalmente terminó por cerrar los ojos y morderla. Y así fue como el súper espía adolescente descubrió el placer que solo podía provocar comer una crêpe au Nutella. Abrió los ojos asombrado ante el exquisito sabor y rápidamente dio otro mordisco. Emma Stonem, complaciendo al mundo secreto una crêpe a la vez.

—Es lo mejor que he probado —dijo Klaus.

—Te dije. Ahora, oficialmente, has hecho las paces conmigo. Así lo hacemos en mi mundo.

—¿Qué? ¿Simplemente esto? –preguntó y noté la sorpresa ante la sencillez del acto, asentí.

—Sí. Cuando peleamos o discutimos con alguien luego nos disculpamos y comemos algo rico juntos. Entonces es sencillo olvidar lo sucedido. Los desacuerdos ocurren todo el tiempo, al igual que las peleas. Así que olvídate de lo de anoche, no fue nada.

—Lo haces parecer tan simple —dijo él y le dio otra mordida a su crêpe.

Me detuve un momento para limpiarle un poco de Nutella del labio, un acto inconsciente, y lamí el dedo sin pensarlo. Le sostuve la mirada unos segundos, parecía sorprendido, antes de reanudar nuevamente nuestra marcha.

—La vida es simple en algunas cosas —dije—. Tuvimos un desacuerdo, te eché un vaso de agua encima, lo arreglamos. No hay rencor.

—Sin rencor —repitió él como si no pudiera terminar de creerlo—. Es extraño. Creo que nunca he escuchado eso en serio. Las peleas y los desacuerdos no significan lo mismo en mi mundo. Nadie jamás dejaría pasar un simple desacuerdo por alto.

—No me sorprende si desconfían de todos.

—La confianza es algo muy preciado, algo que no se le debe dar a cualquiera. Confiar en alguien es extremadamente peligroso.

—Confiar en alguien, al menos una vez, está bien.

—Si luego no intentan apuñalarte por la espalda.

Lo miré en silencio mientras él continuaba comiendo. ¿Lo había dicho en serio? ¿Ya habían intentado apuñalarlo por la espalda? Durante un momento me pregunté si era figurativo o literalmente. No me era difícil imaginar que alguien realmente hubiera intentado apuñalarlo.

—Quizás en tu mundo sea así, pero en el mío la confianza es algo más común.

—Estoy en lo correcto cuando te digo que no se puede confiar en nadie —dijo Klaus.

—¿Entonces qué? ¿No puedo confiar en ti? Porque estoy obligada a confiar en ti, en que te ocuparás de mi seguridad.

—Eso es diferente, es mi trabajo —dijo él—. Y estoy obligado a cumplir.

—Y yo estoy obligada a confiar en ti. No es muy diferente. ¿Alguna vez te has preguntado si realmente me siento cómoda con esto? ¿Si quiero confiar en ti? No tengo opción. No sé qué esperar de ti.

—Bueno, así es siempre mi vida. No queremos confiar pero no tenemos otra opción. Por eso la confianza real no existe, es mejor no tenerla.

—Yo creo que la confianza real existe, yo confío en mi hermano y sé que él confía en mí.

—Si tu hermano tuviera que escoger entre ti o su país te dejaría de lado, es su deber, juró dar la vida por la seguridad de su país. No puedes confiar en él.

—Claro que puedo, y entendería su decisión porque es su deber —dije con firmeza y Klaus me miró—. Y no me sentiría ni traicionada ni nada porque ese es su trabajo, esa es su vida.

—Eres una persona realmente curiosa. Creo que nunca antes he escuchado a alguien hablar así o aceptar la situación de ese modo.

—Supongo que está en mi sangre, o al menos eso me dijo Thomas antes de venir a París.

Esperé en silencio su reacción pero él simplemente continuó comiendo con indiferencia. Él sabía sobre mi familia y debía saber sobre Alice. Tuve la necesidad de mirar alrededor, solo para saber si ella estaba cerca y nos estaba vigilando, pero me contuve. A pesar de la sorpresa el mensaje había sido claro, ella quería que guardara silencio.

—¿Cómo es tu familia? –pregunté. Silencio—. Sabes que no todo es confidencial. ¿No? No tienes por qué darme detalles.

—Ellos son… difíciles.

—No me cuesta imaginarlo —dije. Si él era así no me era difícil imaginar que una familia de espías, completamente, debía de ser difícil.

—¿Cómo es tu familia? –preguntó él en cambio.

—No lo sé. Creía saber cómo era mi familia pero ahora veo que no. Mis padres se separaron cuando yo tenía unos pocos meses. Papá murió cuando yo tenía cuatro años. Después de eso Ethan cambió, ahora sé el verdadero motivo. Mamá nunca tiene mucho tiempo, para ella siempre es más importante el trabajo. Josh es la persona más irresponsable que existe pero a pesar de todo es un buen sujeto, él es el amigo de mamá que nos cuida cuando ella no puede. En realidad tengo una familia muy grande, pero estamos repartidos por el mundo y la mayoría del año no nos juntamos. Así que esa es mi familia más cercana, mamá, Ethan, Josh y Paul, el asistente de mamá si se puede considerar familia. Somos pequeños, y extraños, más de lo que creía, pero somos felices —dije—. Al menos yo lo soy.

—¿La escuela?

—Bastante elitista. Ya sabes, alto nivel. Mis compañeros de curso no son específicamente jóvenes cualesquiera, sería difícil que no supieras quiénes son sus padres. Por eso sé de etiqueta y apariencia, estoy acostumbrada a moverme en un alto y exclusivo nivel. Supongo que tú no me hablarás de tu escuela.

—¿Haces ejercicio o algo? Porque para ser tan delicada golpeas bastante fuerte.

—Sí, eso supuse —dije y levanté la vista—. Sí, mamá me obligó a tomar clases de defensa personal luego de que papá muriera supuestamente por un intento de robo entre otras cosas. ¿Qué hay de ti? ¿Algo que puedas contar?

—Me gusta esta cosa —dijo él señalando mi crêpe au Nutella.

—Muy personal —dije con sarcasmo y lo alejé antes de que pudiera robarme un pedazo al haber terminado la suya—. No. Es mía. Y como intentes tomar un poco te puedo asegurar que te golpearé bastante fuerte.

—¿Has pensado que posiblemente te dejaría inconsciente antes de que pudieras pestañear?

—Ya he estado inconsciente muchas veces por peleas y no es tan malo. Y sigo sin poder creer que nunca hayas comido una de estas. ¿Has estado alguna otra vez en París? –pregunté, y obtuve como siempre silencio como respuesta, esta conversación se sentía bastante unilateral—. ¿Hay siquiera algo que puedas contarme?

—Nunca estés en la cima de la Tour Eiffel, en invierno, sin guantes —dijo él.

—Entonces sí has estado en París antes pero apuesto a que nunca como es debido —dije y él se llevó un dedo a los labios en un discreto signo de silencio, un gesto al que ya me había acostumbrado.

Klaus sabía que guardar silencio era igual que confirmarlo para mí. No pude evitar sentir un poco de lástima por él. Tantos países, tantas ciudades, y no debía conocerlas por propia experiencia o más allá de lo que su misión le habría permitido. No me era difícil imaginarlo, encerrado en algún cuarto, con sus cosas, la ciudad del otro lado de la ventana y totalmente fuera de su alcance.

No estuve segura de si estaba siendo amable por su cuenta o por parte de nuestra cubierta aunque sospechaba más de lo segundo. Nuestra pequeña conversación no duró mucho. Una vez que estuvimos de vuelta en el hotel él volvió a centrarse únicamente en sus cosas y luego de darle varias vueltas a mis pensamientos, pasando del asunto con Alice hasta la familia de habla castellana de la cual debía ocuparme, supe que si seguía así parecería sospechoso.

Tomé el libro que Klaus me había regalado y me recosté sobre la cama para leerlo. El problema con eso era que no leía muy seguido, pero si un libro realmente me atrapaba podía terminarlo en menos de un día. La tarde se esfumó, las horas se escurrieron entre las páginas del libro. Jamás se lo admitiría, me llevaría el secreto a la tumba, pero él había dado en el blanco al decir que me gustaban las historias de espías, las amaba. Y ahora mismo estaba formando parte de una historia de espías aunque créeme, no es lo mismo leerla a vivirla.

Para la noche ya había acabado el libro por lo que no pude evitar mucho más mi inconveniente. Tenía que meterme en la habitación 27, que estaba ocupada por una familia, y tenía un rastreador en alguna parte. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo burlar al MI6? Mañana la familia ocupante iría a Versailles, eso les tomaría todo el día, era una oportunidad única que no podía desperdiciar. No sabía cuándo se volvería a repetir. Y si Klaus sospechaba algo no lo había hecho notar, al parecer nuestro intercambio de ofrendas de paz lo había distraído un poco.

Ok, sabía dónde tenía que ir. Y también había quitado un poco de la atención de KIaus sobre mí. Pero aún tenía el problema del cómo. ¿Cómo entrar a la habitación y cómo deshacerme del rastreador que tenía puesto? Él no había dicho nada sobre esta mañana por lo que tenía razón, el rastreador debía estar en mis zapatos o mi bolso. Pero no podía simplemente salir a la calle sin zapatos y de seguro él me recordaría si pretendía olvidarme el bolso, sobre todo luego de haber usado ese truco la última vez.

¿Qué haría si este fuera otro de los juegos de Ethan? ¿Qué haría Alice para meterse en una habitación de hotel? Una vez mi hermano había atado un cascabel a mi zapato de modo que cuando caminaba este sonaba y él podía saber dónde estaba o cuando estaba cerca. No podía hacer silencio. La regla del juego consistía en llegar hasta la cocina sin que él me descubriera. Podía quitarme los zapatos, pero entonces él me descubriría descalza y sería lo mismo, por lo que debía encontrar algo más.

Ya estaba, lo tenía, sabía lo que debía hacer. En cuanto a entrar a la habitación, no sabía burlar o forzar cerraduras como Alice pero conocía algunos de los trucos de ella. Sería necesario un poco de improvisación en aquel punto. Bueno, no era un plan perfecto a prueba de fallas pero era lo mejor que podía hacer. La opción de improvisar-sobre-la-marcha era mi única alternativa y nunca antes me había ido muy mal de ese modo, no demasiado. Aunque claro, esto podría ir demasiado mal de muchos modos.

Decidí olvidarme de eso, necesitaría estar completamente despierta y atenta al día siguiente. Escondí nuevamente mi Ipod en la funda de la almohada antes de dormir. Aquella noche Klaus no se metió en la habitación o intentó adueñarse de la cama; al parecer, había aprendido la lección. Podía escuchar sus suaves ronquidos desde el sillón, todavía seguía sin poder creer cómo una persona así había terminado trabajando para el MI6. ¿No se suponía que los espías debían ser extremadamente silenciosos y discretos? Y este sujeto roncaba todas las noches, esto no tenía sentido.

Dormí perfectamente toda la noche y cuando desperté tan solo podía pensar en lo que tenía por delante. Encontrarme con Klaus fue como encontrarme con el diablo, podía tener una atractiva apariencia y un sereno carácter pero sabía que al mínimo error encontraría su furia y de seguro no había bromeado el día anterior con ser capaz de dejarme inconsciente en segundos. O un segundo. No podía confiar en su apariencia, no podía confiar en su reacción y no podía confiar en él. Y considerando que, si no me equivocaba, Alice había condenado a todas las Bright a ser despreciadas y consideradas como un riesgo y personas en quienes no se debería confiar; Klaus no estaría nada contento si me descubría. Estaba a minutos de demostrarle que tenía razón al no confiar en mí.

Estuvimos temprano en el comedor para tomar el desayuno. Era simple controlarlo todo desde donde estaba. Vi a la pareja del cuarto 27 junto con dos niños que no debían superar los diez años de edad. Una vez que los ubiqué estuve totalmente atenta a ellos sabiendo que mi plan se pondría en acción en cualquier momento. Klaus observó mi bolso antes de llevarse otro pedazo de pan tostado a la boca.

—¿Sales? –preguntó.

—Práctica, si no te importa —dije—. Ya sabes, estaba pensando en repasar toda esa escena entre Julieta y la señora Capuleto. Discusión madre-hija.

—¿Y el libro?

—Tengo prioridades. Es interesante pero mi papel es más importante. Si quieres puedes venir. —No, por favor no, di que no.

—Paso. No iré a escucharte recitar teatro.

—Como quieras —dije e hice una mueca—. ¿Tienes alguna pastilla o algo? Temo que la comida de ayer no me cayó muy bien.

—No es mi asunto.

Indiferencia, justo lo que esperaba. Todo parecía estar yendo normal y saliendo perfectamente de acuerdo al plan. Me llevé una mano al estómago y me retorcí. Continuamos desayunando en silencio. Sabía que él no había pasado por alto mi acción por más que fingiera hacerlo. Pretendí buscar dentro de mi cartera y luego parecer decepcionada. Nota mental: guardar siempre algunas pastillas de utilería. Vi a la familia del cuarto 27 levantarse y salir del comedor y entonces hice una mueca de sufrimiento y tiré la servilleta sobre la mesa antes de ponerme en pie.

—Disculpa.

Corrí como si realmente estuviera desesperada por ir al baño. Algún día, algún día tendría que agradecerle a Maurice por forzar y hacer de mí tan buena actriz a pesar de cómo fueran sus métodos. Salí del comedor y me alejé unos cuantos pasos más antes de chocarme casualmente con el hombre del cuarto 27. Murmuré una rápida disculpa al igual que él y luego me sonrieron tanto él como su mujer al reconocerme. Sus dos hijos me miraron con absoluta curiosidad mientras yo contaba los segundos.

—¿Has encontrado tu móvil, cariño? –preguntó la mujer.

—Sí, por suerte.

—¿Ese joven con el que estabas es tu novio? –preguntó el hombre.

—Bastante apuesto, por cierto —dijo la mujer y me guiñó un ojo—. No lo dejes escapar.

—No —dije, y supe que lo decía en serio, él no se escaparía tan fácil de mí ni me ganaría en esto—. ¿Están partiendo?

—Por supuesto, Versailles espera —dijo el hombre.

—Es un castillo magnífico, no olviden tomar muchas fotos —dije y miré con preocupación a los dos niños—. Oh, pobrecitos. ¿No tienes una gorra o algo? El sol los matará. Es todo demasiado dorado y reluciente, no podrán ver nada si están cegados por los fuertes rayos. Les hará daño un sol tan ardiente y fuerte directo sobre sus pequeñas cabezas.

—Cariño, ella tiene razón —dijo la mujer mirando a su esposo—. ¿No te dije que tomaras dos gorras para los niños?

—Sí, pero me las he dejado en la habitación —dijo él.

—Entonces sube a buscarlas, es necesario. Te esperaremos afuera —dijo la mujer y rodeo con sus brazos a sus hijos antes de sonreírme—. Muchas gracias por la advertencia. Espero tengas un buen día.

—Disfruten de su visita —dije.

No esperé un segundo más. Apenas la mujer se alejó corrí al baño de la planta principal. Me metí dentro de un cubículo y sin pensarlo me quité mis zapatos. Los dejé dentro de mi bolso y colgué el bolso del gancho que había en la puerta. Maldije una vez antes de echarme al suelo y pasar bajo la puerta trabada, arrastrarse por el suelo de un baño público, por más que fuera el baño de un hotel cinco estrellas, se sentía repugnante.

Salí del baño y me adentré en el primer ascensor libre que encontré. Y luego fue el momento de la acción. Allí estaba yo, en el vacío pasillo del segundo piso, sabiendo que todo podía salir bien o todo podía salir mal. Los segundos pasaron, nada. Temí haberme equivocado, temí haber contado mal los segundos o calculado mal el tiempo. Si aquello era cierto entonces tendría que usar la opción dos y agravar el de por sí ya crimen no era buena idea. Recurrir al robo sería un poco más complicado que esto.

Escuché el ruido de una puerta y vi al hombre salir del cuarto 27 con dos gorras. Por favor, sé descuidado, sé descuidado, sé descuidado. No pude dejar de repetir eso en mi cabeza. ¡Suerte, destino, Dios, cualquiera, necesitaba realmente que este hombre fuera descuidado! No quería tener que recurrir al robo, eso sería aún peor y más complicado de realizar. Pero entonces el hombre se alejó confiando en que la puerta se cerraría detrás de él y casi quise saltar de alegría aunque todavía no había terminado.

Caminé en su dirección, lo saludé cuando nos cruzamos y ya que le había dejado el ascensor preparado se metió dentro. Corrí tan rápido como pude, agradeciendo mis delicados pasos por las clases de ballet y que la alfombra amortiguara mis desnudos pies, y logré interponer mi brazo antes que la puerta se cerrase. Hice una mueca de dolor, esto definitivamente me dejaría un moretón. Abrí la puerta y me metí dentro antes de cerrarla.

¡Lo hice! ¡Lo había logrado! ¡Realmente lo había logrado! Y luego me cayó el peso de la realidad. Acababa de meterme en un cuarto que no era el mío. Esta no era del todo una razón para festejar. Ok, lo era, sin ningún entrenamiento ni nada lo había hecho, y cualquiera estaría feliz en mi posición, pero eso no quitaba que fuera ilegal en muchos países. Quizás ilegal no fuese la palabra correcta… No, lo era. ¿Qué diría Alice en esta situación?

Tranquila, es el hotel de papi.

Casi podía escuchar su voz llena de desprecio al decir eso pero tenía un punto, no nos podían hacer nada. Pero este no era el hotel del tío Fran y no acababa de irrumpir en una habitación con su hija. Aquí era solamente yo y nada más. Eché el cerrojo a la puerta. ¿Cuánto tiempo tenía antes que al servicio de limpieza se le ocurriera aparecer? ¿Me descubrirían en tal caso o podría arreglármelas? De todos modos no había tiempo que perder.

No me había equivocado, esta era la habitación que habíamos usado en nuestro último viaje a París y no dudaba que fuera coincidencia que Ethan hubiera terminado en ella. La sala era magnífica, alfombrada y con un sillón donde Paul había dormido. Luego, dos cuartos enfrentados, uno con una cama matrimonial que mamá había usado y otro con dos camas en las que Ethan y yo habíamos pasado el tiempo.

Intenté pensar, recordar si había algún escondite posible pero mi memoria se resistía a colaborar. Descarté la idea de piso hueco o algún escondite en la pared, eso sería muy obvio para Ethan y además no recordaba que esta habitación los tuviese. Pensé en las cerraduras y los marcos de las puertas, pero aquello implicaría posiblemente remover algo o utilizar un imán que no tenía para nada a mano. Pensé en el sillón, muy común para Ethan. Los dos cuartos, los dos baños, la sala, había miles de posibles escondites y falta de utensilios para buscar o tiempo.

Insulté a Ethan mientras me pasaba una mano por el cabello. No tenía tiempo para revolver todo el lugar y no podía hacer eso, no podía parecer que yo había entrado aquí. Y no tenía muchas opciones para equivocarme o perder el tiempo. ¿Dónde buscaría de estar en casa? Cerré los ojos y me imaginé allí, con poco tiempo, desesperada por encontrar algo y salir. No, eso no funcionaría, había muchas cosas en casa que Ethan podía usar para dejar mensajes o códigos que descifrar que no había en un hotel.

Así que me imaginé de vacaciones con él, en este mismo cuarto, yo desesperada buscando algo y él tranquilamente sentado en el sillón mientras esperaba. Habría estado impaciente, yendo de un lado a otro, revolviendo todo el lugar mientras preguntaba a gritos y sin perder tiempo qué había hecho él con mis cosas. Y Ethan me habría mirado con diversión mientras yo corría sin parar buscando y luego de unos minutos él finalmente hubiera decidido que, a pesar de su entretenimiento, había sido suficiente y teníamos que partir y simplemente habría dicho: «cortinas».

Levanté la vista. Tonta de mí por no fijarme antes. Uno a uno escaneé los lazos de la cortina que la sujetaban alrededor de un tubo de madera, eran todos exactamente iguales. Resoplé frustrada, sabía que Ethan no me la haría tan fácil esta vez. Me subí arriba del sillón y luego sobre el respaldo. Mantuve un perfecto equilibrio mientras me ponía de puntillas y estiraba la cabeza para poder ver mejor. Todos los lazos pasaban del mismo modo sobre el tubo para sostener la cortina, excepto el último a la derecha que estaba doblado y de no haber estado sobre el sillón hubiera sido imposible de notar desde abajo.

Sonreí sin poder evitarlo, esto tenía la firma de mi hermano. Me bajé del sillón y me dirigí al cuarto de los niños, aquel que estaba a la derecha de la sala. Casi deseé que Klaus estuviera allí para ver que sí podía descifrar a mi hermano y era útil. Mis opciones se vieron limitadas al cuarto de los niños y al baño. Volví a fijarme en la cortina pero esta vez no fue tan fácil como hubiera esperado. Había tres cintas torcidas y una atada al revés, no tenía la menor idea de lo que aquello significaba.

Uno a uno pensé los escondites que mi hermano podría considerar decentes y que no se verían afectados por el servicio al cuarto. Perdí tiempo en el baño por más que sabía que era en vano, sabía que allí no había ningún escondite. Busqué en el dormitorio, me metí dentro del armario y lo revisé totalmente sin encontrar nada. Me fijé en las dos mesas de noche sin encontrar ninguna parte hueca o posible escondite. Resoplé frustrada, esto no estaba yendo de lo mejor.

Me senté sobre la cama y me crucé de piernas mientras intentaba pensar. ¿Y ahora qué? Ethan era un espía, sus juegos conmigo no debían ser nada en comparación a lo que él hacía realmente. Todos los escondites que me había enseñado serían demasiado sencillos, él hubiera buscado el mejor escondite posible. ¿Qué tan retorcida podía llegar a ser la mente de mi hermano en cuanto a buscar el mejor escondite posible? Debía ser algo en donde nadie con una mente naturalmente sana y ordinaria intentaría fijarse. Es decir, todos algunas vez buscamos escondites secretos en un cuarto o habitaciones de hotel. Y este dormitorio era normalmente utilizado por niños ya que se trataba de una habitación de hotel familiar, por más que seguía sin comprender cómo Ethan había terminado aquí, así que el escondite debía estar lejos de las curiosas manos de los niños.

Levanté la vista, no había nada en las paredes totalmente desnudas, ni un triste cuadro colgando en algún lugar, ni siquiera estaban empapeladas, nada más que blanco. Lo único que estaba realmente alto y fuera del alcance de cualquiera era el tubo del cual colgaba la cortina. Oh no… Tenía que equivocarme, no podía estar en lo correcto con lo que estaba suponiendo, Ethan no podía ser tan rebuscado. ¡Él simplemente no podía pretender que buscara allí! ¡Yo no era específicamente conocida por mi altura!

Suspiré y me puse de pie. Tomé una de las mesitas de noche y la empujé hasta ponerla junto a la cortina. Me subí arriba de ella rezando por que soportara mi peso y no cediera. Me estiré cuanto pude, tuve que ponerme de puntillas para poder llegar a la barra y aferrarme a ella con mis manos. Casi al instante la sentí hueca y la golpeé solo para confirmarlo. Esto era una locura, no podía estar en lo correcto. Me estiré hasta alcanzar uno de los extremos a intenté retirarlo, nada, firmemente soldado.

—Te mataré por esto Ethan, juro que lo haré —mascullé mientras me estiraba para alcanzar el otro extremo.

Luego de un poco de forcejeó la pequeña bola cedió y abrí el tubo. Cerré los ojos al meter la mano esperando las telarañas, el polvo y los bichos pero no sentí nada y eso me confirmó que no era la primera en encontrar aquel escondite y que este había sido utilizado hacía no mucho tiempo. De todos modos, no todo fue felicidad. Una pequeña araña se deslizó por mi brazo y tuve que controlarme para no gritar y caerme de la mesa mientras agitaba el brazo para quitármela. ¡Asco! Volví a meter la mano dentro, estirando mis dedos cuanto más podía.

Me quedé helada al sentir algo y saqué una bola de papel. Lo primero que pensé mientras la alisaba era que no era bueno tener esperanzas en algo, lo segundo que pensé fue que esto de ser espía iba más en serio de lo que parecía. Por alguna razón hasta el momento el peso completo de la realidad no me había caído, no parecía nada más que algún sueño retorcido o una ilusión, como si me hubiera quedado dormida en clase durante la última hora y esperase despertar. Había escuchado decir que mi hermano era un espía, que era el mejor en lo que hacía y que había desaparecido. Había visto a su doble y estado en los cuarteles del MI6. Había pasado por muchas cosas últimamente pero ninguna tuvo tanto peso como alisar la hoja y reconocer la escritura de Ethan.

Creo que solo entonces el peso de la verdad cayó sobre mis hombros y lo acepté. Mi hermano, un espía, y uno bastante bueno según tenía entendido. La hoja no daba ninguna información, bien podría haber sido una lista de cosas que visitar en París. El Louvre con algunas obras de arte escritas, el Moulin Rouge con su nombre tachado, l’Arc du Triomphe rodeado con un círculo y por último los caracteres 7p.m. escritos. Pero era innegable, aquella era la letra de Ethan, podía reconocerla sin vacilar. Metí la mano en el tubo sin sentir nada más y me quedé helada al escuchar el sonido de la puerta principal.

Volví a cerrar el tubo, me bajé de la mesita y tan rápido como pude la empujé para que volviera a estar en su lugar. Escuché la puerta principal abrirse y la desesperación me invadió. Miré inquieta a mi alrededor, si me atrapaban posiblemente estaría muerta. ¿Qué posibilidad tenía de que me encontraran si me metía en el armario? De todos modos cualquier idea parecía buena a que me encontraran en medio de un dormitorio, en un cuarto de hotel que no era el mío, luego de haber irrumpido ilegalmente y revisado todo el lugar. Sentí los pasos en la sala y entonces me detuve al escuchar las voces.

Me apoyé contra la pared, junto a la puerta apenas abierta, deseando más que nada pasar desapercibida. Miré con anhelo el armario sabiendo que lo más sensato hubiera sido meterme dentro cuan silenciosa y rápido pudiera pero contra cualquier lógica racional de cualquier individuo en mi lugar, me quedé quieta.

—¿Estás segura que tengo todo el día? –preguntó Klaus.

—Por supuesto, fueron a Versailles —respondió una mujer—. ¿Qué hay de la chica?

—Ella no es un problema.

—No deberías estar tan seguro, es una Bright. No es una chica común, yo no andaría tan confiado si fuera tú.

—Tranquila, la tengo controlada. Está en el baño hace varios minutos. ¿Acaso le pusiste algo a su cena? –Perfecto, ahí iba mi confianza al servicio de habitación.

—No. Creí que tú te ocuparías totalmente de ella. ¿Qué tan difícil te puede ser tratar con una chica de dieciséis años? Sé un poco encantador, sonríele, gánate su confianza.

—¿Quieres que la ponga de nuestro lado?

—Esos malditos sicilianos ya nos han jugado malas pasadas por tener a una chica Bright de su parte. Sería conveniente que nosotros tengamos a una también. Y es la hermana de Ethan Bright. Quién sabe, quizás hasta eso nos salga mejor de lo que esperamos. Vamos Alex, sé un chico bueno.

¿Qué? ¿Alex? Estaba segura que aquella era la voz de Klaus y lo insulté hasta por mentirme con su propio nombre aunque por alguna razón no debería sorprenderme. Maldito espía.

—Sí… No. Ya me estoy cansando de este juego. Si quieres a una chica Bright en tu equipo consíguela por tu cuenta, no me metas a mí en esto.

—Nos vendría bien una jugaba como la de Giorgio Difaccio.

—Ni pensarlo —dijo él rápidamente—. Ya sabes cómo le salió a él aquel asunto. No me tendrás ligando con una Bright. Además, trabajo mejor solo.

—Vamos, solo un poco de confianza. No es necesario ni que le caigas del todo bien, solo ponerla de nuestro lado. No te costaría nada. Alice representó una adquisición superior a lo que habríamos imaginado para la familia Difaccio, esta chica que tienes no debe quedarse atrás y además es la hermana de Ethan Bright.

—No me importa quién sea, no te metas en mis asuntos. Sé perfectamente lo que hago.

—Es una niña, tan inocente y manipulable como cualquier otra. ¿Qué tan difícil te puede ser usar un poco del encanto de tu padre? No me digas que una chica es mucho para ti.

—Hazme un favor y vete de aquí, no seré una pieza de sus juegos y menos para jugar con una chica inocente.

—Ouch, eso dolió dos caras —dijo la mujer con sarcasmo—. No me digas que realmente no quieres jugar con esa chica.

—No sería más que un peso muerto. Ahora vete, tengo muchas cosas que hacer en este lugar.

—Realmente me está costando creer que te niegas a manipular una simple chica. Me pregunto qué dirán tus hermanos al respecto, o el resto de tu familia, mejor ni hablar de tu padre.

—¡Vete!

—Malditos jóvenes malcriados —masculló la mujer—. Me debes una, Alexander, no creas que pasaré esto por alto y no informaré al respecto.

Oí el fuerte sonido de la puerta al cerrarse y luego todo fue silencio.

 

 

 

Capítulo 8

 

Me llevé una mano a mi boca para no hacer ruido, no me había dado cuenta ni de que había estado conteniendo la respiración. Afuera, en la sala, escuché al joven suspirar. Lentamente intenté comprender lo que había sucedido, lo que había escuchado. Él se había negado a manipularme, a aprovecharse de mí para luego utilizarme. Respiré hondo mientras lo escuchaba moverse por la sala. ¿En qué momento había terminado sentada en el suelo exactamente, encogiéndome tanto como fuera posible? Klaus, Alex, cual fuera su nombre se había negado a manipularme.

Cerré los ojos durante unos segundos. Podía odiarlo, podía ser molesto y no estar nada a gusto con tener que tratar conmigo, pero él había hecho lo correcto. Quizás nuestro pequeño intercambio de ofrendas de paz no había sido en vano, quizás él realmente era una buena persona en el fondo y yo no hacía nada más que considerarlo como el enemigo desde el primer instante. Hasta me atrevía a decir que se había metido en problemas por esto, la mujer había mencionado al resto de su familia. Ella debía estar haciéndose pasar por servicio al cuarto, solo así tendría la llave y sabría que la habitación estaría vacía.

Eché la cabeza hacia atrás al saber qué era lo correcto. Podía ser muchas cosas pero era una persona justa que no le gustaba deberle nada a nadie. La familia se basaba en el cuidado y la confianza mutua. ¿No es así? Es decir, para eso se supone que es una familia. Y yo había crecido con esos valores. El joven que en este momento estaba registrando la sala me había protegido en cierto modo al negarse a hacer lo que se le sugería.

Lo escuché caminar del otro lado, buscar escondites en los muros o pisos huecos. Contuve la respiración al sentirlo al otro lado de la puerta, él se agachó y golpeó el marco en busca de algún escondite o algo por el estilo. Me puse en pie al tomar una rápida decisión sabiendo que era probable que luego me arrepintiera y no creyera que fuese más que un error. Me maldije por hacer lo correcto, por no soportar la idea de engañarlo como originalmente había planeado ahora que había escuchado aquella conversación.

Y así fue como eché todo por la ventana. Simplemente abrí la puerta y él levantó la vista desde donde estaba agachado, la sorpresa y el temor cruzó tan solo un segundo por su hermoso rostro. Me apoyé tranquilamente contra la pared, fingiendo indiferencia. Podía notar la tensión en su mandíbula o sus inquietos ojos mientras su mente lentamente deducía todo.

—Supongo que estás buscando algo como esto —dije y mostré la hoja arrugada—. Ahora, háblame sobre mi prima.

El tiempo pareció congelarse, los segundos se extendieron como si fueran minutos mientras él me sostenía la mirada desde donde estaba. Lentamente se puso de pie y alejé mi mano cuando intentó arrebatarme la hoja. Me miró molesto, y supe que no estaba nada contento con que estuviera aquí aunque no supe qué le disgustó más, mi engaño o que hubiera escuchado su conversación.

—Brillante, Bright —dijo él y puse los ojos en blanco.

—Por favor, basta de bromas, Klaus. ¿O debería llamarte Alexander? –pregunté—. Solo por curiosidad. ¿El rastreador está en mi bolso o en mis zapatos?

—Solo por curiosidad. ¿Te acercaste a mis cosas antes o después de llegar a este hotel?

—No, chico, yo no me acerqué ni toqué tus cosas. Ahora será mejor que hables o perderás mi colaboración y a juzgar por esto es algo que no puedes perder —dije mostrando la hoja—. ¿Entonces estabas con otra agente?

—¿Hay algo más oculto?

—¿Quién sabe? Quizás sí, quizás no. No podría saberlo exactamente. No es como si fuera mi hermano de quien estamos hablando… Espera un momento, sí lo es —dije—. ¿Qué tal si hacemos un trato? Yo finjo no haber escuchado la anterior conversación y te ayudo plenamente, a cambio tú empiezas a responder a mis preguntas.

—Tenemos un trato, Bright —dijo él y le sostuve su seria mirada.

—Entonces empieza a cumplirlo.

Él suspiró, como si no tuviera otra opción, como si se encontrase atado de manos tras haberme subestimado más de lo que debía. Se dio vuelta y se alejó hasta dejarse caer sobre el sillón. Me observó con sus inescrutables ojos mientras yo le sostenía la mirada en silencio y continuaba sosteniendo la hoja. Sus ojos centellearon un segundo y una de las comisuras de su labio se elevó en lo que podría haber sido una sonrisa.

—Astuta, muy astuta, más de lo que esperaba. Lo admito, tú ganas esta vez —dijo él y se acomodó lo mejor que pudo—. ¿Qué quieres saber?

—Mi prima, sé que ella les provocó cierto inconveniente a tus amigos del MI6. Quiero saber qué sucedió —dije firmemente.

—Giorgio Difaccio. Eso sucedió. Un mafioso, uno muy importante. Es buscado en más de veinte países. Es el hijo de la cabeza de la familia Difaccio, si sabes algo de mafia sabes que esa familia está entre las más importantes. Supongo que ya te imaginarás su fama. Lo teníamos el verano pasado, lo hubiéramos atrapado sin problemas y eso hubiera sido un gran logro, años de un operativo —dijo él tranquilamente.

—¿Y qué pasó? –pregunté.

—Tu prima, eso pasó. Ella lo persiguió argumentando que él le había robado algo, veo que la tenacidad es de familia. Bastante hábil si logró rastrearlo hasta Palermo. Ella se mostró dispuesta a colaborar en un principio. Teníamos a Giorgio, atrapar al único hijo de la cabeza de la familia Difaccio hubiera sido todo un logro. Pero entonces tu prima nos traicionó y se dio vuelta en nuestra contra —dijo él y resopló—. Nunca confíes en una Bright cuando hay un chico lindo de por medio. Así que sí, teníamos a Giorgio frente a nosotros, herido y sin oportunidad de escapar, y sí, tu prima nos traicionó y lo ayudó a escapar. Ahora es la nueva protegida del padrino Difaccio.

Tragué intentando combatir la repentina sequedad en mi garganta. Mi prima, parte de la mafia. Pensé en la última vez que había visto a Alice, en la fiesta de compromiso de su hermano. Alice quejándose al respecto, Alice dejándome para entretener a su amigo mientras ella partía con un guapo y rico desconocido, Alice armando un escándalo tras decir que la novia de su hermano lo había engañado con otro hombre. Yo misma había cargado a mi prima, ebria y difícilmente consciente luego de haber atacado a esa mujer. La-prometida-de-su-hermano/perra quejándose de ella, insultándola y luego diciendo con indiferencia que había perdido su anillo de compromiso.

Yo conocía a Alice, sabía cómo habría reaccionado ella al saber aquello. Ese anillo de compromiso le había pertenecido a la tía Vivien, Alice ya bastante disgustada se había mostrado al verlo en mano de esa mujer cuando argumentaba que en realidad debería pertenecerle a ella. Sabía que ella hubiera sido capaz de hacer cualquier cosa por recuperarlo y sabía también que la pieza era extremadamente valiosa. Alice había desaparecido al día siguiente, sin dejar ningún rastro.

—No puede ser. ¿Alice se metió en la mafia? –dije y pasé una mano por mi cabello—. Tonta, no sé por qué siento que no debería estar tan sorprendida. ¿En qué estaba pensando?

—Supongo que aquello implica que no estabas tan al tanto —dijo él.

—¿Qué? Por supuesto que no, no tenía la menor idea. ¿Cómo pretendías que estuviera al tanto?

—No lo sé, quizás el hecho de que fueras la única en no darle importancia a la desaparición de Alice te diga algo. Ni siquiera parecías sorprendida. Se intentó quitarte información sin ningún resultado.

—Déjame adivinar, Ethan —resoplé—. Malditos espías. ¡No sé nada de Alice! Ella siempre fue una chica mala, el peor ejemplo a seguir, y yo sabía que tarde o temprano escaparía. Por eso no me sorprendió ni me importó. La conozco lo suficiente para saber que se las arreglaría bien por su cuenta. Es lo que los jóvenes problemáticos hacen cuando llegan al extremo, huir de sus casas sin dejar rastro. Todo el mundo sabía que Alice se iría en algún momento, lo esperábamos. ¿Por qué ustedes le buscan un lado más retorcido a todo?

—Bueno, eso cambia bastante las cosas. ¿Entonces no sabes nada sobre tu prima?

—¿Qué? No —dije y sentí el peso de su tarjeta guardada en mi short—. ¿Qué se supone que deba saber? ¿Qué pensaban ustedes? ¿Que estaba aliada con ella o algo así?

—No deja de ser una posibilidad —dijo él tranquilamente.

—Entonces Alice ahora anda con un mafioso —dije y él asintió—. ¿Qué hay del tío John?

—Espía.

—¿Papá?

—Espía.

—¿La tía Vivien?

—Renunció hace muchos años. Estaba en una misión encubierta, se suponía que tenía que ayudar a detener a un grupo de estafadores, no enamorarse y abandonar todo. Al menos aquello escuché. Pasó el resto de sus años como una diseñadora de interiores hasta que su pasado le mordió el culo. Nunca continúes en contacto con un espía, eso tarde o temprano te costará caro —dijo él tranquilamente—. Otro ejemplo más de por qué no es bueno meter a una Bright en este tipo de asuntos.

—Murió en un asalto a una tienda, estaba con el tío John —dije al comprenderlo—. Al igual que papá al momento de morir.

—Te diré algo, la muerte de un espía raras veces es un evento casual y sin explicación. No creo que haya sido un intento de asalto tal como te dijeron. Y no, no sé nada sobre el asunto.

—Pero alguien lo sabe.

Me apoyé contra la pared y me dejé caer al suelo al ser consciente de la realidad. Papá no había muerto por no tener nada que le pudieran robar mientras el tío John había salido a comprar la cena con Ethan, papá había muerto porque alguien así lo había querido. Y Ethan no había huido aterrado a casa, traumado por ser el primero en encontrar el cuerpo y fantasear toda una gran historia para creer que papá era un héroe. Él no había inventado nada. Podía recordar perfectamente esa noche, su relato sobre cómo papá y el tío John se habían enfrentado a unos hombres de negro y luego él había pasado el resto del tiempo temblando y temiendo, tanto de los hombres de negro como del tío John cuando vino a buscarlo a casa. Definitivamente no lo había llevado a un especialista para ayudarle con el trauma.

—Sabes, hay cierta diferencia entre creer que tu padre murió víctima de un robo y saber que alguien quiso matarlo —susurré.

—No tienes modo de saber —dijo él con una increíble suavidad en su voz.

—Lo siento, lo querían matar. La vida de un espía es así. ¿No es cierto? De seguro hay muchas personas que estarían felices de matar a mi hermano, o matarte a ti, o a cualquiera.

—Siempre existe ese riesgo, es lo que aceptamos en parte al tener esta vida. Los tipos a los que solemos disgustar no son de lo mejor ni de los más piadosos.

—¿Y esto en que me convierte a mí? ¿En otro blanco?

—Aférrate a tu cubierta, mientras lo hagas nada te pasará. Eres una chica normal, no hay razón para que alguien te quiera muerta, y me tienes a mí para ocuparme de que eso no pase —dijo él y se puso de pie—. Ahora, supongo que querrás recuperar tus cosas. Si no hay nada más que buscar por aquí…

—No. Es todo de momento —dije apenas pudiendo levantar la vista para verlo—. Escuché tu conversación con la agente. Gracias por no estar utilizándome. Gracias… por decir que no.

Suspiré y bajé la vista sosteniendo mi cabeza entre mis manos. Me sentía miserable, pero no era algo que me podía permitir. Mi hermano era más importante, mi hermano y la esperanza de que estuviera bien y vivo, sobre todo lo segundo. Sí, probablemente me podría costar la vida estar manteniendo contacto con espías y casualmente al MI6 no se le había ocurrido mencionar aquel pequeño detalle pero tenía que encontrar a Ethan.

Cerré los ojos unos segundos y me dije que no volvería a pensar en la idea de mi muerte por esta misión o saber que papá y la tía Vivien habían sido asesinados a voluntad y por quienes eran. Cuando abrí los ojos nuevamente me prometí que no volvería a pensar en esos temores, no me los permitiría, a pesar de la gravedad de la situación. Me sorprendí al ver a Klaus frente a mí y levantar la vista y encontrarme con una mirada de compasión. ¿En serio? ¿El señor espía mostraba sentimientos?

—Vamos, Bright —dijo extendiéndome una mano, su voz no era de burla ni de molestia.

Era como si realmente fuera un chico normal, ofreciéndole su mano a otra chica normal para levantarse. No dije nada cuando tomé su mano y él tiró de mí, era más fuerte de lo que había imaginado. Su mano era firme y sólida, cálida y encajaba perfectamente con la mía. Y esto era real, no era parte de ninguna actuación. Y pensé que nunca antes el agarre de otra persona se había sentido tan real para mí. Era muy diferente al fraternal agarre de Ethan o el animoso de Cam. Era como si él fuera real, como si en serio estuviera allí para ayudarme con esta situación.

Se alejó apenas estuve sobre mis pies y no volvimos a hablar. Me acompañó hasta planta baja, fuese por desconfianza o no, no me importó. Por suerte, esta vez no hubo ningún inconveniente o huésped inoportuno y logré recuperar mi bolso, aún con los zapatos dentro, de donde lo había dejado. Me calcé y volví a encontrarme con Klaus solo para seguirlo de nuevo a la habitación. Lo miré de soslayo mientras subíamos en el ascensor preguntándome cómo debía llamarlo, o si alguno de esos era realmente su verdadero nombre, pero algo me dijo que no me respondería.

—Aquí tienes —dije una vez que estuvimos dentro extendiendo la hoja—. Un trato es un trato.

—Es tu hermano, supongo que sabrás leer e interpretar eso mejor de lo que yo podría. Después de todo, para eso estás aquí. ¿No?

Él me sostuvo la mirada, su rostro era simplemente impasible pero asentí. Observé el papel en mis manos sin encontrar nada relevante. Él se alejó y se dejó caer en el sillón. Había una mesa baja delante, su ordenador portátil y sus cosas estaban allí. Por un segundo llegué a vislumbrar una pantalla totalmente oscura con finas líneas verdes y un punto pero enseguida él cambió de programa. Por un momento me volví a preguntar si el rastreador estaría en mis zapatos o mi bolso.

—Supongo que, a pesar de que tuve cuidado, te he subestimado, Bright. Y no soy el único. Los demás tenían razón al desconfiar de ti. Eres hábil. —Casi sonó como una aprobación, un cumplido.

—Una simple y normal chica ha superado a los agentes altamente entrenados, esto no se vería nada bien en un reporte —dije—. No tienen por qué saberlo, si quieres que te ayude. Pero tengo un precio.

—Ya lo puedo imaginar. No, no tienen por qué saber. Pretendamos que esto no está sucediendo. Te doy la información que quieres y tú me ayudas con esto de descifrar a tu hermano. ¿Ese es el trato?

—Sí.

—Me parece justo —dijo él e hizo un gesto para que me acercara—. Ahora trae esa cosa.

Me acerqué y me senté a su lado. Él tomó la hoja y se estiró sobre la mesa para tomar el mapa prolijamente doblado. Lo desdobló, tomó un bolígrafo y marcó los lugares y todo lo mencionado en la hoja de Ethan. Minuciosamente y en silencio se ocupó de su trabajo mientras yo aprovechaba la ocasión para memorizar mejor el mapa temiendo no volver a tener una oportunidad similar.

—Sigo preguntándome cómo pudiste. Tengo curiosidad —dijo él mientras hacía una marca sobre el museo del Louvre—. La habitación, la jugada, todo. Me esperaba algo así de tu parte, sabía que eras lista y rápida, peros sigo sin encajar las piezas.

—Tengo mis trucos —dije.

—Sacaste una fotografía al mapa con tu aparato mientras no estaba. ¿Verdad? Esos aparatos son realmente útiles para quien sabe utilizarlos. Debiste grabar mi conversación cuando, supuestamente, te olvidaste tu bolso en el auto. Así supiste del rastreador y en qué cuarto buscar, no te debió ser difícil deducirlo —dijo él—. Tu mente, por otra parte, es un completo misterio. Cómo se te ocurrió algo así, cómo supiste aprovechar lo que tenías. Se nota que eres una Bright.

—¿Mi hermano es bueno en esto?

—Tan solo una vez trabajé con él, y fue algo rápido, nada más de unas horas. Pero sí, por lo que pude ver es bueno, muy bueno en lo que hace —dijo Klaus y me devolvió la hoja—. Aquí tienes. ¿Y ahora qué?

—Esto va más allá de los juegos que Ethan tenía conmigo, esos en comparación no son nada —dije—. ¿Qué es exactamente lo que él vino a hacer a París?

—Lamento decirte que los superiores no sueltan pieza al respecto. Es algo demasiado confidencial, aun para mí.

—Sé que se trata de un disco.

—Un archivo, para ser exactos, llamado Pandora —dijo él y me miró sobre sus cosas—. El nombre lo dice todo. ¿No crees? Quien lo abra desatará el caos. No tengo mucha información al respecto. Sé que tu hermano vino aquí haciéndose pasar por otra persona para obtener el archivo. Según su último contacto, él aseguraba tenerlo, dijo que lo entregaría. Nunca apareció al momento de la entrega. También podría haber huido con el archivo, vale millones, pero no creo que eso vaya con Ethan Bright.

—No. Mi hermano jamás haría algo así. Además, si así fuera, no sería tan descuidado para dejar esta nota.

—Acabas de encontrar una pista y una prueba de por qué tu hermano no es un traidor. Perfecto, los de Londres dejarán de molestarme pidiendo una prueba de que Ethan Bright no huyó con el archivo Pandora.

—Entonces me mintieron. Planeaban utilizarme para encontrar a mi hermano en caso de que fuera un traidor.

—Estaba la opción aunque no era muy probable, no considerando los sujetos que se metieron a tu casa según tengo entendido —dijo él—. Aficionados. Ese no fue un trabajo limpio. Hay muchas personas tras el archivo Pandora, muchas organizaciones con fines nada buenos. Pero, como te dije, no tengo la menor idea de qué contiene ese archivo.

—Demasiado secreto, aun para un espía. Perfecto, como si la falta de información no me dificultase lo suficiente las cosas. ¿Entonces qué haremos? –pregunté y él sonrió.

—Bueno, todavía tenemos el día entero por delante. Somos jóvenes, pretendiendo estar de novios, en París y casualmente tú tienes una lista con algunas principales atracciones de la ciudad en tus manos. Yo diría que debemos visitarlas.

—Genial, otra vez recorrer esos lugares como si ya no hubiera estado antes. ¿Por dónde empezamos?

—El arco no está muy lejos.

Lo miré sorprendida. Había un pequeño brillo en sus ojos, como si fuera anhelo, pero no logré comprenderlo. En pocos minutos estuvimos en la calle, caminando por la amplia avenida hasta el famoso arco. Increíblemente, él no quiso continuar sin que parásemos a comprar una crêpe au Nutella. Genial, había creado un adicto al parecer. Pero era algo diferente, aquel simple acto le hacía parecer más normal de lo que alguna vez lo hubiera visto. Podía ser un espía pero en el fondo seguía siendo un joven, como yo, como cualquier otro, y uno que posiblemente tendría la vida más complicada. Sus preocupaciones no recaían en notas académicas, deportes o amigos, él no podía preocuparse por eso, si es que en realidad formaban parte de su vida, ya que sus obligaciones lo mantenían preocupado por asuntos más importantes que incluían seguridad nacional y otras cosas.

Por un momento pensé en Ethan. No sabía nada de él. Mi hermano era un chico normal cuando estaba conmigo pero durante el resto del año era un espía. Él nunca había mencionado anécdotas con amigos, o haber tenido alguna cita o siquiera contaba algo de su vida fuera de nuestra familia. Sí, quizás tenía anécdotas o actividades que no podía compartir conmigo al no saber la verdad, pero donde yo había pasado el último mes ansiosa por las vacaciones, preocupándome por que Maurice encontrara un buen Romeo mientras hacía lo posible por mantener mi papel, y siendo mi mayor incógnita si tomaría el curso de verano de japonés intensivo o no, él había estado en París buscando un archivo que desataría el caos de ser encontrado por la persona equivocada.

Y en cierto modo, la vida de Klaus no debía diferenciarse mucho de la de Ethan. Ni siquiera sabía si aquel era su verdadero nombre. Él podía haber viajado por el mundo pero aquello no significaba que lo conociera o que lo hubiera disfrutado. Había estado en París antes según había entendido y nunca antes había probado una crêpe. Y entonces comprendí aquel brillo en sus ojos, él jamás había estado en el Arc du Triomphe.

—¿Qué se supone que busquemos? –preguntó él.

Parecía completamente desinteresado e indiferente pero sabía que en el fondo no debía estar así. Sus ojos fueron rápidos al observar la gran construcción frente a nosotros de cincuenta metros de alto y cuarenta y cinco de ancho. Las esculturas seguían tan imponentes y hermosas como siempre, como si se tratara de antiguos dioses. Luego de haber estado antes en París y ya haber visto el arco su magnificencia ya no tenía mucho efecto sobre mí.

Una vez que estuvimos debajo Klaus levantó la vista y silbó al observar la altura. Contuve una sonrisa. Él no deseaba parecer impresionado, pero sabía que lo estaba. Tampoco dejaba mostrar su curiosidad o el modo en que observaba todo, pero sus ojos fácilmente se desviaban para fijarse en los nombres grabados en la piedra o las placas en el suelo.

—Y aunque no lo creas, aviones han pasado por aquí abajo —dije.

—¿En serio? –preguntó él y por un momento el entusiasmo estuvo en su voz antes de volver a ocultarlo tras calma y desinterés—. No es nada impresionante.

—No, claro que no, es solo el Arc du Triomphe —dije tranquilamente y me alejé hasta el centro—. Aunque no sé qué espera mi hermano que encuentre aquí.

Tomé mi Ipod y lentamente me ocupé de tomar fotografías de cualquier cosa que pareciera necesario. En los juegos de Ethan todo valía aunque si él había ocultado algo aquí eso era un caso perdido. Observé a Klaus por el rabillo del ojo, él estaba parado frente a la placa del soldado desconocido viendo la flama arder, muy sumido en sus propios pensamientos. Él era también un soldado en cierto modo, pero los espías no tenían algún monumento público en honor o algo así por más que también dieran sus vidas por la patria.

—La llama siempre arde —dije poniéndome a su lado—. Siempre debe arder en la tumba del soldado desconocido.

—Entonces esto es todo lo que queda, el nombre en el olvido tras morir por la patria —dijo él.

—Sí, bueno, quizás. Pero son héroes, almas sin nombre que lo entregaron todo por su pueblo, y el pueblo los recuerda y homenajea por eso. No parece poco, si lo piensas bien.

—Depende de quien lo piense —dijo él y se dio vuelta—. Bien, supongo que no hay nada interesante aquí a menos que tu hermano nos haya mandado a leer el llamado a la resistencia.

—Es un sitio bastante emblemático, podría ser cualquier cosa aquí. No tiene que ser específicamente físico lo que buscamos, podría ser simbólico o algo por el estilo. De hecho, no sé lo que buscamos.

—¿Qué? ¿Se te agotaron tus recursos esta mañana?

Le sostuve la mirada, había cierta burla y desafío en su voz. Perfecto, volvíamos a lo mismo de siempre. ¿Cuál era la necesidad de los espías por resguardarse de los demás y no ser realmente ellos mismos? Miré a mi alrededor preguntándome por qué Ethan habría anotado este sitio junto con otros. No había nada fuera de lugar, al menos no que yo notara y el agudo ojo de Klaus tampoco parecía captar nada.

—¿No tienes nada relacionado con este lugar? Tú eres el que tiene información, yo solo soy el contacto —dije.

—Ya revisé, no hay nada. También envié un mensaje preguntando por si era información que me estaban guardando. Nada. Ahora los hombres de traje en Londres están un poquito alterados por esto, al parecer no saben nada de la nota ni relacionado. Si tu hermano estuvo aquí fue fuera de norma —dijo Klaus.

—Así que Ethan estuvo jugando al chico malo. Necesitaré fotografías de él si es que tienes, de sus últimos días aquí. Y espero estés de ánimo para subir escaleras.

—¿Por qué?

—Porque subiremos hasta arriba de todo —dije y le sonreí con cierta malicia—. Revisaremos cada lugar posible y eso incluye la terraza. Será mejor conseguir las entradas.

Él suspiró y levantó las manos en señal de rendición, sabía que no tenía otra opción y estaba en lo correcto. Y en el fondo, aunque jamás lo admitiría, sabía que él deseaba subir a la terraza. Miró con molestia la fila para comprar las entradas y de mala gana se formó. Me paré a su lado y observé lentamente cómo se impacientaba. ¡Y así el magnífico espía descubrió lo que es hacer la cola como una persona normal y corriente! Quizás nunca había formado para algo, o tenido que esperar. No me era difícil imaginar que debía tener todo servido y además, una simple identificación del Servicio Secreto de seguro bastaba para hacerte pasar frente a todos.

—Esto es lo que hace la gente normal —susurré.

—Sabes que puedo conseguir que nos dejen subir sin tener que hacer esto. ¿No? –dijo él y negué con la cabeza.

—Te comportarás como una persona normal. Estamos aquí porque somos simples turistas —dije—. Nada de conveniencias ni levantar sospechas.

—Esto es simplemente odioso. ¿Por qué tenemos que esperar?

—¿Nunca antes has hecho fila para algo en tu vida? –pregunté y él negó con la cabeza—. ¿Para nada?

—Jamás. No es más que una pérdida de tiempo. ¿Por qué hacer una fila cuando fácilmente podría arreglármelas para pasar enseguida?

—Bienvenido a la experiencia de una vida real, ordinaria y común.

Ok, él no estaba muy contento al respecto pero tarde o temprano tendría que saber lo que se sentía tener que hacer una fila. Él no podía simplemente vivir de las conveniencias y atajos de su vida. Cuando solo quedaba una persona delante de nosotros sacó su cartera y dos identificaciones. Estiré la cabeza lo suficiente para ver que la suya estaba bajo el nombre de Remy y con nacionalidad francesa. Lo miré intentando descifrarlo.

¿Cuál es tu verdadero nombre, Klaus?

Y entonces otro pensamiento fugaz me invadió. ¿Por qué él tenía una identificación mía que definitivamente no era la real? Por empezar, yo no tenía dieciocho años y estaba bastante segura de que no era francesa aun con mi fluido francés y perfecto acento. ¿Y quién había autorizado esto? El Servicio Secreto no me había dicho nada de identificación falsa. Pero me habían dicho que confiara en el otro agente y esto no me dejaba opción.

De no haberlo conocido hubiera creído perfectamente que Klaus era un francés llamado Remy. De hecho, yo no sabía nada de él, podía estar siendo tan bien engañada como el vendedor de entradas. No sabía nada de su identidad, no tenía modo de saberlo. Para mí era y siempre sería un completo desconocido. Su inglés podía ser tan falso como su francés.

Klaus no se mostró muy contento cuando el empleado le dijo que el ascensor estaba fuera de servicio por mantenimiento, tampoco cuando se vio obligado a subir los 286 escalones hasta la cima. Ya conocía perfectamente la angosta escalera en caracol, la primera vez Ethan había insistido en subir a pie y jugarme una carrera, algo no muy bien visto por Paul, mamá o el resto de la gente. Ahora me preguntaba si ese juego no había sido para probar si podía subir y bajar rápidamente escaleras de tanto riesgo.

—Esto no termina más —masculló Klaus.

—No seas tanto un niño mimado y sigue subiendo —dije.

De seguro esto me costaría caro más tarde pero no me importaba. Cuando terminamos el largo tramo y llegamos al último piso él pareció decepcionado al encontrarse en el interior, pero no tardó en quejarse cuando le señalé el cartel que indicaba otro tramo de escaleras hasta la terraza. Las personas se detenían en la tienda de souvenirs o a admirar las esculturas internas junto con la información sobre dicho arco, algunos se sentaban a descansar luego de tantos escalones.

—¿Más escaleras? –preguntó indignado.

—¿Quién es ahora el chico malcriado? –pregunté.

Lo miré con superioridad y le sonreí al pasar a su lado para acercarme al siguiente tramo. Al final, luego de subir más escaleras y sentir la mirada de odio de Klaus clavada en mi espalda, pudimos llegar a la terraza. Él no pudo ocultarlo, realmente estaba impresionado. Miró todo lo que le rodeaba sin palabras mientras yo intentaba comprenderlo mejor.

—Linda vista —dijo él pretendiendo no darle importancia.

—Sabes que te encanta —dije.

Él no respondió, se limitó a observar el perímetro con su aguda vista. Me pregunté qué estaría viendo, cómo estarían entrenados sus astutos ojos para ver. Ethan me había enseñado a ver los auriculares de los agentes encubiertos pero solo lo conseguía cuando él me indicaba que me fijase. Estaba totalmente segura de poder afirmar que Klaus había registrado la terraza y a cada visitante en ella en pocos segundos.

—¿Ya acabaste con lo tuyo? –pregunté.

—Se puede decir —dijo él y extendió su mano—. Ahora dame tu Ipod, tomaré algunas fotos.

Me negué rotundamente, no confiaba en él tanto como para entregarle mi Ipod. Aquel instrumento era el único que tenía y la información dentro era valiosa para mí y, ok, temía por mi lista de reproducción. Pero él me sostuvo la mirada y al cabo de unos segundos terminé por ceder. Le entregué el Ipod con un suspiro de rendición esperando no estar cometiendo un grave error.

Pero él simplemente se limitó a hacer lo que había dicho. Se dedicó a capturar imágenes bajo mi controladora mirada y cuando finalmente creyó que era suficiente me devolvió el aparato sin nada más. Contuve un suspiro de alivio mientras lo guardaba. Sano y salvo, sin ninguna información o contenido revelado.

Klaus se alejó y se apoyó en la barandilla para observar la transitada avenida. Lo miré con tristeza durante unos segundos sin evitar preguntarme cómo sería su vida. Sabía la respuesta, y a la vez no. Complicada, secreta, peligrosa. Había muchos adjetivos posibles para la vida de un espía, no importa qué tan joven fuera, pero era más difícil saber qué hacía la vida de un espía así. Me acerqué y me apoyé a su lado.

—¿Nunca has estado aquí arriba? –pregunté.

—No —dijo él.

—Podría enseñarte la ciudad si quieres, de un modo u otro tendremos que pasar por los lugares en la lista de mi hermano. Si deseamos encontrarlo, o encontrar lo que tomó, entonces lo mejor sería seguir su camino.

—¿Realmente estás dispuesta a hacer todo esto para encontrarlo?

—Sé que él haría lo mismo por mí, que no descansaría hasta encontrarme. Mamá trabajaba, su asistente Paul no era de mucha ayuda conmigo, Josh no es específicamente un buen niñero. Crecí sola, y tuve que aprender a arreglármelas sola. Ethan lo era todo, esperaba con ansia a que él volviera a casa porque entonces ya no estaría sola y tendría a alguien. Él siempre se ocupó de mí, tomó ese rol de adulto responsable que nadie quería. Él estaba para llevarme a cualquier lado, para ayudarme cuando necesitaba, para consolarme cuando estaba triste, para curarme cuando me caía. Él haría cualquier cosa por mí. Cuando se metieron a mi casa y descubrí que no era él quien estaba conmigo sino otra persona. Thomas me durmió y me llevó al cuartel. Porque eso le había pedido Ethan que hiciera si algo así sucedía, porque le dijo que me pusiera a salvo a cualquier costo, él se haría responsable luego. No necesito pensar mucho para saber que eso no estuvo bien, que no era lo correcto.

—No es de acuerdo al protocolo —dijo Klaus—. Es muy posible que ambos tengan problemas por eso.

—Lo sé, también le debo a Thomas. No sería justo que abandonara esto y no hiciera nada, no luego de todo lo que Ethan ha hecho por mí. No me importa lo que tenga que hacer ni el riesgo ni nada de todo esto, tan solo quiero encontrar a mi hermano —dije—. Y sé que él haría lo mismo por mí.

—¿Crees que él sepa lo que estás haciendo?

—No. Creo que él en este momento está en alguna parte, preocupado por la situación pero angustiado por que yo no termine involucrada. Pero sabe que puedo cuidarme sola, que estaré bien.

—¿Entonces por qué preocuparse? –preguntó él y lo miré.

—Porque soy su hermana, porque por más que sepa que puedo arreglármelas sola igual se preocupa por mí. Yo también lo hago. Confío en él totalmente y sé que puede sin importar cuál sea su situación actual o el peligro pero eso no impide que me preocupe por él. Lo amo —dije sin comprender cómo él simplemente no entendía eso, pero Klaus se limitó a mirar la avenida al frente.

—Confías en él, y él en ti —dijo.

—Por supuesto que lo hacemos, somos familia. Uno confía en la familia, a pesar de cómo sea, a pesar de sus defectos e imperfecciones, a pesar de lo loco que esté cada miembro. Para eso está la familia, sabes que estará cuando la necesites. Sí, quizás mi madre trabaje todo el tiempo y no vea a mi hermano la mayor parte del año por no hablar del resto que está lejos, pero sé que están conmigo. Sé que si lo pido mamá puede hacerse tiempo para estar conmigo. Sé que mi hermano estaría a mi lado cuanto antes si sabe que lo necesito. Y yo haría lo mismo por ellos —dije.

—Debe ser lindo saber aquello, tener a alguien siempre a tu lado y en quien confiar —susurró.

—Tienes familia también, escuché a la agente mencionar a tus hermanos y tu padre —dije.

—No soy de esperar con ansias las reuniones familiares si es aquello a lo que te estás refiriendo, prefiero evitarlas.

—¿Qué? ¿Secuelas del negocio familiar? –pregunté—. ¿Acaso esta paranoia continua de desconfianza y todo eso les afecta a todos?

—¿Cómo puedes confiar en alguien que te mintió toda tu vida y que en realidad no conoces? –preguntó él mirándome.

—Porque es mi hermano. Sé sus motivos y que no tenía otra opción —dije haciéndole frente—. ¿Cómo puedes tú desconfiar de alguien que conoces toda tu vida?

—Porque los conozco.

Él dijo las palabras sin vacilar, como si eso fuera todo, como si eso bastara. No tenía sentido. No podía estar hablando en serio. ¿Si no podías confiar en tu propia familia entonces en quién podías confiar? Recordé que él había dicho preferir estar solo y Klaus tampoco era una persona en quien se debería confiar, ni siquiera sabía su verdadero nombre. Quizás su familia no era el problema sino él y eso no me hubiera sorprendido.

Quedé atrapada en sus claros ojos azules mientras me mantenía firme y defendía mi punto. ¿Por qué tenían que haber mandado a un espía sexy? ¿Hubiera sido mucho pedir alguien que no fuera tan increíblemente guapo? Pero estaba equivocado si pensaba que yo me iba a rendir o sentir incómoda por esto. Pero, vamos, la tentación de mirar sus labios estaba allí por más que luchaba por empujarla al rincón más alejado de mi mente.

Al final Klaus terminó por sonreír fugazmente, como si supiese mis pensamientos, lo cual esperaba que no fuera así. Él se inclinó, más cerca de lo que hubiera querido. No había considerado la poca separación entre nosotros hasta que pude sentir el calor de su cuerpo y su aliento en mi rostro. Bajó la vista y por un segundo llegué a considerar que se fijó en mis labios aunque bien podría haber sido otra actuación.

Por favor, Emma. ¿Qué estás haciendo? ¿Qué estás pensando? ¿Realmente quieres que este tipo que ni siquiera conoces te bese? ¡No tienes idea de quién es!

Pero la idea estaba allí, y por primera vez me quedé quieta sin saber qué hacer. Nunca me había pasado algo similar, nunca había perdido el control de la situación o sentido pánico escénico, quedarse en blanco estaba simplemente prohibido para mí y Maurice lo castigaba severamente. Pero allí estaba yo, de pie, sin siquiera recordar cómo respirar. Y cuando Klaus puso una mano bajo mi barbilla para levantarme la cabeza ni siquiera supe cómo fui capaz de permanecer de pie.

—Estás tan equivocada —dijo y me soltó—. Piensa en la conversación que espiaste.

Él me palmeó ligeramente en la mejilla y se alejó. Me quedé paralizada, en medio de la terraza, sin saber qué hacer. Y como una tonta le hice caso a un chico guapo y pensé en la anterior conversación. Él se había negado a jugar conmigo y la mujer lo había amenazado con sus hermanos, con su familia, con su padre sobre qué dirían al respecto por su decisión. Lo supe enseguida. Ellos hubieran dicho que sí, ellos intentarían jugar conmigo de estar en su lugar, ellos me hubieran utilizado.

 

 

 

Capítulo 9

 

Difícilmente logré olvidar lo sucedido arriba del Arc du Triomphe. Pasé todo el tiempo en el hotel sentada sobre mi cama, la hoja de Ethan a un lado y el Ipod al otro, intentando descifrar la situación pero mi mente y mis pensamientos estaban muy lejos. Me era imposible controlarme y no desviar mi mirada a Klaus, quien estaba sentado en el sillón con su ordenador y no me prestaba atención. Tal vez él era el bueno, tal vez a su familia no le importaban los medios para conseguir lo que deseaba. Quizás ellos no hubieran vacilado en utilizarme, no hubieran sido sinceros conmigo sino que habrían intentado ganar mi confianza a cualquier costo, tal vez alguno de sus hermanos me hubiera seducido para conseguir lo que quería y yo como una tonta habría cedido. ¿Después de todo qué era peor? ¿Un difícil compañero de cuarto del cual desconfiaba o un simpático chico que me haría confiar en él solo para utilizarme?

Suspiré y tiré de mi cabello mientras intentaba concentrarme en lo mío y alejarme de aquellos pensamientos. Aunque una parte de mí hubiera deseado que él me besara en la terraza, saber cómo se sentían sus labios contra los míos. Sacudí la cabeza intentando deshacerme de aquella idea pero era como intentar quitar un chicle de mi zapato. No podía permitirme ver a Klaus de otro modo, mi hermano estaba ante todo. Además, no sabía nada del sujeto. Podía llamarse Klaus como también Alexander o Remy en lo que a mí concernía. ¿Y no había leído suficientes libros y visto suficientes películas como para saber que nunca algo terminaba bien por estar relacionado con un espía? Bastaba con recordar el final de papá y la tía Vivien para saber lo que me esperaba.

Pero de todos modos ya estaba condenada a eso por ser la hermana de Ethan. ¿No? Una parte de mí decía que tan solo me estaba repitiendo excusas, la misma parte salvaje y descontrolada que no vacilaba en reclamarle a Maurice y que besaría a Klaus si pudiera. Pero no. Aquella actriz apasionada en mi interior pertenecía al teatro y nada más que a eso. Era común familiarizarse con un personaje que se debía interpretar y empezar a actuar como él, y Julieta no había vacilado mucho con su amor por Romeo a pesar del peligro, pero no podía permitir aquello. Además, el espía en la sala no era específicamente un Romeo.

Luego de dejar en claro aquello fue más fácil continuar… Y no llegar a nada. ¿Cómo relacionas la desaparición de un espía, un archivo llamado Pandora y una lista con algunos puntos característicos de París? Aquello tenía tanto sentido como un mono en tacones altos con un arma, y de hecho lo segundo parecía más lógico y probable.

Al momento de ir a dormir no había llegado exactamente a nada. Sabía que Ethan no me pondría esto nada fácil pero tampoco había esperado que fuera tan complicado. ¡Él me había dejado una simple lista que bien podría ser la lista de lugares por visitar de un turista! Me resultó imposible dormir, no hice más que dar vueltas en la cama sin poder cerrar un ojo mientras mi mente seguía funcionando, intentando encontrar alguna solución por la frustración.

Cerca de la una de la mañana escuché la puerta abrirse y supe sin necesidad de mirar que era Klaus. Perfecto, al menos el insomnio me había servido de algo. Él se deslizó en silencio en la habitación como un profesional y se acercó hasta la silla en la cual descansaba mi bolso.

—Como toques algo te arranco la mano —dije y él se detuvo.

—Tampoco puedes dormir —dijo simplemente como si no lo hubiera descubierto en un intento de robo.

—No, no puedo. Y si tomas algo sin mi permiso te cortaré los dedos, uno por uno.

—Chica ruda. ¿No Bright? –dijo él y puse los ojos en blanco absteniéndome de recordarle que mi nombre era Emma, sabía que era en vano—. Eres fuerte y tienes actitud y eso te hace peligrosa.

—Peligrosa para ti si no te alejas de mi bolso —dije—. ¿De todos modos, qué buscas?

Me senté y enseguida me arrepentí. Hubiera sido útil saber con anticipación que él dormía sin nada en la parte de arriba. Perdí mi fe en el buen físico de los miembros del equipo de natación, o del equipo de atletismo, o más bien de cualquier otro chico que antes hubiera conocido. Sabía que Klaus era delgado y alto, pero solo entonces pude apreciar su grácil figura por completo. Debajo de su piel sus músculos eran tensos y definidos. Su anatomía era algo digno de observar y admirar y tuve que obligarme a controlarme y recurrir a mi actuación.

—Pensé que quizás podría tomar tu Ipod y seguir trabajando —dijo él.

—Ya te he pasado todas las fotografías. Tienes todo lo mismo que yo. Y si quieres algo, será mejor que me lo pidas en vez de entrar en medio de la noche a tomarlo.

—No tomé en cuenta el hecho de que tú también podrías estar despierta.

—¡Pues lo estoy! –dije y él suspiró.

—Ok, mi error. Estaré despierto en la sala trabajando, si quieres puedes venir —dijo y se alejó hasta la puerta, se detuvo antes de partir—. Ponte los auriculares y escucha un poco de música, ayuda al momento de dormir.

No dijo nada más sino que simplemente cerró la puerta tras él. Resoplé y me volví a acostar. Intenté dormirme pero no fueron más que intentos en vano. Al cabo de unos minutos, luego de rodar de un lado a otro y acomodarme en tantas posiciones diferentes como era posible, decidí ceder y tomar su consejo. Me levanté y tomé de mi bolso los auriculares. Cuando volví a la cama saqué mi Ipod de su escondite, enchufé los auriculares y enseguida puse a reproducir una lista de música suave y calma. Cerré los ojos y me dejé llevar por la melodía y la letra, me perdí entre suaves tonadas y palabras de anhelo o dolor.

Debí haberme dormido en algún momento, la próxima vez que abrí los ojos el cielo comenzaba a clarear y una suave luz matutina entraba por la ventana. Apenas fui capaz de levantarme, el mal sueño comenzaba desde primera hora a pasarme factura. Bostecé y me froté los ojos en un intento por quedarme despierta y no volver a echarme a dormir. Me tomó varios minutos convencer a mis pies de que se movieran y salir de la habitación.

Klaus estaba sentado en el sillón trabajando en su ordenador. Por suerte, se había cambiado y decidido por ponerse algo. Increíblemente él parecía tan consciente y despierto como siempre aunque podía notar el leve cansancio en sus ojos. ¿Cuántas veces él habría pasado una noche en vela? ¿Qué tan acostumbrado estaría a todo esto? No se inmutó nada cuando me senté en el sillón o me acurruqué en un rincón aún somnolienta.

—Lindo pijama —dijo él.

—Lindo insomnio —dije—. ¿No dormiste nada?

—He tenido noches peores. Pedí café —dijo él y miré la taza sobre la mesa—. ¿Quieres un poco?

—Estoy bien. ¿Qué estás haciendo?

—Intento averiguar los movimientos de tu hermano en París antes de desaparecer. Lamentablemente el MI6 no se muestra muy predispuesto a ayudarme, información confidencial.

—Ahora sabes cómo se siente. ¿Qué puede ser tan importante como para que la información sea tan secreta?

—Eso es lo que temo —dijo Klaus—. Pero ya conseguiré algo.

—¿Has estado toda la noche en eso?

—Si no podía dormir al menos debía hacer algo. ¿No crees? Aunque lamento que no fue tan productivo como hubiera deseado.

—Estoy aquí, quizás podría ayudarte —dije.

—Tal vez —dijo él y me miró, sonrió apenas.

—¿Qué? –pregunté.

—Es la primera vez que te veo sin maquillaje —dijo él—. Eres linda.

Sabía que debía responder pero justo en aquel momento mi mente había dejado de funcionar y él volvió rápidamente a lo suyo. ¿Qué se suponía que debía hacer ante eso? Definitivamente no lo había visto venir, ni de cerca. ¿Cuántas veces sucedía algo así? Casi podía escuchar la voz de Cam en mi cabeza diciendo que si alguna vez un hombre te decía linda a pesar de verte en pijama, desarreglada, con el cabello despeinado después de una mala noche y sin una gota de maquillaje, entonces debía tomarlo y nunca más dejarlo ir. Pero Cam no diría lo mismo de conocerlo, o aún peor, lo diría. Lamentablemente conocía lo suficiente a Cam como para saber lo que haría de conocer a Klaus.

—¿Qué conseguiste hasta el momento? –pregunté.

—No soltaron mucha palabra respecto a la misión de tu hermano. Estuvo en París, se infiltró en un grupo de criminales para acercarse al archivo Pandora y logró robarlo. Desapareció antes de que pudiera entregarlo —dijo Klaus—. Tengo el mapa que me proveyó el MI6. Los lugares donde se alojó, los lugares donde concluyó algunos encuentros y las rutas por donde anduvo pero eso no me reveló mucho.

—¿Y qué hay del archivo? ¿Sabes lo que es?

—Ni pista alguna. Nada. He intentado conseguir información de cualquier modo pero esta no está a mi alcance. Solo tenemos el nombre.

—Quizás eso sea suficiente. ¿Pandora no instaló el caos en la humanidad? –dije—. Ella dejó en libertad todos los males, enfermedades, peligros…

—El mito de Pandora tiene muchas versiones e interpretaciones, algunas más contrarias de lo que podrías creer —dijo él—. Pero supongo que todo se resume a lo mismo, una mujer que hizo lo que no debía.

—¿Por qué los hombres siempre nos culpan de todo? Pandora liberó los males en la tierra, Eva probó el fruto prohibido. ¿Qué sigue? ¿Pitufina? No es justo que siempre seamos las responsables —dije.

—Intenta no completar la lista, Bright —dijo él y lo pateé sin vacilar—. Maldición. ¿Ya te he dicho que tienes fuerza?

—Tú te lo buscaste.

—Como si las mujeres de tu familia no hubieran causado bastantes problemas para apoyar mi argumento —dijo él.

Lo miré molesta y lo volví a patear sin pensar. Mi error. Algún día aprenderé por qué es en vano atacar a un agente entrenado del Servicio Secreto. Él tomó mi tobillo sin problema y me detuvo antes de que pudiera golpearlo. Su piel era ardiente contra la mía pero no me importó. Me acerqué para poder propinarle un golpe con mi puño y liberarme pero en menos de un parpadeo me inmovilizó. Mi cabeza golpeó contra el brazo del sillón, sus manos me retenían por las muñecas y él estaba sobre mí.

Mi respiración me falló en aquel momento y sentí mi corazón trastabillar, mi cuerpo me estaba jugando una muy mala pasada y no respondía. Miré en silencio sus ojos y sin desearlo mi vista se desvió hasta sus labios. Él examinó mi rostro, su expresión me era totalmente indescifrable como siempre. Y allí estaba yo, totalmente enganchada en su mirada como una muñeca sin vida. Podía sentir mi corazón golpear fuertemente contra mi pecho, y el suyo también aunque de seguro debía ser por la acción y no por los mismos motivos que yo. Juré en mi mente, no podía ser tan débil frente a una cara bonita.

Ok, suficientes tiempos de estupidez. Utilicé el peso de su cuerpo en su contra y me di vuelta tirándolo al suelo. Me encogí en el sillón y lo miré molesta por lo que había hecho. Él parecía incrédulo. ¡Al fin! Al menos ahora sabía que el agente secreto no era un robot y tenía sentimientos, aunque fuera la incredulidad ante el hecho de que una simple chica de dieciséis años lo hubiera tirado fuera de un sillón sin ningún problema.

—Si vuelves a hacer eso la próxima vez no dudaré en golpearte —dije.

—Eres fuerte, Bright, más de lo que pensaba —dijo él.

—Aprende a no subestimarme si sabes lo que te conviene.

Él se levantó y no dijo nada más. Recuperó su lugar en el sillón mientras yo me mantenía alejada e intentaba ahuyentar mi molestia. Al cabo de unos minutos me acerqué y tomé un poco de café. Hice una mueca sin poder evitarlo, demasiado amargo para mi gusto. Me estiré y cogí el mapa que teníamos, él no necesitaba saber que tenía una copia y a pesar de todo seguía sin confiar al cien por cien.

Meticulosamente lo revisé y analicé. Había una marca negra, un encuentro, en el Arc du Triomphe con una fecha de dos días antes de que Ethan desapareciera y también un encuentro con la misma fecha en el Moulin Rouge. No eran los primeros, ni los últimos, pero no creía que fueran una coincidencia. Sin embargo, en cuanto localicé el Louvre, no había ninguna marca.

—¿Sabes con quiénes fueron estas reuniones? –pregunté.

—Nada. No cuentes con información porque no tenemos —respondió Klaus.

—Si el Servicio Secreto no nos quiere dar información entonces tendremos que conseguirla de otro modo, no llegaremos muy lejos si no —dije.

—No es tan fácil, tu hermano tiene muchas personas que desearían vengarse. Ethan Bright no es específicamente conocido por tener pocos enemigos. No puedes ir por allí preguntando a los tipos malos ni levantando sospechas sobre él. Y hay muchas personas que te matarían de tener la oportunidad solo por tu relación con él —dijo Klaus mirándome—. Eres un arma de doble filo, Bright, eres tan peligrosa como el peligro que corres.

—Gracias —dije simplemente—. Entonces no podemos recurrir a eso.

—Si mencionas el nombre de Ethan Bright en una zona de riesgo lo único que conseguirás será a un grupo de criminales muy enojados, los hombres de tu familia tienen bastante fama por ser buenos espías y eso cuesta caro —dijo él—. Además, tu hermano estaba trabajando como infiltrado.

—¿Infiltrado en qué? ¿Para quién? Alguien debe tener la respuesta.

—Y alguien la está ocultando. Ya te dije, el MI6 no muestra mucha predisposición a soltar información o colaborar con esto. Sea lo que sea lo que tu hermano tiene y buscamos, es muy valioso e importante.

—¿Qué puede ser tan importante como para que sea tan secreto, aún dentro del MI6? –pregunté y él suspiró.

—No lo sé. Deben estar muy desesperados por obtenerlo si después de todo recurrieron a ti y no somos los únicos detrás.

Inconscientemente golpeé mis labios con un dedo mientras intentaba encontrarle una solución al asunto. No podíamos simplemente haber llegado a un callejón sin salida, alguna opción tenía que existir pero no la estábamos viendo. ¿Pero cuál era esa opción? Si el Servicio Secreto Británico se negaba a dar información por cuestión de seguridad y confidencialidad y contactar a los tipos malos tampoco era una buena idea. Debía haber otra alternativa, esto simplemente no podía ser más complicado de lo que debía ser en realidad. Por suerte, mi mente decidió volver a su funcionamiento normal.

—¿Qué haces cuando alguien no te responde lo que pides? –pregunté.

—¿Le preguntas a otra persona? –dijo Klaus y asentí.

—Exacto. ¿No puedes contactar al Servicio Secreto Francés o algo así? De seguro que ellos no pasaron por alto el hecho de tener a un agente inglés en el corazón de su país —dije esperando no sonar como una tonta por andar hablando sobre un mundo que desconocía totalmente—. Es decir, algún contacto deben tener. ¿No?

—Podría ser posible pero… —Él vaciló un momento y no necesité mucho más para saber que debía haber complicaciones de por medio que de algún modo lo perturbaban.

—Es nuestra única opción —dije.

Klaus me miró durante unos largos segundos en silencio. Quizás al fin y al cabo aceptó que yo estaba en lo correcto, o fue mi mirada de súplica lo que terminó por convencerlo. Necesitaba encontrar a Ethan, cada día que pasaba sin un rastro de él era peor para mí. Él estaba en algún lado, mi mente simplemente se negaba a creer la posibilidad de que estuviera muerto. Además, si ese fuera el caso, ya tendrían que haber encontrado el cuerpo. ¿Verdad?

—Bien, intentaré contactarme con los franceses y pedir si tienen información aunque no puedo prometer nada —dijo él.

—Gracias —dije.

—Podrías ir a cambiarte mientras tanto, tenemos cosas que hacer —dijo él y me puse de pie.

—Ok, lo entiendo, demasiado confidencial para una chica común y corriente. ¿Crees que me interesa el número del Servicio Secreto Francés?

Él no respondió sino que me miró largamente en silencio. No pude hacer nada más que ceder y me encerré en el dormitorio. Una rápida mirada al espejo me confirmó lo que ya había sabido. Mi aspecto era exactamente el de una joven que se había despertado hacía poco. Mi cabello estaba despeinado, mi pijama arrugado, todavía había marcas de sueño y mi apariencia estaba lejos de ser la acostumbrada. Pocas personas me habían visto alguna vez así, tan desaliñada y normal. Mamá posiblemente me habría regañado por haber permitido que un joven me viera así, aún más uno apuesto y que pareciera importante.

Y sin embargo, Klaus me había dicho que era linda, nada de aquello tenía sentido para mí. Posiblemente ningún hombre a excepción de mi hermano me había visto alguna vez en semejante apariencia, mucho menos uno con quien hubiera salido. Pensé en Steve, él definitivamente no habría dicho lo mismo de haberme visto así. Suspiré, Steve Maroon parecía algo muy lejano en este momento.

Me ocupé de cambiarme y arreglarme para tomar mi habitual apariencia. Luego de haber pasado toda mi infancia viendo a mamá lucir como una de las modelos o estrellas que representaba, y obligándome a lucir igual o mejor cuando comenzó a incluirme en sus eventos sociales y citas de agenda, mi imagen era algo a lo que me había acostumbrado a dedicarle tiempo y eso tenía sus frutos siempre.

Al momento de volver a la sala Klaus ya había guardado sus cosas y estaba esperándome. Me apoyé de lado en el marco de la puerta mientras lo observaba e intentaba en vano descifrarlo. Llegar a conocer al menos algo real de él parecía tan imposible como llegar al fondo del asunto y tener éxito en esta misión. Pero, a pesar de que todavía me negaba a confiar del todo en él, lo cierto era que al menos unas asperezas en nuestra relación se habían limado los últimos días.

—¿Entonces? –pregunté captando su atención y él se fijó en mí.

—Tenemos una cita con un agente francés que puede tener información que sea de utilidad —dijo.

—Te lo dije, solo bastaba con preguntar a otro. ¿Y cuándo es?

—Ahora.

Seguí a Klaus fuera de la habitación y luego a la calle. No perdimos ni un segundo en salir del hotel, él ni siquiera me dejó detenerme para coger algo rápido del restaurante, pero en cambio sí se detuvo en un puesto en la calle para comprar una crêpe au Nutella. Genial, había creado un adicto. ¿Era una especie de crimen o algo así corromper a un espía con esto? Porque en ese caso estaba en serios problemas.

Tal vez debería pensarlo mejor antes de hacerle probar al joven agente algo de vida real y normal. Pero a pesar de que internamente quise protestar porque él no me dejaba detenerme por nada pero él podía hacerlo por algo tan superficial como eso, no lo hice. La molestia se disipó rápidamente con lástima. Recordé que nunca antes había probado una crêpe au Nutella, algo que no tenía sentido para mí y mucho menos si ya había estado en París en una ocasión. Debía ser dura la vida de espía en ese sentido, convencido de no poder confiar en nadie, pasando por las mejores ciudades sin detenerse unos pocos segundos a apreciarlas, no poder disfrutar de actos sencillos pero felices como comer una crêpe.

—¿Quieres, Bright? –preguntó él.

Sí, hubiera disfrutado bastante de poder desayunar algo y aún más una crêpe, pero en vez de eso simplemente negué con la cabeza. No podía quitarle lo único común que debía tener y disfrutaba. Aquello sería como arrebatarle a un niño un dulce. No era tan malvada como para hacer eso y no moriría por no desayunar un día, ya había saltado el desayuno demasiadas veces como para estar acostumbrada.

—¿Qué haces en tu tiempo libre? –pregunté en cambio y él me miró con curiosidad—. Tienes tiempo libre. ¿No? Es decir, no puedes estar siempre ocupado con algo.

—Nunca bajar la guardia o descansar viene con el trabajo —dijo Klaus—. Ya sabes, a menos que desees terminar muerto. Creí que conocías suficientes historias como para saber eso.

—Lo sé, y no me es difícil suponer que estás preparado para esperar un ataque en cualquier momento y siempre estar atento. Pero incluso mi hermano tenía algo de tiempo libre para pasarlo conmigo. Sí, posiblemente él no debía bajar nunca la guardia, pero no impedía que por ese tiempo actuara como un joven más.

—No conoces mi vida, ese tipo de cosas no es algo que pueda permitirme. No, mi definición de tiempo libre está muy lejos de ser como la tuya —dijo él y sentí pena—. ¿Cómo pasas tú tu tiempo libre?

—Me gusta salir con mis amigos. Ya sabes. Cine, paseos, fiestas. Simplemente disfruto de pasar tiempo con ellos. Es bastante complicado hacerme algo de espacio para eso, pero es algo por lo que vale la pena complicarse.

—Entonces no gozas de mucho tiempo libre.

—No. En cierto modo soy como un peso muerto para mamá, no es que me moleste o la culpe de algo por su constante ausencia. Ella trabaja porque desea brindarnos lo mejor. De hecho, Josh fue el comprador de la casa de papá luego que él muriera y mamá me dejó con él para que me cuidara. Así fue como ese artista muerto de hambre pasó a ser prácticamente mi niñero.

—¿Te dejó con un desconocido?

—No era totalmente desconocido, ya se habían tenido que ver un par de veces para arreglar el asunto pero supongo que sí. Desde entonces Josh siempre pasó a ocuparse de mí y mi hermano y su casa es como nuestra casa. Al menos a mí me resulta más hogar que nuestro departamento en la City —dije sin darle real importancia—. Mamá no es una persona que vea mucho, siempre está trabajando y por eso aprovecho cuando me invita a eventos o me deja formar parte de su agenda. Para serte sincera tuve una infancia bastante solitaria con mamá siempre trabajando y Ethan fuera de casa.

Probablemente nunca antes en mi vida le había dicho algo similar a nadie. Pero no era más que la pura verdad. Klaus se mostraba indescifrable como siempre mientras continuábamos caminando por la calle. Sabía que mi historia no debía sonar muy encantadora. ¿Pero cuántos chicos pasaban por lo mismo que yo había pasado?

—Debió haber sido triste tanta soledad —murmuró él y me encogí de hombros.

—Quizás, no lo sé. Estoy acostumbrada a eso, a que Ethan no esté en casa y que mamá esté siempre trabajando. Creo que guardo más contacto con su asistente Paul y Josh que con ellos. Somos una familia extraña pero es mejor que nada. No los culpó ni estoy molesta. Ethan me ama, pasa cada segundo que puede conmigo cuando está en Londres. Y sé que mamá también lo hace, puede parecer que ella se dedica más a su trabajo que a mí pero sé que no es así.

—¿Y entonces qué hacías si estabas sola?

—Desde que tengo memoria luego del instituto siempre tengo clases. Mamá insistió en clases de ballet y yoga para buena postura y cuerpo. También en clases de defensa personal luego del supuesto asesinato por robo de papá. Y ella también me inscribió en muchas clases más solo porque Ethan le dijo que yo lo deseaba, cuando no era así, pero mamá solo escucha la mitad, las demandas de Ethan y no mis protestas sobre que no son ciertas. Así terminé estudiando varios idiomas entre otras cosas además de algunas opcionales del instituto y teatro.

—No había imaginado que tu vida era así. Supongo que me había hecho a la idea de que eras como cualquier otra chica.

—Aprendí a encontrar la compañía en otro lugar ya que mi familia no es una demasiado unida o presente. Estamos solos si así lo queremos. Y, aunque no lo creas, me gusta mi vida tal como es y disfruto de ella. Por más que últimamente haya dado un giro radical y haya terminado metida en esto —dije y lo miré—. ¿Y tú?

—¿Yo qué? –preguntó.

—No lo sé. Cuéntame algo ya que pocas veces consigo respuestas cuando pregunto directamente —dije.

—Tampoco las conseguirás de este modo, ya sabes todo lo que necesitas saber sobre mí.

Entonces no habría ninguna respuesta esta vez. No era algo realmente sorprendente, ya estaba acostumbrada a obtener este tipo de reacciones. Tan solo quería encontrar algo que demostrara que su vida no era tan lamentosa como imaginaba. Solo y sin poder confiar en su propia familia no debía de pasar un buen rato. O quizás sí, tal vez era como yo e intentaba verlo por el lado bueno aunque lo dudaba seriamente.

—El carnaval de Río es divertido —dijo repentinamente con sencillez.

No mostré mi sonrisa al escucharlo sumirse en la descripción de la ciudad y el evento, al menos aquello era una respuesta. Klaus no solía hablar sobre su vida pero al menos me conformaba contándome los lugares que había visitado. Continuamos caminando así hasta detenernos en un puente sobre La Seine.

Me apoyé sobre el barandal y simplemente contemplé el río. Klaus estaba a mi lado, su castaño cabello brillando con el sol. Debíamos dar una imagen bastante estereotipada, dos jóvenes simplemente contemplando el agua. Mi estómago se retorcía en protesta por la falta de desayuno pero lo ignoré. Miré de soslayo a Klaus limpiar con un dedo la mancha de Nutella en su labio y luego lamer su piel.

—¿Entonces es aquí? –pregunté.

—Sí, tan solo debemos esperar —dijo él.

—¿Y se supone que este sujeto nos dará algo útil?

—Posiblemente. Ya es bastante con que haya aceptado encontrarse con nosotros. Es más de lo que los hombres de traje en Londres han hecho.

—Estuve pensando, quizás deberíamos ir al Louvre ya que aparece en la lista.

—Sabes, al principio creí que no serías de mucha ayuda y nada más que un peso muerto pero veo que me equivoqué —dijo él.

—No es como si yo haya pensado algo diferente, no terminé metida en un asunto de lo más normal. Al final no soy tanto una maldición como creías. ¿No es así?

—Sigues siendo una Bright.

—Al parecer ese apellido me seguirá siempre que esté tratando con uno de ustedes, genial.

—Es tu herencia familiar, no me culpes a mí, culpa a las mujeres de tu familia por ganarse esa reputación —dijo él.

—¿Y por qué me incluyen a mí en el paquete si ni siquiera me conocen? Eso no es muy justo que digamos.

—La vida no es justa Bright, deberías saberlo.

—Esto no es la vida, esto es ustedes prejuzgándome y etiquetándome como amenaza solo por un apellido que ni siquiera uso. Mi nombre es Emma Stonem, no Bright.

—Realmente eres buena en aferrarte a tu cubierta —dijo él sonriendo con burla.

—Eres un idiota —dije.

Algún día aprenderé a dejar de hacer esto y cometer el mismo error una y otra vez. Realmente estaba empezando a considerar que debía tener algún problema y debería someterme a un tratamiento para recordarme que era en vano pelear con un espía. Intenté golpearlo pero él detuvo mi puño con facilidad tomándome por la muñeca y entonces me acorraló contra el barandal. En menos de un segundo estuvo sobre mí, su cuerpo presionando contra el mío.

Nuevamente mi mente me traicionó y me quedé sin palabras. ¿Dónde estaba Maurice para gritarme y asegurarse de que no olvidara mis líneas? Le sostuve la mirada sin saber qué hacer, intentando en vano descifrar al joven espía con el que estaba obligada a lidiar. Él estaba demasiado cerca y me miraba con intensidad. Sus labios estaban ligeramente entreabiertos y mordí mi labio inferior con tentación.

Su agarre dejó de ser fuerte y pasó a ser suave, su mano deslizándose por la piel de mi brazo causando que el funcionamiento básico de mi cuerpo fallara. Durante un momento sus ojos abandonaron los míos para fijarse en mi boca. Mi corazón dio un vuelco que no debía, nuestros constantes tira y afloja comenzaban a ser más que simples peleas y estaban cruzando una línea que no debían.

Lo sabía perfectamente, nada bueno podía salir de esto, de involucrarse con un espía. Era en vano negar que lo deseaba, que me moría por probar sus carnosos labios, que me provocaba completamente y hacía subir mi temperatura. También era en vano negar que él no era un buen chico, que ni siquiera sabía si su nombre era el que decía.

Él se acercó más, sus ojos turbios con deseo y su respiración tan difícil como la mía. Sentí su cálido aliento en mis labios mezclándose con el mío. Un beso no me mataría o al menos aquello esperaba. Sabía que Klaus no podía estar fingiendo eso y si aquel era el caso Maurice mataría por tenerlo en la compañía. Mi mano libre se aferró fuertemente al barandal para resistirme de echarme sobre él y simplemente romper esta tensión.

—¿Por qué no eres como las demás chicas, Bright? –susurró él y casi sentí el rozar de sus labios contra los míos.

—Sería aburrido ser como todos esperan —dije en respuesta.

—Sería más sencillo para mí de ese modo.

Acunó mi rostro con una mano y cerró los ojos al acercarse más y rozar sus labios con los míos. No fue un beso, no realmente. Fue un acto tan suave como la brisa del viento. Pero de todos modos me quitó la respiración y me provocó el completo éxtasis. Nunca antes algo había hecho que mis rodillas flaquearan de tal modo y posiblemente hubiera caído al suelo de haber estado libre.

—Este es el tipo de cosas que no me puedo permitir —susurró.

—¿Por qué no?

Apenas fui capaz de hablar mientras me preguntaba cómo era posible que siguiera con vida. Había hecho muchas cosas en mi vida y mis acciones con hombres no habían sido nada controladas en el pasado pero esto era más de lo que podía tratar. Y aún peor, conocía la respuesta. ¿Acaso no era evidente? Era un espía, su simple compañía iba acompañada de peligro.

—¡Emma!

Aquel grito me trajo de nuevo a la realidad e hizo reaccionar a Klaus sobre lo que estaba haciendo. Él se alejó de mí enseguida. Me di vuelta y miré sin terminar de creerlo a la joven pelirroja que se acercaba corriendo. Estuve entre la completa incredulidad y el odio por la interrupción al verla aunque sabía que mi verdadera reacción debería ser lejos de eso.

—No puedo creerlo, realmente eres tú —dijo Celine deteniéndose junto a nosotros e hizo una mueca de incomodidad al notar que había interrumpido algo, o quizás por mi envenenada mirada—. Lo siento. No sabía que estabas en París. ¿Qué estás haciendo aquí?

¿De todos los lugares en los que Celine habituaba vacacionar por qué tenía que ser justamente en París esta vez? ¿De todas las ciudades francesas por qué específicamente tenía que estar en esta? ¡Se suponía que no encontraría a nadie que me conociera estando aquí! Intenté no pensar en las consecuencias que esto podría traer, fuera para el MI6 o aún más importante, mi vida social. En vez de eso me metí de pleno en mi papel y sonreí perfectamente.

—Tan solo por un día Celine —dije.

—Oh, es una lástima —dijo ella—. Estoy invitada a un desfile por la noche, pensé que quizás te gustaría acompañarme. ¡No puedo creer que estés en París! ¿Por qué no me avisaste? ¿Y quién es tu apuesto acompañante?

—Klaus es –Ok, aquí se acababa todo, Celine no olvidaría fácilmente esto y todo el mundo lo sabría. Estaba condenada al chisme y el eterno cuestionario y Cam nunca me perdonaría por no contárselo cuando lo supiera (como si realmente hubiera algo que contar, por cierto)— mi novio.

—¿Qué? ¿Desde cuándo? –exclamó Celine tan alto y agudo que mis oídos dolieron. Genial, esto tendría unas preciosas consecuencias—. ¿Y qué sucedió con Steve? Oh, por Dios, tienes que estar bromeando. ¿Tú lo dejaste?

Al parecer, sí. Dos pájaros de un tiro, había conseguido algo con el chico más deseado del instituto y así de rápido había acabado con eso sin llegar a disfrutarlo o hacerlo oficial. Steve no volvería a salir conmigo cuando supiera que andaba en París con otro y Celine no dudaría en hacer de esto el escándalo que parecía. Yo, Emma Stonem, una chica popular y muy conocida en el instituto, acababa de dar inicio a la historia sobre cómo había dejado al chico más deseado y estaba en una misteriosa aventura con otro joven y aún más apuesto. Reconstruir mi vida después de esto sería un infierno.

—Sabes, Steve Maroon no es la gran cosa —dije con mi mejor actuación y me hundí de hombros como si no importara. No, yo no estaba despreciando al chico más deseado del instituto y quien podría haber sido mi verdadero novio de no haberme metido en esto. No, yo no estaba acabando algo que había deseado.

—Pero creí que ustedes dos tenían algo serio. Ya sabes, se veían muy bien juntos y se decía que ya eran oficiales —continuó Celine. Adelante, recuérdame lo que estoy tirando por la ventana en este mismo momento para aferrarme a mi cubierta.

—Era aburrido. Buscaba algo más intenso, conoces mis gustos —dije simplemente.

—¿Aburrido? ¡Estás hablando del capitán del equipo de natación! ¿Cómo puede ser aburrido teniendo ese cuerpo? Y yo que pensaba que hasta ya te habías acostado con él —dijo Celine.

Bueno, eso era lo que Steve pretendía y yo no aceptaba, algo que lo había catalogado como idiota al instante pero todavía no lo había desechado. ¿Había algo peor que estar destruyendo yo misma lo que pudo ser y tanto había deseado? Y prefería no pensar en lo terrible que era ver mi vida personal expuesta frente a Klaus. ¡Maldita sea, Klaus! Lo miré pero solo me encontré con su indescifrable expresión. Continué con mi actuación, era lo único que podía hacer, el show debía continuar.

—Steve estaba bien pero demasiado controlado para mi gusto. Tampoco podía desapegarse de su entrenamiento, vive para sus actividades y eso es bastante molesto —dije.

—Si tú lo dices, gracias por el dato —dijo Celine y se fijó en Klaus—. Tienes suerte, Em solo sale con chicos extremadamente guapos e irresistibles. Debes tener algo, no lo dudo. Si ella te deja puedes buscarme para consolarte.

Y ahora ella estaba coqueteando con Klaus. Perfecto. ¿Algo más podía suceder? Nunca confíes en otra mujer cuando hay un joven apuesto de por medio, ni siquiera si son amigas. Celine no dejaría pasar la oportunidad y aunque sabía que yo la destrozaría luego eso no la detendría de intentar arruinar lo que Klaus y yo teníamos, que no era nada por cierto.

—Aprecio la invitación pero temo que de momento deberé negarla —dijo Klaus y le dedicó una sonrisa de infarto.

—Cuando ella se aburra de ti estaré disponible —dijo Celine.

¡Zorra! ¿Quién era ella para hacer algo semejante? ¿Y por qué me molestaba que se estuviera comportando así? Nunca antes me había enfurecido algo similar. Tenía una reputación, los chicos sabían qué esperarse de mí y que era difícil de mantener mi interés por lo que tarde o temprano terminaba dejándolos.

—Eres tan graciosa —dije y reí antes de apoyarme contra Klaus. Celine no pasó por alto mi mirada asesina ni mi gesto para reclamarlo como mi propiedad.

—Emma es compañera mía del instituto, nos conocemos desde que tenemos tres años prácticamente —dijo Celine—. ¿Cómo se conocieron ustedes?

—Klaus es amigo de mi hermano. Al fin tener a Ethan tiene sus beneficios en este sentido. Tan solo no menciones que nos has visto hoy —dije y guiñé un ojo—. Ya sabes, se supone que no me fugué con él por un día a París. Necesitábamos un poco de tiempo a solas, supongo que comprendes. Fue idea de él.

—Siempre buscando aventura y algo intenso Em, no cambias nunca —dijo Celine—. No me sorprende entonces encontrarte en semejante situación si te secuestró para traerte a París. Ninguno de los otros había hecho aquello.

—No me gusta ser como los otros. Yo soy ese único, no un simple pasatiempos —dijo Klaus y se acercó a mí de modo que sus labios rozaron mi piel al hablar—. ¿No es así?

No, definitivamente los otros no incluían espía en su curriculum pero eso era otra cosa. Noté perfectamente la amenaza oculta en su voz. Mataría a Celine luego por haberme metido en una situación similar, hubiera preferido que ella no apareciera y comenzara a hablar.

—Entonces te deseo suerte, Em se aburre muy fácilmente y desecha a los que no valen la pena. Pero no te preocupes, tendrás a cientas atrás luego de ella. Es como nuestro medidor, cualquier chico que haya tenido algo con Emma Stonem pasa enseguida a ser extremadamente codiciado. Ella es bastante selectiva —dijo Celine—. No le gustan los chicos aburridos y si quiere a alguien lo seduce enseguida. Yo no soy así.

—Lo siento, a Klaus no le gustan las chicas fáciles y regaladas. Algo así no tiene valor —dije y le dediqué una sonrisa que le quitó el buen humor.

—Debes estar refiriéndote a otra chica —dijo ella sonriendo—. Tan solo estaba siendo honesta diciendo que hay chicas que solo buscan una aventura, como el amigo prohibido de un hermano mayor. Nunca se debería salir con una actriz.

—Y hay chicas que se han tirado a sus primos —dije—. Nunca se debería salir con una zorra.

—Es una suerte que no seamos ninguna de esas chicas —dijo Celine—. Tranquila, Em, nadie sabrá de tu pequeña aventura de verano. Mucho menos Steve, espero que lo hayas dejado antes de esto y no lo estés engañando.

—Como dije, Steve no valía mucho la pena.

—No, supongo que no. ¿Maurice no te matará por haberte fugado un día con un muchacho en vez de estar concentrada en la obra?

—Maurice apoya que nos metamos de pleno en el personaje. Además, hasta que no encuentre a un Romeo decente puedo disfrutar de esto.

—Comprendo. Bueno, los dejaré solos. Tengo una cita y ya estoy llegando tarde. Ha sido un placer conocerte, Klaus —dijo ella y le guiñó un ojo—. Si necesitas algo puedes encontrarme fácilmente, mi padre es parte del parlamento francés.

Celine se alejó de nosotros. ¿Ella realmente había jugado la carta de la hija de papi? Lo contaría todo, lo sabía. Celine no se abstendría de difamar semejante chisme. Así que Cam estaría incontrolable por creer que le había ocultado algo semejante, mi futura relación con Steve definidamente se tachaba de mi lista y ahora todo el instituto hablaría de mi aventura de verano. Pero lo único bueno de conocer a Celine era que sabía que estaba mintiendo.

Miré por el rabillo del ojo solo para comprobar que se había detenido creyendo que no nos estábamos fijando en ella y nos estaba mirando. Celine disfrutaría de divulgar este chisme pero aún más disfrutaría hacerlo si creía que lo que supuestamente tenía con Klaus no iba en serio y le había mentido. Tenía una cubierta que mantener y una reputación también.

Me maldije internamente por lo que haría pero era mi única opción. Me senté sobre el barandal del puente y no dudé en atraer a Klaus. Si él era tan bueno y estaba tan entrenado como creía entonces también había notado que ella continuaba observando. Sonreí al pasar los brazos alrededor de su cuello y encogerme contra él. Me acerqué más siendo consciente de que Celine vigilaba cada uno de mis movimientos.

—Se irá en unos segundos. Y no es por nada pero sería bueno advertir a mi doble de que no se muestre en Londres el día de hoy, no puedo estar en dos lugares a la vez y Celine no dudará en hacer correr el chisme —susurré en su oído.

—Lo sé. La he notado desde que nos estaba observando hace varios minutos mucho antes que decidiera aparecer —dijo él—. Debo felicitarte, eres buena actriz, Bright.

—Bueno, puede que también tenga un buen coactor —dije y crucé conscientemente una pierna con su cuerpo—. Si no me reconocen todo lo que estoy haciendo por el éxito de esta misión los hombres de traje en Londres tendrán que empezar a preocuparse.

—¿Qué? ¿Tan malo es tener que hacerte pasar por mi novia? No me mencionaste nada sobre que estabas saliendo con un tal Steve. Es bueno saber el tipo de chica que eres.

—No puedes realmente creer las palabras de una chica que solo estaba pensando internamente cómo hacer que te acostaras con ella.

—Tan solo digo que no me gusta el teatro pero eres buena actriz, Bright.

Pude escuchar perfectamente la verdad detrás de aquellas palabras y suspiré cuando él se alejó una vez que Celine decidió que había visto suficiente para convencerse de nuestra historia.

 

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